Autor: Ruy Feben
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«Mientras, fantaseo con lo que ocurre después, con lo que es más real: cocino con mi mujer, leo, veo algo en la televisión (por cable), escribo, escribo, escribo, y para tener más de esto duermo lo mínimo necesario. El insomnio sigue siendo emocionante y aventuroso, pero esta vez no es furtivo, sino obligatorio: de no ser por el desvelo que me aprendí hace mucho, hoy no tendría una vida en absoluto.»
« Si la ocupación fuera un dato meramente estadístico, antes que Escritor yo tendría que responder: Novio, Fumador, Conductor, Operador de un Call Center al que llaman Agencias de Relaciones Públicas y Colaboradores Reclamando su Pago, Lector, Jugador de Jueguitos del Celular, Catador de Hamburguesas y Tacos, Microjardinero, Bartender, y muchas, muchas más. Por tiempo dedicado, quizá Escritor sería el décimo sexto o décimo séptimo lugar en la fila de mis ocupaciones. No es sólo que no tenga tiempo, sino que escribir me requiere tal cantidad de energía, que de buena gana no lo haría.» El autor nos cuenta sus monumentales writer’s block
«Nací al final de la Guerra Fría, he visto desfilar decenas de crisis económicas, nuestro sistema social está devastado por siglos de injusticias, he presenciado casi en primera fila magnicidios y holocaustos, tenemos toda la tecnología a la mano (y de manera tan natural, tan incontrolable, tan animal), nos han repetido hasta la náusea que el mundo terminará en cualquier momento. Y lo que hemos vivido (o visto en la tele, que es lo mismo) nos ha enseñado que eso sucederá de un momento a otro: con una bomba atómica o con un brote imparable de antrax o con una masiva guerra civil o con un arma inteligente, inimaginable y cruel: hemos aprendido que el final de todo será devastador, automático»… ¿Puede haber algo peor que el fin del mundo?
No existe amor a la lectura que no le deba nada a la envidia. Al menos hablo por mí: no hay que ser ningún genio para comprender que lo que leemos antes ha sido escrito por alguien. Cada vez que me recuerdo de seis años leyendo por vez primera las aventuras de Huckleberry Finn, mi experiencia de lectura rejuvenece y vuelvo a notar eso que nos hace entender que la lectura es una suerte de magia: lo que leemos ya fue escrito, y aún así es tan actual como el …
«Dentro de un mes cumplo 30 años, justo un día después de las elecciones presidenciales en mi país. Cuando escribo esto recuerdo cómo han sido las veces anteriores: una vez cada seis años me toca festejar por lo bajo, recorrer mi onomástico por cuenta de la ley seca, resignarme a que nadie me recordará ese día, salvo por mi madre que, supongo, es capaz de recordar más el dolor del parto que el cumpleaños de su (ya no tan) pequeñín. » Una crónica especial de las distintas elecciones, reacciones políticas y cumpleaños del escritor.
Mi suegra cuenta la siguiente historia con el mismo rostro con el que uno contaría sobre un cachorro recién nacido o sobre una paloma muerta en el asfalto: una tarde de sobremesa, la conversación de algunas mujeres bien entradas en los cuarenta derivó en el siempre inflamado tema de la lectura. Se preguntaron qué libros estaban leyendo; títulos de novelas históricas, de clásicos latinoamericanos, de desfachatada autoayuda. La mayoría de ellas hablaba de esto con la naturalidad con la que hablarían de un divorcio lejano pero reciente o de la …
¿Esto de escribir novelas en un blog o cuentos de 140 caracteres es literatura de verdad? ¿Es válido citar como fuente o (peor) hallar inspiración en las redes sociales? ¿Qué van a hacer ahora las editoriales si los escritores están encargándose de buena parte de la creación, tallereo y difusión de su obra a través del indómito territorio de la triple-doble-u? ¿Qué vamos a hacer ahora que la literatura está rebelándose contra la frontera del papel?


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