| Esa rebelión desorganizada |
| Edgar Adrian Mora Bautista |
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(La idea de sociedad civil en el discurso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional durante los primeros seis meses de conflicto). |
[...]
elementos diversos, representantes de la llamada sociedad civil mexicana
pasaron por encima de los dos ejércitos. No parece que tengan intenciones
de detenerse. Recomiendo no ofrecer resistencia, son un chingo, representan
más que nosotros y vienen armados de libros y gritos de esperanza. El presente trabajo intenta hacer una reseña acerca de la forma en que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha manejado el concepto de sociedad civil en su discurso. El análisis incluye los primeros seis meses de conflicto, esto es, del primero de enero al 30 de junio de 1994. La reseña de estas ideas, aproximaciones y referencias se han hecho de manera estrictamente cronológica, es decir, se ha respetado la secuencia temporal atendiendo al desarrollo de los hechos. De tal forma, algunas ideas parecieran redundar en diversas partes del escrito, sin embargo, la intención de incluirlas es la de mostrar que algunas ideas acerca de conceptos claves en este análisis permanecieron inamovibles a lo largo del primer semestre del conflicto. Es de hacer notar que, a pesar de mencionar estos acontecimientos en el cuerpo de texto, resultan de importancia fundamental hacer un recuento de los hechos que se fueron dando a lo largo de estos seis meses, hechos que muchas veces representaron un cambio de escenario para el desarrollo de esta historia. Podemos mencionar, en orden cronológico, los hechos más importantes: de entrada el levantamiento armado y la declaración de guerra al gobierno federal el primer día del año, la marcha gigantesca en la ciudad de México el día doce del mismo mes, posteriormente la designación de Manuel Camacho Solís como comisionado para la paz, el nombramiento del obispo Samuel Ruiz como intermediario, el inicio de las pláticas de Catedral, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, la consulta de los acuerdos salidos de las negociaciones en San Cristóbal, el rechazo a la propuesta gubernamental, la emisión de la Segunda Declaración de la Selva Lacandona, la llegada de la Caravana de caravanas a la selva chiapaneca y, por último, la efervescencia por los preparativos de la Convención Nacional Democrática. De todos estos acontecimientos las consecuencias quedan patentes en las declaraciones y los documentos que el EZ emite con singular alegría. La producción de documentos acerca de este fenómeno es, literalmente, inconmensurable. Se ha revisado de manera minuciosa la mayor parte de estos documentos. La ventaja de las compilaciones y antologías acerca del tema es visible, se ha tomado esta ventaja y convertido en material de consulta, la referencia bibliográfica aparece al final de este trabajo. Por “discurso zapatista” se van a entender
dos cosas fundamentalmente: la emisión de documentos formales (aquellos
que llevan la firma del Comité Clandestino Revolucionario Indígena¾Comandancia
General) y la emisión de cartas, comunicados y opiniones ( a través
de entrevistas o reportajes en los medios) por parte de los integrantes
del EZLN. Se podrá cuestionar el uso de declaraciones y conferencias
de prensa, material sustraído sobre todo de las palabras del Subcomandante
Marcos, sin embargo, muchas veces se reitera que la voz de Marcos es la
voz del EZLN [2]. Las conclusiones y reflexiones de esta revisión
se presentan al final del trabajo. Va pues. Podemos decir que al inicio del conflicto la idea de
sociedad civil dentro del discurso del EZLN era, por decir lo menos, inexistente.
La diferenciación que se establece dentro del discurso apela más
a la protección de la “población civil” dentro
del territorio de conflicto. Las ideas del ejército zapatista se
refieren más a la concepción de una división entre
Gobierno (con todos los elementos a los que el EZ se estaría refiriendo,
específicamente: ejército; policías municipales,
estatales y federales; autoridades de tipo ejecutivo como presidentes
municipales, gobernadores y presidente de la república) y los Demás
(esto es, la gente que no pertenece a ninguno de los grupos mencionados
anteriormente). La postura del ejército zapatista de ser reconocido
como un ejército lo ponía fuera de la dicotomía mencionada,
no pertenece a las instituciones normativas y administrativas emanadas
de las instancias gubernamentales pero, tampoco, se considera parte de
la población al margen por el hecho de representar un movimiento
armado. De tal forma que las primeras impresiones acerca de la relación
entre EZLN y sociedad civil nos llevaría a esta primera diferenciación,
la de Gobierno, EZLN y “población civil”. La Primera
declaración de la selva lacandona pide a organismos no gubernamentales
de carácter internacional vigilar el trato que recibe la población
civil: Es así como el EZLN, desde la trinchera de los
comunicados, le pasa la estafeta a la sociedad civil mexicana (aún
sin una caracterización concreta) acerca de lo que debería
de ser la negociación entre el ejército rebelde y el gobierno
mexicano. En su discurso se deja ver un aparente “hacerse a un lado”
al otorgarle a la sociedad civil una jerarquía moral más
alta y un valor intrínseco de negociación más sólido
y, por tanto, de validez indiscutible. A partir de las movilizaciones que se dieron en diversas partes del país en contra de una solución armada al conflicto chiapaneco y a favor de una negociación en igualdad de condiciones para los participantes del conflicto, el EZLN comenzó a caracterizar a los elementos de la sociedad que le merecían respeto y confianza. Uno de los elementos de la sociedad que encontró reconocimiento por parte del ejército zapatista fue la figura de la “ONG”, las Organizaciones No Gubernamentales fueron escogidas por los actores de conflicto como la fuerza neutral, vigilante. La mirada que sabría levantar su voz de protesta en caso de violaciones o abusos de alguno de los actores involucrados en el problema. El EZLN pidió el día 1 de febrero que estos organismos vigilaran el desarrollo de las pláticas de paz entre éste y Manuel Camacho Solís, en ese momento flamante Comisionado para la Paz. Con el fin de reducir al mínimo los roces indeseados entre las partes en conflicto, es necesario que en torno al lugar del diálogo se forme un “cinturón de seguridad” o “cinturón de paz” que evite, con su presencia, la presión, intimidación o hasta la agresión de una de las partes en conflicto hacia la otra. Nosotros sabemos que las llamadas Organizaciones No Gubernamentales han permanecido neutrales en el presente conflicto y se han preocupado en todo momento de aliviar las graves condiciones de la población civil, así como de impulsar los esfuerzos hacia la paz con dignidad que desean nuestras fuerzas y los mexicanos honestos todos.[8] Además de considerar a la sociedad civil como
la principal causa para que la ofensiva gubernamental de tipo militar
no alcanzara dimensiones trágicas, el EZLN argumenta, ya encaminados
los preparativos para las pláticas de paz en San Cristóbal
de las Casas, que una de las razones por las que el Comité Clandestino
Revolucionario Indígena decide sentarse a dialogar con el gobierno
es para darle una explicación a la sociedad civil del por qué
de su movimiento. Lo anterior es expresado por el subcomandante Marcos
en una entrevista. De la misma forma en que el EZLN toma como interlocutora
a la sociedad civil, declara que en ningún momento tuvieron la
intención de tomar como rehén a la sociedad si en algún
momento se hubiesen decidido a hacerse del poder. El poder político,
a decir de Marcos, nunca fue un objetivo en la lucha zapatista. La flecha
iba dirigida más alto, a la sociedad civil. El hecho de que nosotros hayamos decidido confiar muestra
vida y libertad, tanto en los trayectos de ida y venida como en la estadía
en el lugar del diálogo, a las Organizaciones No Gubernamentales
es porque hemos visto en ellas el futuro al que aspiramos. Un futuro en
el que la sociedad civil, con su fuerza de justicia verdadera, haga innecesarias
no sólo las guerras sino también los ejércitos, y
un futuro en el que los gobiernos, cualquiera que sea su tendencia política,
tengan por encima de ellos la vigilancia constante y severa de una sociedad
civil libre y democrática.[11] A partir de este momento las referencias a la sociedad
civil se convierten en una constante del discurso zapatista. Con las Pláticas
de Catedral en marcha, los milicianos otorgan estatura moral superior
a la sociedad civil otorgándoles la capacidad de interlocución,
propuesta, decisión y vigilancia. Se presentan a sí mismos
más como un despertador de la conciencia social adormilada de la
sociedad que como agentes determinantes del cambio. No son ellos los que
pretenden presentar las soluciones definitivas, se asumen simplemente
como el vehículo por el cual la sociedad civil deberá de
presentar propuestas y soluciones a los problemas que ellos han planteado
hasta entonces. De aquí, el EZLN va a tocar un tema que será reiterativo, sobre todo por la coyuntura contemporánea a los hechos, el de las elecciones. Propone sin ambages que la sociedad civil se convierta en el árbitro vigilante de esa transición democrática, aún sin establecer un mecanismo para que esto se lleve a cabo. La sociedad civil, añadió, “ha demostrado madurez. No dijo: ‘que gane el ejército zapatista o el federal’, dijo: ‘¡hablen, no peleen!’. Y pienso que tiene la autoridad moral suficiente en el país para organizar unas elecciones del tamaño de las que habrá en agosto, pero tendría que haber cambios en la ley electoral”.[14] En ese mismo lugar, Marcos es cuestionado acerca de las garantías que ofrece el gobierno de respetar los acuerdos logrados en la mesa de negociación. El guerrillero asegura que tales garantías no estarán otorgadas por el gobierno sino por la sociedad civil. La sociedad civil, agobiada por las obligaciones que le han sido asignadas, se encuentra aún, al menos en el discurso, borrosa e indefinida concretamente. Es en este momento que se introduce un nuevo elemento en esta jerarquización de funciones y obligaciones que el EZ propone: el grupo de ciudadanos notables. A lo largo de las casi dos horas de interrogantes, Marcos también habló sobre la eventualidad de que no se cumplan los acuerdos a que se llegue luego del diálogo. “Seguirá la guerra si no cumplen”, y apeló a la sociedad civil para que sea vigilante de los acuerdos de ambas partes. Al respecto, dijo que se ha propuesto al representante gubernamental “que haya una comisión formadas por personalidades de la sociedad civil, que no sea el gobierno ni los partidos políticos ni el ejército zapatista, para que verifique estos acuerdos”.[15] El tema de las elecciones en el contexto de las pláticas de paz se vuelve un tema acorde para convocar el poder y obligación de la sociedad civil. De maneras muy diversas en la forma, pero con el mismo contenido (“la autoridad de la sociedad civil es la única autoridad moral que el EZ está dispuesto a aceptar para no cuestionar los resultados de las elecciones”), se presenta nuevamente la idea de una sociedad civil como elemento inamovible y necesario para conseguir un tránsito a la democracia aceptable. [...] si la sociedad civil tiene la madurez para de obligarnos al gobierno federal y al ejército zapatista a sentarnos a discutir la paz, la sociedad civil y sólo ella, ni siquiera nosotros, tiene la capacidad de garantizar que haya una democracia verdadera, libre, que es lo que estamos pidiendo. [...] Que haya una reforma electoral profunda que le entregue a la sociedad civil el poder de calificar, el poder legal, no el poder moral, de calificar las elecciones, de decir si son legítimas o no, quién ganó o quién perdió. [...] La única salida es que el gobierno federal diga: bueno, entonces que sea la sociedad la que sancione; yo me espero hasta que termine, pero yo no voy a sancionar el proceso electoral, que lo sancione la sociedad civil o representantes de ella; que sea el pueblo el que diga quién ganó. [16] En las voces que se dejan escuchar después de estas opiniones siguen aflorando las referencias a la sociedad civil como la fuerza que obligó a los zapatistas a sentarse a la mesa del diálogo. La idea de sociedad civil comienza a adquirir dimensiones épicas y, en cierto momento, hasta paternales. Los zapatistas parecen de pronto niños malcriados que reciben en silencio el regaño de la madre despreocupada y atareada en otros menesteres. Le reconocen autoridad moral pero al mismo tiempo comienzan a cuestionar el papel pasivo que hasta antes del levantamiento de enero había tenido la sociedad para con ellos. ¾¿Y qué los convenció de
por lo menos pensar en la posibilidad del diálogo? Es entonces que comienzan a aflorar elementos que antes
no habían aparecido. De entrada, describe el papel de los intelectuales
al observar que estos “fueron rebasados por la sociedad civil, igual
que los partidos políticos”, y de estos últimos aseguraron
que “nosotros creemos que los partidos políticos tienen mucho
que correr para alcanzar a la sociedad civil”.[18] Este poner a
la misma altura a los intelectuales y a los partidos políticos
no se hace para acusar una falta de capacidad, sino una carencia de velocidad
de reacción. Al respecto: El recuento de los acontecimientos arrojaba diversas causas acerca del por qué sentarse a dialogar. Mientras el EZ argumenta desde siempre que lo hace por la reacción que la sociedad civil demuestra y como una forma de reconocer su autoridad, asegura que los motivos del gobierno federal fueron otros, específicamente, las presiones de la prensa.
La prensa, el costo político de lo que estaba pasando, las imágenes, los reportajes de todo lo que se veía, que derrumbaban cada vez más un mito. El mito ése genial de su ingreso al primer mundo. Eso era una barrabasada. Ese mito se acaba de derrumbar y con él se fue todo. Los militares le decían: “En unos días los acabamos”, y tal vez sí nos hubieran acabado en unos días, pero ¿a qué costo? Ni siquiera la sociedad civil lo hace sentarse a la mesa, pero lo del cese al fuego en el plano militar fue por la prensa nacional; la internacional, tengo entendido, le estaban pegando muy duro y dijo: “No, pues vamos a ver qué quieren, a ver si los compramos, los cooptamos”.[20] Las contradicciones comienzan a surgir, mientras la descalificación de los intelectuales implica negarles la dirección de las acciones de la sociedad civil, argumentan que están decididos a entregarle a ésta la dirección del movimiento aún cuando la desconfianza es creciente, Marcos se dice desconfiado y escéptico por la respuesta de la sociedad civil a su movimiento pese a que apuesta “a la sociedad civil y a los medios de comunicación para entregarles la bandera y que, si pueden la lleven adelante, [porque] no esperen de nosotros que vamos a conducir un proceso que no podemos”.[21] Al mismo tiempo se presenta la necesidad de establecer un “gobierno de transición” en el cual la sociedad civil debería de tener un protagonismo evidente, la forma en que el EZLN pretende que esto se lleve a cabo [...] tendría que ser la entrega más directa del poder a la sociedad civil, que hubiera un gobierno colectivo nombrado por el Congreso de la Unión de entre las personas sin partidos con prestigio, que tengan la autoridad moral para conducir al país sólo lo necesario para que haya elecciones democráticas.[22] Al llegar el final de las Pláticas de Catedral, la atención de los zapatistas y la petición es que la sociedad civil se convierta en el vigilante de que los acuerdos obtenidos en la negociación de la paz. Toda la atención se centra en la capacidad que pueda desplegar la sociedad civil para resistir el tedio del tiempo, la espera y la incertidumbre. Se comienza a conjurar, en palabras de los guerrilleros, el fantasma de la guerra. La expectativa que tenemos es que la guerra quede conjurada
por la presión que haga la sociedad civil de todo el país
para que se cumplan los acuerdos. No creo que ello dependa de los resultados
de las políticas de San Cristóbal. El problema surgirá
si la sociedad civil se agota, se cansa, se desinfla ¾en ese caso
todo quedaría suelto y entonces sí se nos irían encima
por la vía militar. Lo que trato de explicar es que el problema
ya no somos nosotros, sino el país; que nuestro ciclo ya terminó,
por más que sigan los flashes y las fotos.[23] La acción de la sociedad civil para detener la guerra y provocar el diálogo no había sido espontánea, por supuesto. Algo había pasado, a su vez, para que se diera cuenta no sólo de que iba a pasar algo más grave pues, una guerra civil o lo que sea, sino que era posible empujar para la paz, o para hablar pues finalmente, todavía para la paz es prematuro hablar. Y eso definitivamente es responsabilidad de los medios.[24] El EZLN otorga una importancia del mismo peso, a juzgar por las declaraciones, tanto a la sociedad civil como al papel que los medios desarrollan durante el conflicto. En un momento determinado otorgan funciones específicas a los medios, estos tienen que ser los elementos que muestren a la sociedad civil lo que ocurre con el movimiento zapatista y la viabilidad que tiene el proyecto político que plantea. De la misma forma debe de convertirse en la voz de la conciencia de la sociedad, hacerle saber que las decisiones importantes con respecto al futuro del conflicto van a ser tomadas por la sociedad civil, no por el EZ ni por el gobierno. Los canales naturales por los que esas decisiones tienen que circular son, indudablemente, los medios de comunicación. Y ése es el trabajo, pienso yo, que es el trabajo
de los medios. Si hay consenso nacional, porque te digo que no creo que
haya alguien que se atreva a decir que no son necesarios los cambios,
finalmente ahorita en marzo del 94 lo que está en juego es el camino:
si es el camino que escogieron los zapatistas, o hay otro camino para
lograr esos cambios. Alguien tiene que decirlo, alguien tiene que enseñarle,
mostrarle (no enseñarle de enseñar, sino mostrarle, hacerle
evidente) a la sociedad civil que, en todo caso, si existe ese otro camino
ella lo tiene que mostrar. Porque a nuestra manera de ver, te dicen “No,
pues que el ejército zapatista va muy rápido, muy avanzado”.
Nosotros consideramos que hay dos fuerzas que se ponen a la par, primero,
y luego nos superan: los medios y la sociedad civil, no los partidos políticos.[25] ¿Cómo evalúas la participación de la sociedad civil organizada en las ONG’s? Bueno, primero la sorpresa, ¿no?, por supuesto, de este desarrollo o esta participación de lo que se llama la sociedad civil y su forma organizativa más inmediata, que es la ONG. Pero más bien el problema que yo veo es que se quede ahí. Lo que provoca el crecimiento de las ONG’s o este papel principal, incluso yo diría protagónico en el proceso de paz todavía por encima del Estado y del EZLN, tiene que ver también con el desprestigio o el recelo que hay respecto a los partidos políticos, ¿no? La gente dice “Bueno, yo quiero hacer algo”. ¿Por qué dice “yo quiero hacer algo”? Tiene que ver con los medios, que le presentan un problema. Ahí tiene el problema y entonces la gente dice “Bueno, ¿yo qué hago?”. Pero a un partido político le desconfían, pueden ver otras cosas oscuras. En cambio, una organización de mujeres en un barrio, de estudiantes, de gente que lucha por los derechos humanos, algo muy aséptico, le da la confianza a la gente de que no está siendo utilizada para algo que no se ve claramente. [...] Entonces yo siento que el común de la gente de la clase media le tiene más confianza a una ONG. [...] Yo diría pues, ahorita, si hay una organización nacional que cuente con elementos y capacidad organizativa a nivel nacional, son las ONG, aunque estén partidas en varios pedazos.[26] A partir de esta entrevista, existe un silencio significativo acerca de las ideas que el EZLN vierte alrededor de la idea de sociedad civil. De la misma forma se comenzaron a dar acontecimientos que significarían un giro inesperado a las negociaciones y un enrarecimiento dentro del equipo gubernamental encargado de éstas. El asesinato del candidato priísta a la presidencia de la república, Luis Donaldo Colosio Murrieta, supuso un evento inesperado que, sin lugar a dudas, debió influir en el ánimo de los zapatistas. Desde este momento se da una sequía de declaraciones o documentos acerca del tema que nos interesa, abril y mayo representan dos meses en los que el tema de la sociedad civil queda soslayado en beneficio de otros eventos como la realización de la marcha del 10 de abril para conmemorar los 100 días del levantamiento o el 1 de mayo con la celebración del día del trabajo. De ahí, hasta el 1 de junio que se dan los resultados de la consulta acerca de las negociaciones, es cuando la sociedad civil vuelve a aparecer en el discurso zapatista. Es en este día que aparece otro listado (obviamente más extenso que los citados al principio de este recuento) en el cual se aprecian los elementos de la sociedad que el EZLN considera en su mayoría, supongo, integrantes de la sociedad civil, es decir, aquellas personas que enviaron sus opiniones acerca de la consulta convocada por el EZLN. c) Las comunicaciones proceden de diversos sectores
sociales: amas de casa, partidos políticos, Organizaciones NO Gubernamentales,
organizaciones campesinas, grupos indígenas, sindicatos, obreros,
empleados, estudiantes, empresas, secretarías de estado, maestros,
colonos, artistas e intelectuales, organizaciones de mexicanos residentes
en el extranjero, niños, agrupaciones culturales y ciudadanos comunes
(sic).[27] |
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Edgar Adrian Mora Bautista (fabricadepolvo@yahoo.com) |
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