¿Y porqué no dejo el sexo?
Tina Serdán

Conocí a una mujer a la que llamaré Dolores me recibió en su casa con lo que a mí me parecían regaños y gritos, aunque minutos después me percaté de que estaba un poco sorda y por eso hablaba tan fuerte. Yo quería salir a conocer la ciudad pero me invitó a comer y mientras los platillos estaban listos, con agilidad y sin que me diera cuenta me había sacado una breve historia de vida. Le sorprendió que a mis 28 años no sólo no tuviera hijos sino que no estuviera casada y ni siquiera tuviera miras a ello; sin que yo lo comprendiera del todo me dijo que entendía lo que significaba no tener un hombre por tanto tiempo.

 

Tuvimos una plática bastante interesante; mientras comíamos me contó algunos pasajes de su vida, desde sus vivencias en la Guerra Civil Española y la época de postguerra, tiempos en los que se vio sujeta a muchas carencias y se obligó a reprimir muchos de sus deseos. Me contó como sacó adelante a sus hijas y la manera en que se ‘sacrificó’ para que ambas tuvieran acceso a cosas a las que ella no había podido tener. Entre todas las cosas que me contó, una que verdaderamente me sorprendió y me dejó muy descompuesta fue la historia de ¡cómo se había quitado el sexo! Orgullosamente me dijo que ocurrió a los 43 o 44 años y que con fuerza de voluntad y gracias a la ayuda de Dios, había logrado quitarse el sexo, supongo que ante mi cara horrorizada, me aclaró que había dejado de pensar en el sexo pues en las diversas etapas de su vida sólo le había ocasionado “problemas” y me dijo que las veces que tuvo sexo con su esposo ella a penas se estaba emocionando cuando éste ya había terminado, por lo que pensé que era terrible que Dolores no hubiera disfrutado del sexo ya que muy posiblemente nunca tuvo un orgasmo.

Desde hace muchos años en la sociedad se busca la satisfacción de necesidades que se creen básicas para lograr “bienestar” pero se olvida la importancia de aspectos tan fundamentales como respirar, caminar, la expresión de emociones y sentimientos, y la sexualidad misma. Todas estas funciones innatas del ser humano que han sido de alguna manera reprimidas, pues no se consideran importantes o son “ignoradas” por lo que representan para la sociedad, específicamente todo aquello relacionado con el tema sexual.

Volvamos con Dolores, una mujer de avanzada edad con más de 20 cirugías y diversas dolencias, a la que ‘extrañamente’ no le funcionaba el hipotálamo; no supo decirme la condición médica exacta pero sí me explicó que varios de sus órganos fallaban debido a ello y quizás muy acertadamente me dijo que era el precio que pagaba por haberse quitado el sexo tantos años atrás.

No voy a entrar en detalles profundos de la función del hipotálamo, pero lo cierto es que éste ayuda en el funcionamiento de varios órganos, entre ellos ayuda a regular la hipófisis que interviene en el control de impulsos y las emociones, Dolores ha pasado su vida tratando de controlar algo que es natural en el ser humano. No sólo fue privarse del sexo, por lo que me contó siempre se reprimió para satisfacer a otros o para no sentir la carencia de algo... toda una vida negándose a sentir, ahora su cuerpo le cobra la factura pues necesita que una máquina a la que se conecta semana tras semana le ayude a regular lo que por sí misma no puede.

Vaya, al pensar en Dolores creo que la entiendo un poco ya que buscó una manera de adaptarse a su situación, lo que le ha permitido “sobrevivir” y así llevar una vida “normal”…entendí un poco a esa buena mujer pues quiso librarse de una parte de sufrimiento creyendo que no necesitaba el sexo, en vez de esperar a su marido ebrio noche tras noche para tener un encuentro que a ella en nada le satisfacía.

¡Creo en ti Reich! (autor de La Función del Orgasmo) pues si en un momento lo dudé ahora estoy segura que el sexo que nos lleva al orgasmo es una energía que potencia la vida y la expresión de la misma identidad, un disfrute de todo nuestro potencial sin inhibiciones. Además el orgasmo nos ayuda a tener una salud más completa, ya que es una forma natural para aliviar el dolor (por cierto, quien no lo ha comprobado y tiene cólico premenstrual pruébelo), combate la depresión, nos ayuda a tener mejor humor (quien no se ha sentido feliz al día siguiente de…), aumenta la longevidad, es el mejor ejercicio que existe (aún más que la natación), disminuye el estrés, cuida la próstata, embellece la piel, y estos son sólo algunos de sus beneficios.

Con tanto bien quién se puede resistir, te invito a practicar esta sana actividad, y a sumarnos a la estadística que dice que los mexicanos nos encontramos por arriba de la media mundial con 140 encuentros sexuales al año…eso sí siempre protegidos porque no queremos visitas inesperadas de nueve meses o aún más alguna poderosa infección.

Al final deduje lo que Dolores me quiso decir, al pensar que no estoy casada creyó que yo también me había “quitado el sexo” (por eso sus palabras de que comprendía lo que significaba no tener un hombre) y aunque justo en esos momentos de mi vida estaba considerando que la “castidad” era la solución a mis conflictos emocionales, después de conocer un poco a esa señora y ver lo que le ha sucedido a su cuerpo, me queda claro que debo seguir en análisis y no dejar el sexo.

 

Tina Serdán es psicñologa y colaboradora de Vozed - Voz Editorial

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