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	<title>Revista VozEd - Voz Editorial 2.0 &#187; Destacados</title>
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	<description>Revista cultural Vozed - Voz Editorial 2.0. Un laboratorio de ideas, una voz crítica, crear conciencia, lograr cambios sociales</description>
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		<title>Haberlo dejado</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:12:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ruy Feben</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Sobre la aventura de dejar el tabaco, bicicletas-armatostes y cigarrillos steam-punk]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCigarro.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6176" title="vCigarro" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCigarro-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>El primer síntoma de vejez es el abandono de un vicio, o al menos la intención (generalmente más enjundiosa que firme) de abandonar un vicio. Así pude comprobarlo hace exactamente un mes: en el momento exacto en que apagué el que según yo sería mi último cigarrillo para siempre, me brotó del antebrazo el primer pelo claramente blanco que le he visto a mi cuerpo. Justo ahora no sé qué fue primero: si la falta aire y el chirrido terco de las noches, o la conciencia de que me acerco vertiginosamente a los treinta y el cuerpo en algún momento ha de ceder. Lo que sí sé es que antes de desterrar los ceniceros y regalar todos los mecheros, tuve un mes para hacerme a la idea. Por primera vez en quince años, no sería yo quien tuviera con toda seguridad el fuego a la mano; no sería, tampoco, el que exigiera sección de fumar en el bar nuestro de cada noche. Pasaría a pertenecer a un grupo más o menos selecto de redimidos, sería uno de esos adultos contemporáneos que por trofeo tienen “haberlo dejado”; me colgaría la medalla de haber cruzado los 27 sin sobredosis ni escándalo: una suerte de resignación – o purgatorio – para la generación que creció deslumbrada por Kurt Cobain. Con toda seguridad (me dije) en mi fiesta de treinta años estaremos todos muy tranquilos escuchando el <em>Joshua Tree</em> de U2. Y eso se llama madurez.</p>
<p>No pasé ni 24 horas sin tabaco antes de darme cuenta de que mi decisión fue de algún modo idiota. Durante la mitad de mi vida he sido un tipo rodeado de humo, y eso se debe a otras decisiones no menos idiotas: el alcohol sabe mejor, quién sabe por qué, si se combina con humo en los pulmones; los descansos se justifican; el teclado suena mejor si debe acompasarse con un garnuchazo a la colilla; los verdaderos escritores fuman. Según yo (y como todos los adolescentes de la historia, lo creí así incluso antes de probar tabaco) fumar tiene algo de misterio, algo de autodestrucción y otro tanto de cinismo, sobre todo en un mundo obsesionado con la condición física y los espacios asépticos. Soy un tipo más bien bajito, más bien flaco, calvo, narigón y con tendencia a quejarme: con un cigarro en la boca, soy un poeta maldito; sin él, parezco la botarga del personaje más repulsivo de <em>Lord of the Rings</em>. Eso lo supe casi en el instante mismo de decidirme a dejar de fumar, pero la cosa se volvió más triste cuando, a falta de nicotina de verdad, y a modo de paliativo oral, compré uno de esos cigarrillos electrónicos muy modernos que sacan vapor y parecen bolígrafo, que me da un aire decimonónico más bien poco agraciado. Ahora me dejarían fumar incluso dentro de un jardín de niños, echarles vapor en la cara a todos los pequeñines, pero eso, me digo, no tendría ya ningún sentido.</p>
<p>A pesar de todo esto (y de la ansiedad insoportable de los primeros días, y de los ratos de espera y de café que de pronto se quedaron vacíos), resolví que dejar de fumar no era opcional: mejor quitarme el vicio y no un pulmón. Pensé que un buen método para convencerme de dejarlo era el acorralamiento social: avisé con estridencia a mi novia, a las más cotorras de mis tías, a mi madre y sus amigas, a los más fundamentalistas de mis amigos, a mi jefe y hasta a la señora de la miscelánea que cada mañana me daba los buenos días con un paquete de Marlboro rojos esperándome en el mostrador. Si mi voluntad cede, me dije, el mundo no me abandonará. No sólo recibí felicitaciones presenciales (¡Vaya, muchacho – dijo el tío Paco – ya era hora de que dejaras esos vicios infantiles! y similares, seguidas siempre de un abrazo o de una fuerte palmada en la espalda, a modo de chequeo para enfisema), sino que hubo llamadas y correos electrónicos expresando el más sincero apoyo en esta tarea que, a juzgar por lo que fumaste en la última navidad, no parece sencilla. Varios de los que me felicitaron lo hicieron con conocimiento de causa: muchos eran ex fumadores aguerridos, de esos que en el minuto en el que sueltan el cigarro se lanzan a una cruzada sanguinolenta y más bien unitaria contra las tabacaleras. De ellos me pareció casi sensato, a pesar de que fue por muchos de ellos (tíos que aún jóvenes me dieron a probar en mi primera niñez un poco de vino en mi mamila recién hervida) que el olor del tabaco a la fecha me remonta a la única etapa feliz que hubo jamás en mi familia. Pero está bien: otro signo de franca madurez es mudar el sano vicio de la destrucción metódica pero entretenida del cuerpo por el sano vicio de la destrucción metódica y más bien pazguata de las voluntades. Otros fueron más cínicos o más hipócritas: escucharon mi firme objetivo de abandonar las expediciones al patio de la oficina para los descansitos de humos subidos y, lanzando una bocanada de un cigarrillo recién encendido, dijeron con una mueca entre incrédula y nostálgica: qué bien, güey. Cuéntame cómo te va, a ver si ahora sí me animo.</p>
<p>Una vez cercado por mi entorno social, una vez que el acceso a todos los cigarros se volvió imposible, busqué terapia ocupacional. Un día a las 7 en punto de la mañana desenterré del clóset unos pantalones deportivos, una camiseta vieja, y me planté, sobándome la mandíbula y con mi sofisticada pipa de agua sacando bocanadas, frente a la bicicleta de spinning que mi novia usa con desmedida pasión y que para mí, hasta ese instante, había representado sólo un perchero carísimo. Observé el armatoste: una bicicleta inmóvil de una sola rueda metálica que se ve pesadísima; el manubrio está hecho para un improbable dios de cuatro brazos. Tiene un monitor pequeñísimo que reporta el ritmo cardiaco, la velocidad y las calorías quemadas, y un armazón que sostiene justo debajo del sitio más sagrado una botellita de agua. Estaba pensando lo ridículo que ese aparato le hubiese parecido a un cazador babilonio, cuando me di cuenta de que mi novia me observaba. ¿Apoco la vas a usar?, preguntó. Pues yo creo que sí… ahora que no fumo, algo tengo que hacer con mis pulmones. Llevas años sin mover un músculo, te vas a romper. Bueno, de algo me he de morir. Supongo que algo de gracia tuvo usar la frase con la que tantas veces defendí mi vicio: “de algo me he de morir”. Hubo muchos episodios previos a este (que terminará negando su propio éxito) en el que muchos trataron de convencerme de dejarlo con una legión de estrategias que jamás pudieron derribar mis murallas. Primero, en avanzada, los datos: no sé cuántos millones de muertes al año por enfisema y/o cáncer en lugares cuyo solo nombre me da dentera; y yo: “de algo me he de morir”. Luego, en franco abordaje, las consecuencias reales: no el lejanísimo pulmón duro, sino el olor horrendo de la ropa, la imposibilidad de entrar a muchos lugares, el gasto; y yo: “solo y pobre, pero de algo me he de morir”. Finalmente, en retaguardia, el reto a la hombría: ¿apoco esa madre puede más que tú?; es que no te atreves, eres un cobarde; y yo: “los valientes también mueren”. Un fumador aprende a lo largo de muchísimos cigarrillos saliendo de un paquete que tiene un ratoncito muerto en la tapa que fumar mata; el que enjuicia desesperadamente al que decide suicidarse muy lentamente (si yo fuera poeta, es decir, si aún fumara, diría: ¿Qué no es la vida un lentísimo suicidio?), el que aprovecha cualquier mechero para levantar la hoguera, nunca entiende que también tiene un vicio grave.</p>
<p>Por supuesto que no pensé nada de esto mientras me trepaba al armatoste de una rueda, ante los ojos incrédulos de mi novia, aún con la pipa en la boca y sin saber qué hacer. Bueno, ¿y cómo se usa? Un pie primero y luego el otro. Ah, dije, del modo tradicional. Pedaleé hasta que la pantallita que todo lo monitorea me dijo que, de haber estado en una bicicleta de verdad, yo iría ya a unos respetables 12 kilómetros por hora, habría quemado seis o siete calorías, y tendría el ritmo cardiaco en 95. Pedaleé así durante tres o cuatro minutos hasta que la experiencia comenzó a ser agradable; a esas alturas, mi novia ya me miraba recargada en el dintel de la puerta y yo me asomaba por la ventana imaginándome quién sabe qué cosas, relajando a veces una mano para quitarme el cigarro electrónico de la boca. No sé cómo me perdí tanto tiempo de usar este armatoste, le dije, mira que esto de pasear sin salir no es tan mala idea. Entonces se acercó con aura de algún modo militar, me quitó la pipa de agua de la boca, y sentenció: ya estuvo bien para calentar; ahora hay que empezar la rutina. Lo que sucedió después no puedo describirlo porque siento que no estuve presente: jadeos que salían de quién sabe qué parte del músculo; dolores como el chirrido de un autobús a punto de chocar; posiciones imposibles esperando la venia del maldito monitorcito que todo lo registra al paso pero al tiempo lo detiene. Pasó así la media hora más infernal de mi vida, que terminó en una alberca salada bajándome por el pecho y un jadeo que, estaba seguro, se prolongaría durante muchos días. Y entonces recuérdame, ¿qué es lo que tanto te gusta de esta tortura? Ay, Ruy, es buenísimo ejercicio; dentro de un par de semanas, cuando te vayamos poniendo rutinas más fuertes, hasta te va a gustar. Solté un suspiro entrecortado que pareció jadeo: me estás diciendo que el chiste de este armatoste es torturarse durante muchos años para vivir muy contento durante algunos más, ¿cierto? Supongo que sí. Pues fíjate, le dije a mi novia, después de toser por culpa de una bocanada a mi pipa de agua, que fumar es lo mismo pero al revés: una tortura los últimos años, pero el resto de la vida contento.</p>
<p>Pocos días bastaron para saber que el armatoste de spinning sería, cuando más, una medalla para deslumbrar a los que, dos semanas después, seguían sintiéndose responsables de vigilar mi abstinencia. ¿Sigues sin fumar, Ruy? Claro: ahora con las rutinas de spinning ni se me antoja. Lo cierto es que cada día se me antojaba más. Mi sentido del olfato mejoró, lo cual me permitió detectar un cigarro prendido, su dulce, dulce aroma, a muchos metros de distancia. De pronto todas las películas de todos los canales de la tele incluían a uno o demasiados fumadores, sus bocanadas boscosas. La ansiedad, que antes se calmaba con media hora de oscuridad trepidatoria en la cama y un cigarro a modo de aplausos, se volvió un excelente pretexto para comer. Algún parentesco han de sostener la nicotina y el azúcar: cuando uno deja de fumar, no se antoja una ensalada de espinaca ni un pollo sin grasa: la ausencia de la nicotina exige brownies, chocolates, pastel, frituras, tacos. Lo único bueno de eso es que la gente lo da por sentado: durante las primeras dos semanas de abstinencia, cada bocado de grasosa hamburguesa, cada sorbo de leche malteada, se me dio por bueno. Y ahora, flaco, ¿por qué tan hambriento? Es que estoy dejando de fumar (nom-nom-nom). Sí, bueno, está bien, pero cuidado: dicen que uno engorda cuando deja de fumar. Pero también estoy haciendo spinning; no sabes qué hambre le deja a uno pedalear media hora y sufrir otras dos horas por haber pedaleado. Ah, buenísimo; ahora que lo dices, Ruy, sí: te ves mucho más sano; ¿qué es ese aparatito? ¿Un cigarro electrónico? ¡Muy bien!</p>
<p>De buenas intenciones, decía mi abuela (que fumó toda su vida hasta morir a los 90 años, no de enfisema ni de cáncer, sino de un Alzheimer galopante que llegó al extremo de borrarle de la memoria la necesidad de respirar), está lleno el infierno. Mientras todos me apoyaban para dejar el vicio, yo me iba volviendo intocable al juicio. Pero los vicios no se crean ni se destruyen: en cada fiesta posterior, en cada reunión y cada barra atestada de música y luces temblorosas, yo tenía licencia para volverme loco. Un whisky, dos cervezas, tres mezcales y un agua mineral después, mi justificación borroneada por el alcohol siempre era: es que estoy dejando de fumar. Y la reacción de todos: ¡enhorabuena! Y una palmada ebria que me hacía trastabillar y comprobar que mis pulmones se estaban fortaleciendo para soportar las albricias. En las últimas semanas de mi vida he bebido más de lo que bebí en años, en parte porque me lo permiten, y en parte porque ya no tengo que salir del bar para encender un cigarro; no porque lo disfrute. El alcohol y la fiesta están bien cuando la música y el vodka lo vuelven a uno resbaloso. A mí no me ha pasado esto en las últimas dos semanas. Por lo menos no en las primeras horas (ejem: minutos) conscientes en las que aún no se me pierde la cabeza. Primero, porque el cigarro mejora el sabor de cualquier bebida; segundo, porque la música no se disfruta igual cuando uno hace spinning. Oye, Ruy, buenísima esta canción, ¿no? Si, es con la que empiezo mi rutina. Uf, ésta es un clásico. Sí: pedalear a su ritmo deja un dolor para varias generaciones. Además: el cigarro electrónico, inocuo, seguro, no logra despistar a los sentidos, pero sí a los elementos de seguridad de los bares, que ya me han sacado de su establecimiento varias veces pensando que estoy rompiendo las reglas. La única regla que he roto estas semanas en un bar es que ir a un bar se trata de romper reglas. Y dejar el cigarro refuerza a esa parte del cerebro que nos obliga a hacer lo correcto.</p>
<p>El balance tras un mes de haber dejado el cigarro, dice mi doctor, es buenísimo: mi capacidad pulmonar ha aumentado dos cifras porcentuales, mi gasto se ha estabilizado, mi corazón bombea mejor, mi imagen social es más limpia, mis dientes más blancos, mi condición física aumenta cada día (correré el maratón de Chicago o Nueva York pronto, estoy seguro), tengo mejor aliento, mi ropa huele mejor y, encima de todo, soy objeto de la envidia de los que no pueden dejarlo. Lo mejor: he entendido muy bien los mecanismos del vicio. La finalidad de dejar uno es adquirir otro mejor; cambiar el tabaco por el ejercicio desmedido, voraz, o por el alcohol tan divertido, o por la comida, o mejor aún, por la sensatez. ¿Para qué vivir rápido y morir joven como Jim Morrison si uno puede ser un hombre con vicios realmente destructivos, como la seguridad compulsiva de que la vida será larga y placentera sólo cuando es limpia? Sí: me he ganado muy honrosamente la cana de mi brazo; tanto, que terminaré este texto, cerraré la computadora, y saldré a la terraza con mi pelo blanco al aire y un cigarrillo en la mano. Como gente grande.</p>
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		<title>Yo sé que la sal no sala…</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:08:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Édgar Adrián Mora</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura y arte]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
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		<description><![CDATA["Se han gastado ríos de tinta, miles de tímpanos, camiones llenos de cerveza en noches eternas, toneladas de acetatos, de programas de radio, de artículos de revistas. Todo para intentar definir qué es el rock y, más aún, cuáles son los efectos que ha tenido sobre las sociedades en las que se manifestado. Porque este ritmo camaleónico ha obtenido visado y ciudadanía en el mundo entero". El autor nos muestra la realidad del rock en América Latina: ¿el rock fue lo que se propuso? ¿O lo que sus escuchas creíamos que se proponían?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Notas sueltas sobre el rock latinoamericano y la década de los noventas)</strong></p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vRockLatino.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6172" title="SONY DSC" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vRockLatino-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>Se han gastado ríos de tinta, miles de tímpanos, camiones llenos de cerveza en noches eternas, toneladas de acetatos, de programas de radio, de artículos de revistas. Todo para intentar definir qué es el rock y, más aún, cuáles son los efectos que ha tenido sobre las sociedades en las que se manifestado. Porque este ritmo camaleónico ha obtenido visado y ciudadanía en el mundo entero. De lo más bizarro a lo más homogéneo, el rock se ha convertido en la banda de sonido de las generaciones que vivieron más allá de la segunda mitad del siglo XX y que, incluso hoy, continúa representando eso que se concibe como la “libertad esencial” de la música. De Hawai a Nueva Zelanda, de Japón a Cuba, del centro de África a Turquía. Un ritmo de 4/4 para liberarlos a todos.</p>
<p>Con el rock ha ocurrido algo similar a lo que pasó con términos como “América Latina”. A fuerza de querer que significara una cosa terminó amoldándose a muchas otras. Se volvió un concepto cultural de contenido denso y complejo, más que una categoría descriptiva de un género musical. Y adquirió, tal vez sin proponérselo, una carga política que hasta hoy carga como responsabilidad que muchas veces es negada, subvertida o de plano no asumida. Cuando el rock llega a América Latina pasa por las etapas que lo marcarían  para el futuro, pero que tampoco podía ser de muchas maneras. A una repetición mimética de los primeros tiempos, llenos de covers y de excelentes adaptaciones, siguió una marcha a la clandestinidad obligada por los regímenes autoritarios y represivos a los que ponían nerviosos los cabellos largos, el ritmo frenético y las vocalizaciones llenas de rabia. Después cayó el muro de Berlín. Vino la <em>Movida</em> española con su influencia, para bien y para mal. Luego el <em>Rock en tu idioma</em>, apropiación comercial de una escena emergente que al mismo tiempo que trajo joyas invaluables, arrastró también conceptos vacíos o que reiteraban sobre los temas y actitudes que el pop fresón y baladoso habían convertido en manifiesto de homogeneidad. Y luego llegaron los noventas y dos conceptos que se mantienen elusivos a clasificación se encontraron. América Latina encontró al rock buceando en lo que creía eran sus raíces identitarias.</p>
<p>¿Cómo suena el rock latinoamericano en los noventas? Suena a la precariedad y la improvisación de las colonias populares de la ciudad  de México. A la pretendida sofisticación de una ciudad europea en otro lado, como se concibe Buenos Aires. Suena a las percusiones del trópico que se cuelan hasta las guitarras distorsionadas de los grupos del Caribe. Suenan a aspiración del <em>glamour</em> de los grupos anglosajones que llegan a las antenas de todo el continente vía <em>MTV</em>. Suenan  a metales arrebatados a la salsa, a tumbadoras arrendadas al son, a acordeones norteños transistorizados, a violines huapangueros, a quenas y zampoñas de la tradición andina. Suenan a grito pelado pero-sigo-siendo-el-rey, a barra brava en partido de finales, a consignas callejeras, a discursos ecologistas, a salidas colectivas del clóset sexual, a protesta política edulcorada y raras veces llevada hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>No aparecía, desde la Revolución Cubana y su explosión de compositores de la Nueva Trova Cubana, una corriente musical que se volviera tendencia. Lo había conseguido el denominado Nuevo Canto Latinoamericano en donde artistas de toda la región tomaron de las que concebían como herencia musical (en donde el referente indígena no desprovisto de su fase sacramental ligada a la iglesia prevalece) formas de hacer oír una voz acorde con su situación nacional. En ese sentido, una situación nacional signada por la oposición a los efectos que la Guerra Fría tenía sobre los territorios latinoamericanos. Y con guiños que eran complicidades simbólicas al proceso cubano. El rock de los noventas retomará en lo musical mucha de esa búsqueda que los folkloristas hicieron en su época (baste ver a Café Tacuba de México, Los Tres de Chile o Aterciopelados de Colombia), aunque también la exploración de sendas que apuntaban a lo urbano como transformación de una realidad latinoamericana que ya no quería ser específicamente urbana se nota en propuestas que aluden a los barrios y los saberes de la gran ciudad (Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio en México, Los Fabulosos Cadillacs en Argentina) y, más allá, los que reflejan cómo las influencias que provenían sobre todo del rock inglés y norteamericano se convertía en referente para crear algo que era híbrido, como el mundo que les había tocado habitar (Caifanes en México, Soda Estéreo en Argentina, La Ley en Chile). La mayoría de ellos llega al éxito comercial y las giras internacionales se animan con esa identidad exótica que planteaba un lenguaje en esencia universal, el rock, con la descripción de una situación sociopolítica específica: América Latina. Otros eventos acelerarían esa búsqueda.</p>
<p>Las década de los noventas trajo para América Latina una serie de acontecimientos que reconfiguraron su autoconcepto de identidad. Tal vez el que más resonancia tuvo por su referencia a la historia colonial haya sido el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el estado mexicano de Chiapas. Alrededor de la idea de revolución, por lo demás una idea perenne y permanente en el imaginario latinoamericano, la reivindicación indígena arrastró tras de sí  una serie de canciones, grupos y acciones que le daban dinamismo a un reclamo ancestral que se dejaba escuchar en un tiempo que no sincronizaba, precisamente, con el tiempo en que se hacían los reclamos. Esa falta de sincronía, el aviso de ingreso de México al Primer Mundo el mismo día que indios armados con palos reclamaban sus derechos, es una de las cuestiones que resalta en un alto contraste que pretenda explicar la explosión de manifestaciones que buscaban reafirmar (o reconstruir) una identidad musical que había sido sometida a los designios del mercado internacional de la música pop, o al reciclaje de las diversas manifestaciones del folclor de cada región. Más allá de esa inclusión de lo festivo, otro cliché de lo latinoamericano, conviene detenerse a pensar en los discursos líricos que tal proceso trajo consigo.</p>
<p>Una frase del subcomandante Marcos sintetiza de manera inmejorable la relación que los latinoamericanos han establecido con las comunidades sobrevivientes de culturas que remontan sus orígenes a la época prehispánica: “Nos enorgullecemos de nuestros indios muertos, pero rechazamos a los indios vivos”. Es decir, muchos de los discursos de apropiación de lo indígena a la identidad latinoamericana pasa más por la fascinación de las grandes civilizaciones (tanto las del altiplano mexicano como las de la región de los Andes) que por una comprensión profunda de las necesidades actuales de esas comunidades dentro del marco de comprensión del capitalismo contemporáneo.</p>
<p>Durante la década de los noventas, la imagen del indio se estableció en la del natural despojado y abusado, en la del indio que estaba consciente de su situación y se alistaba para ir a la revolución. Idea que en la América Latina posterior a la Revolución Cubana quiere decir “tomar las armas”, aunque entre el historial de rebeliones indígenas que pueblan la crónica de la región se cuenten más fracasos que triunfos en regla.</p>
<p>La presencia del EZLN en ese final del siglo XX quedó signado por la grabación de un disco cuyas ganancias se destinaron, según esto, a apoyar el movimiento. <em>Juntos por Chiapas </em>se llamó ese material que incluía canciones de artistas de todo el continente: Paralamas do Sucesso de Brasil, Los Tres de Chile, Café Tacuba, El Tri y La Maldita Vecindad de México, Fito Páez, Charly García, León Gieco, Mercedes Sosa, Illya Kuryaki &amp; The Valderramas, Andrés Calamaro, Divididos y Los Guarros de Argentina. La inclusión de Mercedes Sosa y León Gieco pone en evidencia la influencia que ese rock latinoamericano noventero tuvo con el Canto Nuevo y demás versiones. Hoy es un material prácticamente inconseguible.</p>
<p>El rock  que se hace actualmente en América Latina ha crecido en las posibilidades de su ejecución técnica, ha perdido, en cambio, en la exploración de los elementos que lo puedan acercar a sus referentes nacionales o regionales. La etiqueta de lo <em>indie </em> como lo que se ubica fuera del <em>mainstream </em>tiene la misma eficacia que tuvo la etiqueta de lo <em>alternativo </em>durante los noventas. Al final, y si se toman en cuenta los contextos temporales y espaciales específicos, la mayoría de las manifestaciones musicales terminan, mientras buscan un reconocimiento más amplio, en los terrenos de la industria establecida.</p>
<p>“Los indios que murieron en el Sur/ andaban de rebeldes pidiendo <em>manicure</em>”, dice Resorte en una de sus canciones. “Hombre blanco, mi mente no está en blanco/ ¿cuántos indios más deben morir?”, alegan los muchachos de Illya Kuryaki &amp; The Valderramas. “Buscar, buscando la luz/ en medio de la noche/ del lado del olvido/ ¿cuántos siglos han pasado?/ ¿cuánto dolor olvidado?”, cuestiona Santa Sabina. “Yo tengo sangre americana/ de una América que estaba antes del nombre”, apunta desde Colombia el grupo Bacilos. “¿En dónde se paró el águila, parientes de Hernán Colón?/ Ay, jijos de La Llorona y jijos de Santo Clós”, cantaban desmadrosamente los músicos de Botellita de Jerez. “El tlatoani del barrio era de La Lagunilla/ […] bailaba cha-cha-chá y mambo/ y el nuevo ritmo del rock &amp; roll”, apuntan con luces, quizás no sospechadas, unos versos de Café Tacuba.</p>
<p>Los noventa empujaron, en un ejercicio que no se había hecho de manera abierta en ninguna otra época, la posibilidad de la memoria. Y uno de los campos donde ésta se ejerció fue en el rock. Más que nunca se exploraron los eventos que nuestros países habían vivido de manera traumática en las décadas anteriores e inmediatas. Se permitió la referencia casi literal en donde lo más que se había conseguido era la transgresión por medio de la metáfora sumamente elaborada. Se abordaron los horrores de las dictaduras, las de antes y las que corrían, la corrupción de los gobiernos, los dramas de la migración. Y sin embargo, a pesar de toda la euforia catártica que generaban, quedaron en propuestas pasteurizadas casi de origen.</p>
<p>“Madre ponme en la chaqueta las medallas/ los zapatos ya no me los puedo poner/ mis dos piernas se quedaron en Malvinas/ el mal vino no me deja reponer”, dice Fito Páez en Argentina. “Esas calles se nublaron, se perdieron en la sombra/ del remordimiento que ahora te hace caer/ y yo quiero que te caigas, y que caigas de rodillas/ te escupan en la cara y que sepas morir”, apuntan Los Tres en Chile. “Ha llovido tanto después de ese paso/ del famoso caso del fifty nine/ esto no es un insulto/ creo que ha llegado el punto/ que se moviese un poco esta city life”, frasean los Orishas en Cuba. “Nadie vio a los muertos de Irak/ en sus pantallas/ ¿cuántos serán?/ ¿Fuego artificial o son bombas que estallan?/ se ven igual”, susurraba Seru Girán. “Gente que vive en la pobreza,/ nadie hace nada porque a nadie le interesa/ la gente de arriba te detesta/ hay más gente que quiere que caigan sus cabezas./ Si le das más poder al poder,/ más duro te van a venir a coger”, sentencia siniestramente Molotov.</p>
<p>En los años sesentas los charros mexicanos se enfrentaban a los rockeros en películas en donde la moral estaba en la idealización de lo que de rural quedaba en el imaginario colectivo del cine de la época de oro. En el Sur las dictaduras perseguían a los chicos con pelo largo y los despelucaban en ceremonias públicas y humillantes. En lugares insalubres y cuasi-clandestinos se refugiaba el rock básico que sonaba más a blues y troca descompuesta que a rock psicodélico: hoyos fonquis les llamaron en México. En otros lugares, la metáfora alcanzó niveles de expresión oracular de tan oscuros que eran sus mensajes a fin de sortear los filtros de la implacable censura. Todavía en los ochentas, militares a caballo vigilaban la salida de conciertos de un rock que hoy nos parece <em>naive</em>, pero que en aquel entonces generaban macanazos a diestra y siniestra. En ningún país de América Latina se pudo montar en escena, en la época de su mayor auge, <em>Jesucristo Súperestrella: </em>fue calificada de blasfema porque los actores cantaban rock y tenían el pelo largo. En los noventas explotó el rock en América Latina: inundó las radios, las salas de conciertos, los oídos europeos y norteamericanos. Después se confundió con todo y se desvaneció. Hoy sobreviven los fantasmas de algo que, en realidad, nunca fue lo que se propuso. O lo que sus escuchas creíamos que se proponían.</p>
<p>“La sal no sala/ y el azúcar no endulza”, canta al final un inmortal Charly García.</p>
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		<title>Qué será lo que tiene el negro: de negros literarios y escritores fantasmas</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:05:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jose Alberto Arias Pereira</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura, lecturas y libros]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[premios]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay quien vive de escribir.

Hay Stephen Kings, hay J.K. Rowlings, Carlos Ruiz Zafones, gente que se hace millonaria con su talento, su marca, sus palabras. Por cada uno de esos, hay miles que permanecen en la más inane existencia, hay otros que logran compaginar la escritura con otro oficio (traducción, docencia, periodismo...), miles y miles que se quedan en el camino y tiran la toalla, y en el fondo, abajo del todo, ocultos a la sombra, están ellos: escritores fantasmas, negros literarios]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">«Pon tu corazón en los textos»<br />
Grabado hallado en una tumba egipcia</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vAnonimo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6356" title="vAnonimo" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vAnonimo.jpg" alt="" width="240" height="320" /></a>Hay quien vive de escribir.</p>
<p>Hay Stephen Kings, hay J.K. Rowlings, Carlos Ruiz Zafones, gente que se hace millonaria con su talento, su marca, sus palabras. Por cada uno de esos, hay miles que permanecen en la más inane existencia, hay otros que logran compaginar la escritura con otro oficio (traducción, docencia, periodismo&#8230;), miles y miles que se quedan en el camino y tiran la toalla, y en el fondo, abajo del todo, ocultos a la sombra, están ellos: escritores fantasmas, negros literarios.</p>
<p>Ante la extendida (y, visto lo visto, lógica) perspectiva de que el talento es algo innato y la constante mercantilización de la literatura, es evidente que a este respecto algún iluminado tendría que buscarle una fuente de beneficios. No todos los seres humanos pueden ser Rafa Nadal o Whitney Houston por mucho que trabajen sus aptitudes. Un buen deportista o un buen cantante debe tener aptitudes, esto es, debe nacer con la potencialidad de convertirse en ello, y a través del trabajo y entretenimiento logrará o no alcanzar la cima del ámbito en cuestión. Con la literatura, pues, sucede más de lo mismo: puede nacer una persona con talento para escribir, ésa es la parte innata, y podrá desarrollarla con esfuerzo y las herramientas que proporciona el mundo en que vivimos: talleres de escritura creativa, espacios de creación en internet. En el caso contrario, una persona que nazca sin ese talento, por muchos cursos de escritura y tertulias literarias en que participe jamás logrará la excelencia en las letras; podrá escribir libros, claro está, pero no será un escritor.</p>
<p>Volvamos a la visión materialista de la literatura. La cultura supone una ingente fuente de ingresos para un país, si ésta se gestiona y promociona bien. Dado que no todo el mundo tiene el talento, tarde o temprano se crearía el concepto de escritura fantasma: gente que paga a otra gente para que escriba textos en su nombre. La práctica, aparentemente poco ética o extravagante, está muy extendida en diversos ámbitos, no sólo en el de la literatura. Hagamos, pues, un breve recorrido por cada uno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Medicina</strong><br />
Más allá de que en un equipo de investigadores que publica un trabajo al final no conste el nombre de todos los miembros implicados (esto es especialmente significativo cuando hay becarios de por medio), en el ámbito científico y médico es muy común que médicos o investigadores, especialistas en un área concreta, firmen textos como si fueran los autores para darles cierto valor profesional. Por lo general, una farmacéutica o cualquier organismo interesado en dar a conocer un producto o servicio médico encarga el texto a un escritor profesional (el negro en cuestión), y una vez que éste lo entrega y renuncia a sus derechos sobre él, busca un especialista a quien también paga para que use su nombre aparezca detrás de al investigación que respalda al producto o servicio. Es evidente que los fines de esta escritura velada son publicitarios y hay ánimo de lucro de por medio. Si no, no se entendería que alguien fuera capaz de pagar dos veces para lograr una publicación.</p>
<p>Lo interesante de este caso no es que ponga sólo en cuestión la ética del escritor encubierto, sino la del profesional que se expone a vender su nombre y su reconocimiento dentro de la comunidad científica. Existen comités de regulación de estas prácticas, ya que se supone que si el doctor Serrano firma una investigación sobre los efectos antialérgicos de esta pomada, el doctor Serrano ha pasado meses investigando sobre el tema hasta dar con el producto, cuando la verdad es otra: trabajan a la sombra los verdaderos investigadores o fabricantes del producto, el escritor que redacta el estudio y el médico que pone su nombre sin haber intervenido, pero quien saca verdadero beneficio de todo es la mano que mueve los hilos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>No ficción</strong><br />
Manuales de cocina, libros de divulgación sobre la fauna y flora de Alaska, lecturas breves para niños sobre la historia de la humanidad, libros de autoayuda&#8230; Todos estos libros los tiene que escribir alguien. Un editor ve, por ejemplo, que la temática zombie está de moda y decide que quiere tener un volumen cuanto más gordo, mejor, sobre los orígenes del mito y las sucesivas apariciones de los no muertos en la ficción hasta la actualidad. Para ello, decide contratar un negro cualquiera. Si le sale bien la jugada, logra que el responsable de una serie o película de temática Z acceda a firmar el libro como propio, de modo que el negro no podrá reclamar el libro como suyo.</p>
<p>Manuales de instrucciones, libros de texto, cualquier escrito derivado del merchandising de un producto que vende mucho ha sido redactado por escritores profesionales que aceptan el encargo a pesar de que no obtendrán reconocimiento. La no ficción es probablemente donde menos se valora el trabajo de los escritores, ya que se trata de una especie de trabajo en cadena donde no hace falta poner el alma, sólo cumplir el encargo con presteza. De todos modos, es preciso hacer una distinción entre negros y escritores por encargo, ya que estos últimos, aunque en definitiva siguen el mismo proceso laboral que los negros, firman sus trabajos y, por ende, la propiedad intelectual de sus textos sigue siendo suya.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Famosos</strong><br />
Hoy en día basta con plantarse en una librería para encontrar libros como <em>Justin Biever: primeros pasos hacia la eternidad</em>, <em>Rafa</em>, autobiografía de Rafa Nadal, <em>Jorge Lorenzo: Por fuera desde dentro</em> o <em>Dani Martín: Soñar no es de locos</em>, todas ellas (auto)biografías de personajes públicos que se venden como productos propios. No hay que ser demasiado inteligente para saber que Jorge Lorenzo o Justin Bieber no tienen los conocimientos ni la capacidad de escribir un libro completo por una sencilla razón: talento y formación. Gusten o no, son los primeros en sus ámbitos porque tienen dotes para aquello a lo que se dedican, pero no para escribir. Así, una editorial que ve las posibilidades de vender libros como churros, propone al personaje público sacar adelante unas memorias o autobiografía con la ayuda de un escritor profesional, el negro de turno. El proceso de trabajo supone un esfuerzo sólo para el escritor, quien se tiene que documentar, entrevistar al protagonista del proyecto o a su entorno, familia y conocidos, para aportar una visión lo más realista y amplia del personaje en cuestión. En muchas ocasiones, ni siquiera aparece el nombre del autor; la mayoría de las veces, lo hace eclipsado por el del famoso, bien con una fuente de tamaño ridículo en la portada, bien entre los datos técnicos de la publicación; otro modo de encubrir esta práctica es poner al negro como colaborador del supuesto autor. De este modo, hay una amplia franja de exposición, de la más cínica omisión a la muy poco común coautoría. Una vez más, el gran beneficiado aquí es quien mueve los hilos de sus pequeñas marionetas, por norma general el editor o la empresa editorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Políticos</strong><br />
Quien haya visto <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em> sabrá que detrás de la imagen del presidente de un país hay todo un gabinete especializado en el mínimo aspecto, por supuesto también su oratoria. Si bien es imprescindible que el político sea capaz de defenderse de forma natural ante su adversario -para eso están los debates y los cara a cara-, es preciso que tras un buen político haya incluso mejores escritores. A la hora de apelar a la población, sólo el mejor plumilla será capaz de llegar a todo el mundo sin resultar impostado, mentiroso o barato. Por este motivo, los políticos cuentan con escritores que preparan sus discursos aun cuando sea el propio político quien tome la iniciativa al respecto. Estos escritores, que suelen ser hombres de confianza del político, también revisan o modifican los escritos originales para alcanzar cuotas elevadas de credibilidad, por paradójico que suene. Así, políticos como Hillary Clinton o Ronald Reagan, por citar sólo dos, han contado con negros literarios para la escritura de sus memorias por cifras astronómicas. Algunos políticos se vanaglorian de ello, aunque otros sólo lo ven como un mecanismo más en la intrincada carrera política. El propio presidente Kennedy debía gran parte de su gloria a varios títulos atribuidos a su autoría.</p>
<p>De hecho, en países como Francia no está mal considerado el papel del negro o plumilla (plume), y fue en esta lengua donde comenzó a utilizarse el término négre litteraire, y todos los presidentes de la República han contado con negros ilustres, de François Mitterand a Nicholas Sarkozy, pasando por Chirac. Churchill, sin ir más lejos, obtuvo el premio Nobel de Literatura, galardón otorgado a nombres de la talla de García Márquez o Saramago, por &#8220;su dominio de la descripción histórica y biográfica, así como su brillante oratoria en defensa de los valores humanos&#8221;. Lo de los negros literarios no es algo exclusivo de los presidentes, ya que meros candidatos y ministros también abusan de esta práctica, como la popular Ministra de Cultura Pilar del Castillo, que firmó artículos académicos que no había escrito<a title="" href="#_ftn1"> [1]</a>.</p>
<p>No es de extrañar tampoco que los políticos adopten a guionistas como autores de sus discursos vistos los resultados y la magnífica escritura de las plumas que habitan tras <em>The good wife</em>, <em>The West Wing</em> o <em>Six Feet Under</em>, por poner varios ejemplos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cibernegros</strong><br />
Con la aparición de Internet y, sobre todo, el surgimiento de redes sociales y blogs, muchas son las empresas que, superadas por el requerimiento constante de contenidos y la corrección que se exige en el ámbito profesional, no pueden sino contar con la colaboración de escritores profesionales para que se hagan cargo de ello. No sólo de aportar contenidos nuevos y constantes, sino de interactuar con los usuarios a través de las redes sociales y ya no se trata sólo de escritores, sino de expertos en social marketing. Además, se les exige que adopten diversos roles para dar vida a las colas de comentarios y foros donde se habla de los productos y servicios que se anuncian.</p>
<p>La aparición de estos negros a raíz de las necesidades suscitadas por internet, ha progresado principalmente gracias al anonimato e inmediatez de la red de redes. En cuestión de segundos es posible hallar un autor dispuesto a trabajar en la otra punta del mundo, y más aún, con la calidad adecuada y tarifas ridículas. Para sobrevivir así, habría que estar todo el día escribiendo, pasar jornadas laborales de cerca de veinte horas frente al ordenador. Esto, cómo no, deriva en formas de explotación y subcontratación, si bien esto no es nuevo: el negro que contrata otro negro para cumplir sus deberes por tarifas irrisorias dada la oferta de escritores que proporciona la democracia de Internet.</p>
<p>La explotación cobra la misma forma que en cualquier otra clase de manufacturación. Al igual que proliferan los talleres de confección textil o de fabricación de armas en países legalmente desprotegidos, el editor o cliente que busca contratar un escritor negro acaba por escoger a un autor hindú o filipino a uno británico o americano para así ahorrar cerca de un ochenta por ciento de la tarifa. Esto se debe a que, si bien en los países del primer mundo se trata de proteger a los autores y la propiedad intelectual, en países menos avanzados la legislación en este ámbito no ha cubierto este terreno. Los organismos y asociaciones de escritores en Europa o América establecen unas tarifas mínimas en función del tipo de texto y su complicación, de modo que el contratante prefiere trabajar con gente en una situación irregular para ahorrar mucho dinero a cambio de un producto con la misma calidad.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Música</strong><br />
La historia de la música, como la historia de la escritura, está plagada de genios, de autores frustrados, de envidia, de talento o la ausencia de éste. Al mismísimo Mozart le pagaban para que compusiera por encargo para gente poderosa, lo que le permitió sobrevivir y dedicarse a la vez a su trabajo personal, a través del cual obtuvo prestigio y reputación; es decir, trabajar a la sombra sirvió para que compusiera sus más célebres partituras. Por tanto, siempre ha habido gente rica que ha utilizado su dinero para comprar el talento y el silencio de otros, y tal vez muchas de las obras que conocemos no existirían sin esta práctica de naturaleza poco lícita.</p>
<p>En la actualidad es aún más común que la industria musical se aproveche del talento de gente sin nombre y sin medios para destacar. Una discográfica compra cientos, miles de canciones, con la esperanza de encontrar a la próxima Katy Perry, Rihanna o Britney Spears. Luego, produce discos a porrillo, uno cada dos años, a costa de la imagen prefabricada de una estrella que apenas tiene capacidad de decisión en su carrera, a costa de auténticos compositores que nunca verán reconocida su labor.</p>
<p>Pero es sobre todo en el mundo del hip hop donde los negros han dejado de ser un tabú. Ice Cube, Jay-Z o Kanye West, los máximos representantes del género hoy en día, cuentan cada uno con su equipo de negros, y han llevado esta táctica a su última consecuencia con la creación de una página web<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> donde negros y artistas dispuestos a comprar negocian con letras de canciones. Una de las excusas más extendidas es que, al igual que hay gente con el don de cantar, hay otros especialmente finos en las artes literarias, de modo que si dos se unen, se produce un resultado, una música que de otro modo permanecería ajena al mundo. Vamos, que tener un negro es una acción caritativa con el resto de la humanidad.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>Negros literarios y literatura</strong><br />
Pero, si hay un ámbito donde se vulneran los principios de la creación, éste es el de la literatura. No es algo extraño. No son casos extremos. Está normalizado. Sólo en España hay varios cientos de negros literarios.</p>
<p>La historia del escritor fantasma o negro literario viene de lejos. Los primeros textos conocidos, de origen religioso, fueron escritos por negros a pesar de que otros se los atribuyeron más adelante. La Biblia, por ejemplo, fue escrita por decenas, quién sabe si cientos de autores que nada tenían en común, apilados bajo un mismo dogma, aunque sin firma para dotar de un aura más sacra al texto.</p>
<p>Muchos autores ahora reconocidos y respetados sobrevivieron como negros literarios: el padre del terror cósmico H.P. Lovecraft, por ejemplo, se dedicaba a escribir novelas de ciencia-ficción en cadena para Harry Houdini. Otros nombres que se dedicaban a escribir en la sombra son los de Paul Auster, Sánchez Piñol, José Luis Coll, Andrés Trapiello, Rocangliolo o el mismísimo Antoine de Saint-Exupery, de quien se llega a afirmar que escribió su obra <em>El principito</em> por encargo. Por norma general, los negros abundan en la literatura de género, a saber, ciencia-ficción, terror, novela rosa… donde el estilo se puede imitar fácilmente o se pueden escribir historias con personajes protagonistas de una saga de un autor conocido, de modo que el universo del escritor engorde de manera extravagante. También es muy frecuente que escritores que han fallecido con novelas a medio escribir las hayan dejado casi listas, o ésta es la idea que se vende siempre. Se contrata al negro para que reescriba la novela como lo habría hecho el autor, no importa si sólo tenía el prólogo o 564 páginas, y cuando está lista, se lanza al mercado editorial sin más preámbulos. De ahí probablemente las suspicacias con las que se reciben los trabajos póstumos de Roberto Bolaño o, especialmente, José Saramago.</p>
<p>En el otro lado de la balanza se encuentran autores a quienes se les conocen negros, a quienes se les presupone o de quienes hay sospechas. Suelen ser casos de autores que venden muchísimo, esto es, autores de <em>best sellers</em> como Stephen King, quien en plenos desvaríos de drogadicción era capaz de entregar libros de cientos de páginas a su editor. Es muy conocido el caso de Tom Clancy, cuyos libros escritos en la última década están firmados por él conjuntamente con sus negros, demostrando una vez más que es prácticamente imposible mantener la fábrica de exitazos por una sola persona. Pocos casos lo confirman, como el de la autora Corín Tellado, fallecida el año 2009, quien escribió la friolera 4000 títulos, en su mayoría novelitas rosas, muchas de ellas publicadas bajo diversos pseudónimos. Sólo así parece posible vivir de la literatura, con una obra ingente de dudosa calidad. Si algo no se le podía reprochar a Tellado era su indudable honestidad.</p>
<p>Algunos autores no tienen reparos en admitir que sus libros los han escrito negros. Es el caso, por ejemplo, del madrileño Sánchez Dragó, que, a pesar de haber sido negro literario durante su juventud, no duda en afirmar en una entrevista<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> que a él le preparan los libros y él sólo los firma, a pesar de que ni siquiera ha leído el último. Aquí entra el dilema mayor: ¿pueden considerarse esos libros literatura? ¿Es lícito que la obra de una persona se haga pasar por la de otro? ¿Debería sentirse estafado alguien que ha pagado por leer a Sánchez Dragó y está leyendo a un desconocido?</p>
<p>Afortunadamente, estos casos son los menos. Los autores más reputados dentro del ámbito literario trabajan exhaustivamente en sus obras, pulen su estilo y saben defender sus trabajos a ultranza. De hecho, la mayoría publican pocos libros, ya que un trabajo serio de novela requiere mucho tiempo y trabajo, desde la etapa de documentación al lento desarrollo, junto a las múltiples correcciones a las que someten los autores sus libros. Pueden, no obstante, contratar los servicios de un negro para ciertas etapas de la novela, puntos concretos como la documentación o corrección, a menudo aspectos farragosos, de modo que sólo se tengan que preocupar por el proceso creativo. Aunque esa parte del trabajo no quede tampoco registrada, es bastante habitual en el mundo editorial.</p>
<p>Pero aquí, antes de dar nombres y apellidos, tal vez lo importante sea enumerar algunas de las numerosas anécdotas derivadas del empleo de negros literarios: una de las más curiosas, por descabellada, es la de que William Shakespeare pudo no existir, y que en realidad se trataba de un seudónimo de un noble que quería publicar su obra bajo anonimato o la obra de un grupo de escritores que pretendían cambiar la sociedad a través de un personaje creado por ellos, el mismísimo Shakespeare.</p>
<p>Otra anécdota llamativa es la de Alejandro Dumas, a quien se le aproximó un hombre en el funeral de su negro, y reconoció ser el negro de su negro. Dado que ambos se encontraban profundamente afligidos, resolvieron trabajar juntos para salir ganando los dos. Y es que el caso de Dumas es especialmente llamativo: se dice que contó con numerosos negros con quienes trabajaba a medias dividiendo el trabajo en partes del proceso, y aunque Dumas se llevaba la fama, mantenía buena amistad con sus escritores.</p>
<p>En cuanto a las letras españolas, Rubén Darío contaba con un negro, aunque no en el exacto sentido de la palabra, ya que contrató a Alejandro Sawa para que le escribiera un artículo para publicar en La Nación, y como Darío no le pagaba, Sawa hizo público el entuerto. Y es que es muy frecuente que a los negros se les pague mal, poco, o a veces no se les pague. También están en entredicho César Vidal y el inefable Arturo Pérez-Reverte <a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>También son célebres los casos de Ana Rosa Quintana, Jorge Bucay o Alfredo Bryce entre aquellos que, debido a acusaciones de plagio, se vieron obligados a admitir la existencia de negros tras su obra. A veces, el negro, sobre todo cuando no es demasiado profesional o se le presiona por encima de sus posibilidades, puede sentir la intención de boicotear el trabajo copiando párrafos enteros de otros libros e inventando sin ton ni son para completar el encargo y cobrar.</p>
<p>También son interesantes las historias de negros que completan novelas ganadoras de premios porque no llegan al fallo oficial por cuestiones de tiempo, lo que deja entrever una vez más la poca fiabilidad de los premios literarios y la falta de honestidad de muchos autores. Aunque, sin duda alguna, la historia más llamativa de todas es la que atribuye la autoría de una novela de Saddam Husein a un negro estadounidense. Ver para creer&#8230;</p>
<p>El novelista Manu Manzano, que comenzó escribiendo para un gran grupo editorial, confiesa haber inventado novelas firmadas por autores inexistentes en las que supuestamente se habían basado películas o series de éxito, así como convertir borradores de apenas veinte páginas en novelas de más de trescientas. ¿Qué lleva, pues, a un escritor a tomar la decisión de hacerse negro y escribir para otros, ocultarse en la sombra, volverse un fantasma a voluntad? Principalmente, la economía. El trabajo de negro literario está muy bien pagado. Con las tarifas que ofrecen las páginas web<a title="" href="#_ftn5"> [5]</a> de escritores por encargo y negro, un autor podría obtener beneficios para vivir holgadamente, mucho más que un escritor que publica bajo su nombre y vende una cantidad media. Así pues, no es de extrañar que parezca tentador lo de hacerse escritor a la sombra. No obstante, se pueden encontrar más motivos: vivir de escribir, el sueño que todo escritor desea, sin horarios ni oficina, sólo plazos y los encargos que cada cual quiera aceptar. Además, el tiempo libre se puede invertir en la creación propia, de modo que ésta no se vea afectada; es más, puede servir lo de negro literario como ejercicio para mejorar y experimentar con géneros y estilos de otro modo imposibles. Si atendemos a criterios románticos, también es evidente que, de otro modo, sin negros muchas historias nunca verían la luz, no arrojarían su magia sobre el mundo.</p>
<p>Pero aquí cabe otra reflexión: ¿cómo se atrevería alguien que ama tanto las letras, que no sabe otra cosa en el mundo que escribir, a prostituir su don? ¿Serías capaz de pactar con el diablo a cambio de un sueldo estable? ¿Es literatura lo que sale de esa situación, de esas manos, de ese corazón? ¿Cuántas veces nos habrán engañado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong><br />
[1] http://elpais.com/diario/2001/01/02/cvalenciana/978466684_850215.html<br />
[2] http://raprebirth.com/<br />
[3] http://www.youtube.com/watch?v=qyKVGQb6kro<br />
[4] http://www.periodistas-es.org/my-blog-dashboard/octavio-colis/arturo-perez-reverte-de-copias-robos-falsificaciones-y-plagios<br />
[5] http://www.escritoresporencargo.com/</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El día en que no haya necesidad. Una lucha por la igualdad</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:03:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Massegú</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad y actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Por qué debe seguir habiendo un día del Orgullo LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y las personas transgénero)? Esta debe de ser una de las preguntas que  más nos irritan y que irremediablemente escuchamos año tras año.  También nos suelen preguntar por qué no hay un día del orgullo heterosexual. La respuesta es sencilla pero al parecer nada evidente para muchos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vOrgulloGay.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6168" title="vOrgulloGay" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vOrgulloGay-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>¿Por qué debe seguir habiendo un día del Orgullo LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y las personas transgénero)? Esta debe de ser una de las preguntas que  más nos irritan y que irremediablemente escuchamos año tras año.  También nos suelen preguntar por qué no hay un día del orgullo heterosexual. La respuesta es sencilla pero al parecer nada evidente para muchos.</p>
<p>No existe un único día sino que existen 365 días del orgullo heterosexual ya que por lo general,  no ven sus derechos coartados y cuando es así por ejemplo en el ámbito laboral ya se encargan los sindicatos de organizar huelgas generales y a nadie le parece extraño.</p>
<p>El día del Orgullo Gay surge a raíz de una redada policial en el local gay Stone Wall Inn del West Village de Manhattan en 1969, durante la misma decenas de clientes del local fueron brutalmente agredidos por los agentes simplemente por ser homosexuales.  La persecución policial y las palizas no eran algo inusual, pero esa redada fue la gota que colmó el vaso y la comunidad gay de Manhattan decidió salir a la calle y manifestar públicamente su homosexualidad reclamando sus derechos fundamentales  como ciudadanos libres. Las manifestaciones se sucedieron en el West Village y las cargas policiales también.  Al colectivo LGTB se unieron las feministas y los Panteras Negras entre otros y finalmente juntos decidieron traspasar las fronteras de su barrio y dirigirse hacia el norte de la isla en la primera manifestación del orgullo gay. Los manifestantes no sabían cuál sería la reacción de los agentes cuando salieran del Village pero siguieron adelante y alcanzaron su objetivo, la persecución policial cesó y dieron el pistoletazo de salida en la carrera por la no discriminación del colectivo LGTB.</p>
<p>Hoy en día seguimos celebrando el día del orgullo gay porque todavía existen más de 50 países donde la homosexualidad está penada con multas, cárcel o muerte.</p>
<p>La Declaración Universal de Derechos Humanos, y nuestra Constitución [española] sir ir más lejos, afirma que no se discriminará a nadie por su raza, credo, género ni orientación sexual, pero la realidad es que cada día millones de personas son discriminadas por estos motivos y el día del orgullo gay intenta, una vez al año recordar  a la sociedad que existe un colectivo dentro de la misma que sigue luchando (como muchos otros) por los mismos derechos que el resto de sus conciudadanos. En el mundo, seguimos recibiendo noticias de violaciones sistemáticas de mujeres homosexuales en África. El matrimonio homosexual sólo es legal en una decena de países, en su mayoría europeos. Y esto son sólo unos pocos ejemplos (unos más dramáticos que otros). Nos manifestamos por los que no pueden disfrutar de esos derechos básicos. Fácil de entender ¿verdad?</p>
<p>Si los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales de España, y del mundo entero, somos lo suficientemente buenos para el Estado como para exigirnos los mismos deberes democráticos que a los heterosexuales y pagamos a Hacienda, contribuimos a la Seguridad Social, obedecemos la normas  y acatamos el orden social, ¿por qué entonces no deberíamos disfrutar de los mismos derechos?</p>
<p>La cuestión de los derechos de los homosexuales radica en la creencia de la homogeneidad de comportamientos humanos. En la homogeneidad del ser humano como especie. Todos pensamos y sentimos lo mismo, de lo cual se deduce que nos comportaremos de la misma manera, el margen puede ser más o menos amplio dependiendo de la radicalidad de cada uno. Creemos que estaremos de acuerdo en que  ese margen es amplísimo e influyen multitud de factores en la variabilidad de las personas.</p>
<p>La sexualidad es enormemente compleja y dinámica, esta última característica no implica que tengamos que evolucionar hacia un cambio de orientación; podemos ser heterosexuales u homosexuales toda nuestra vida pero la experiencia de nuestra sexualidad va cambiando con el paso del tiempo y nuestras interacciones. En realidad, todas las preguntas que intentemos responder sobre la sexualidad son irrelevantes. Es lo que hay, somos así de variados y siempre y cuando mantengamos unos principios básicos (entre ellos, el de que nuestras relaciones han de ser siempre consentidas y entre adultos), así nuestra sexualidad es digna, siempre.</p>
<p>Sin embargo, en las sociedades existe un notable empeño por considerar  la diversidad como algo susceptible de ser germen para la enfermedad o la maldad. Lo diferente asusta y dado el esfuerzo dedicado contra nuestros derechos debe ser que los gays y las lesbianas damos mucho miedo.</p>
<p>Sin ir más lejos, en España tenemos El Foro de la Familia arengado por el Arzobispado Español. Recientemente el Papa Benedicto XVI, en su discurso de Año Nuevo de 2012 afirmó que el matrimonio homosexual pone en grave peligro a la familia.  Y nos preguntamos ¿en qué se basan para afirmar semejante barbaridad? ¿A qué expertos consultan ellos?  Como sean todos como Aquilino Polaino [*] vamos por mal camino.  Hasta ahora ningún estudio científico ha demostrado que los niños de familias homoparentales sufran ningún tipo de trastorno sino que al contrario tienden a ser más tolerantes. En España se puede consultar el estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco [1].</p>
<p>El argumento de que un niño necesita un padre y una madre resulta cansino y poco convincente, si este es su argumento más sólido deberían manifestarse también en contra de  las familias monoparentales,  cargar sus tintas en contra de las madres/padres solteros, los divorciados con custodia única y también los viudos y viudas con hijos, ninguno de ellos les puede proporcionar un progenitor de cada sexo a su hijo.   Pero si se manifestaran en contra de ellos entonces les llamarían locos, ¿no?  ¿Quién saldría a manifestarse para decir que los viudos no deben criar niños?   Queda claro lo absurdo de esta máxima  que defienden quienes  nos  llaman invertidos y anormales.</p>
<p>Un niño necesita personas que le quieran,  le cuiden y le eduquen en el amor, el respeto, la tolerancia y la empatía y no en la discriminación y el acoso disfrazado de buenas intenciones. Lo que destruye la familia es el maltrato, el abandono, el no dedicar tiempo a la educación de los hijos, la negligencia a la hora de cubrir las necesidades de los niños… Y no el tener dos papás o dos mamás o solo uno de los dos.</p>
<p>La plenitud de derechos y el reconocimiento legal es de vital importancia por la influencia que la dimensión legal tiene sobre la psicológica. Es decir, durante el proceso de toma de consciencia de nuestra orientación sexual, cuando una persona empieza a imaginarse cómo será su futuro este no sólo está fuertemente influido por cuestiones culturales, económicas e históricas, el marco legal vigente en su país también influye en la construcción de ese futuro. Nos explicamos, cuando sospechábamos que éramos homosexuales [cada una en su vida], una de las primeras cosas que tuvimos que desechar fue la idea de encontrar al príncipe azul. No fue difícil cambiar al príncipe por princesa, pero sí lo fue (ya que en aquella época aún no era legal el matrimonio entre personas del mismo sexo en España) aceptar que no podríamos casarnos y vivir una vida como la que vivieron nuestros padres, como la que vivirían nuestros amigos, o para mayor irritación como la que podría vivir cualquier desconocido independientemente de lo buena persona que fuera.  Que el matrimonio esté en decadencia no es obstáculo para que alguien crea en ello y quiera casarse. Así que durante años, a nosotras y a todos aquellos para los que casarse podía representar un momento muy importante de sus vidas nos tocó borrar esa idea de nuestras cabezas y asumir que eso del matrimonio no era para nosotros.</p>
<p>El poder decidir si casarnos, formar una familia o compartir nuestra vida con nuestros amigos sin tener que ocultar una parte muy importante de nosotros, es decisivo para el bienestar psicológico, y por ende para nuestra salud como individuos. El no disfrutar de estos derechos comporta una serie de daños colaterales, la salud se ve mermada.</p>
<p>Son muchas las razones por las que existe el Día del Orgullo Gay, ojalá llegue el día en que no haya necesidad de uno, significará que hemos alcanzado la igualdad de derechos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong><br />
[*]Psiquiatra convocado como experto por iniciativa de la derecha en España (Partido Popular)<br />
[1]. Arranz E. y Oliva, A. <em>Nuevas familias y bienestar infantil</em>. Universidad del País Vasco. Servicio Editorial Euskal Herriko Unibertsitatea. Argitarapen Zerbitzua (2011)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Alberto Chimal: &#8220;Me interesa que los lectores conozcan una propuesta que no es lo que &#8216;está de moda&#8217;&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2012 09:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Humberto Bedolla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Alberto Chimal (Toluca, México, 1970) es considerado uno de los escritores más originales y prolíficos de México. Ha venido a Madrid a presentar “Siete”, una antología de sus mejores cuentos. La selección y prólogo son obra de Antonio Jiménez Morato y es publicada por la editorial Salto de Página.
Alberto es autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; colaborador frecuente de revistas y suplementos. Sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. Es maestro en literatura comparada por la UNAM, integrante ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a><img class="alignleft size-medium wp-image-6019" title="entrevista_Alberto_Chimal_Siete" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/Siete-Portada-297x300.jpg" alt="Portada de &quot;Siete&quot; de Alberto Chimal (2012, ed. Salto de Página)" width="297" height="300" /></a></strong></p>
<p><strong>Alberto Chimal</strong> (Toluca, México, 1970) es considerado uno de los escritores más originales y prolíficos de México. Ha venido a Madrid a presentar “Siete”, una antología de sus mejores cuentos. La selección y prólogo son obra de Antonio Jiménez Morato y es publicada por la editorial Salto de Página.</p>
<p>Alberto es autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; colaborador frecuente de revistas y suplementos. Sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. Es maestro en literatura comparada por la UNAM, integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México y profesor y coordinador de talleres en la Universidad Iberoamericana, la SOGEM y diferentes instituciones.</p>
<p>Desde VozEd queríamos saber como afrontaba la publicación de “Siete” y su presentación -el 8 de Marzo a las 20:00- en “Tipos Infames”, una librería del barrio madrileño de Malasaña. Un lugar de “libros y vinos”, lo que hace esperar una presentación cercana, entre amigos, con unas copitas de vino en la mano y charlas sobre cuentos, libros, escritores, historias… una velada que, imaginamos, nos hará regresar a casa con una sonrisa en la cara.</p>
<p>Le hacemos llegar a Alberto nuestras preguntas. Le decimos que no hay prisa, imaginamos una agenda ocupada y los estragos del <em>jetlag</em> que en todos hacen mella. Él mismo nos indica que no tiene muy clara la agenda para estos días, pero antes de lo que canta un gallo nos contesta. Le agradezco el tiempo en nombre VozEd y de todos sus lectores y le deseo, por enésima vez, lo mejor para él y su libro, y confirmo mi asistencia y religiosa puntualidad, así como la invitación de copas de vino, gin tonics, tequilas o lo que haga falta para saludarlo y celebrar con él la presentación de <em>SIETE</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cómo fue que nació este libro [una antología de cuentos] “<em>Siete</em>”?</strong></p>
<p>La idea provino del escritor español Antonio Jiménez Morato y el editor de Salto de Página, Pablo Mazo: Pablo estaba interesado en sacar algo de mi trabajo, que conoció por Antonio, y de esto surgió la idea de hacer una selección de mis libros de cuentos: más que un solo volumen de los que han aparecido en México, una selección que pudiera dar una idea más amplia de lo que escribo a lectores españoles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Comentas que se da reconocimiento y se “valida” la calidad de los escritores solo cuando se les publica fuera de su país, ¿por qué crees que esto es así?</strong></p>
<p>En México, al menos, esta situación tiene varias causas. Las más importantes son el hecho de que la industria editorial mexicana básicamente está subordinada (como las del resto de América Latina) a  las editoras españolas, y que el propio mercado mexicano es pequeño.</p>
<p>Se tiene la ilusión (no es nada más que eso, en realidad) de que la obra publicada fuera podría hallar más lectores fuera de México que en su propio país.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Siete</em> es un libro de cuentos, muchos de ellos ya han sido publicados en tu blog o reproducidos en internet, como escritor, ¿cómo vives la relación entre los medios digitales y el papel?</strong></p>
<p>Sobre la primera parte, ve la pregunta que sigue.</p>
<p>Sobre la segunda, me parece que el libro electrónico, y más en general la escritura y la lectura digitales, están aquí para quedarse. Son una transformación profunda e inevitable de la cultura occidental, por lo menos, que ya es parte del presente. Por lo tanto pienso que no sólo es provechoso sino necesario comprender lo que sucede y ver qué posibilidades creativas ofrece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿No crees que con cuentos ya reproducidos de forma gratuita [para el lector] la venta   de <em>Siete</em> como libro pueda sufrir?</strong></p>
<p>No son tantos los cuentos que ya circulan en internet: hay varios inéditos, varias sorpresas y al menos tres o cuatro rescates de textos que ya no se hallan en ningún lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuál es tu impresión sobre los libros electrónicos (ebooks) y sobre todo el debate que hay en la industria del libro sobre el futuro del papel?</strong></p>
<p>Básicamente creo que no dejará de haber imprenta, pero sí dejará de tener el papel central en la cultura que tuvo durante siglos. Será un arte minoritario o una artesanía, mientras que el grueso de la publicación será digital.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Escribes (“en serio”) desde que eras adolescente, y comentas que las recompensas no han sido precisamente rápidas, ¿cuáles son los momentos que guardas como éxitos para ti en este camino?</strong></p>
<p>Mi primer libro; el Premio Nacional de Cuento; mi primera novela; la publicación de las historias creadas originalmente en formato digital</p>
<p>(&#8220;83 novelas&#8221; y &#8220;El Viajero del Tiempo&#8221;); la conclusión de mi segunda novela, la por venir&#8230;, y la aparición de &#8220;<em>Siete</em>&#8220;, claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Qué sensaciones te produce publicar en solitario fuera de México? ¿Por qué España?</strong></p>
<p>Esta publicación es muy emocionante porque abre, aparte de cualquier otra consideración, la posibilidad de que mi trabajo llegue a un grupo enteramente nuevo de lectores, todavía dentro de mi lengua materna pero más lejos de la cultura mexicana. Tendrán otra relación con los textos y encontrarán (o así lo deseo) cosas distintas en ellos.</p>
<p>La iniciativa, además, vino de aquí, lo que me honra y me alegra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuál ha sido tu camino como escritor para obtener la validación “de fuera” o como tú dices (más cínicamente) la intención de encontrar lectores y “llegar a mercados mayores”?</strong></p>
<p>Personalmente deseo que mis libros se vendan, por supuesto, pero creo también que el éxito mercantil no es lo que más me importa: me interesa que los lectores conozcan una propuesta que sin duda no es lo que &#8220;está de moda&#8221; en mi país (y, probablemente, en España tampoco) pero busca dar una visión particular de las cosas, de las experiencias humanas, de los temas de la literatura: mirar el mundo de un modo particular, &#8220;original&#8221; hasta donde sea posible semejante cosa. El cinismo, o tal vez el idealismo, estaría quizá en la idea de &#8220;triunfar en mis propios términos&#8221;: de creer que puede haber lectores interesados en algo más que lo que las grandes empresas de medios han decidido que debe gustar a todo el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Comentas que “ver [<em>Siete</em>] es descubrir algo nuevo sobre el propio libro y sobre la búsqueda que es el escribir”, ¿qué has descubierto en esta búsqueda de escribir que puedas compartir con otros (jóvenes) escritores para sacar provecho a los “traumas literarios” que todos los escritores tienen?</strong></p>
<p>Lo que más cuesta aprender, y más vale a la larga, es la paciencia: en general nada llega tan rápido como uno lo desea, y entretanto es necesario continuar, persistir. Me gusta la divisa que tenía Aleister Crowley, el escritor/esoterista/loco inglés, y que es una sola palabra: justamente &#8220;Perdurabo&#8221;, es decir &#8220;Persistiré&#8221;. Es un gran complemento a un lema famoso que escribió Octavio Paz inspirado en Novalis: &#8220;Merece lo que sueñas&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Trabajas en un taller literario con personas que quieren aprender a escribir, a parte de la técnica, seguramente, en esas sesiones salen a relucir los “traumas de escritor” de los cuales se puede sacar provecho, en este sentido ¿qué les transmites?</strong></p>
<p>Trato de transmitir los conocimientos más precisos posibles: cuestiones de técnica, ejemplos, referencias. El resto es un trabajo de descubrimiento que se hace entre todos y en el que el grupo es (si todo sale bien) una especie de caja de resonancia del autor o autora del texto. Idealmente, un taller no debería ser un grupo en el que todos aprenden a escribir como uno solo, sino un espacio donde cada persona, con la ayuda de los otros, puede descubrir su propio modo de escribir, lo que realmente desea hacer y el mejor modo de conseguirlo.</p>
<p>Esto incluye, por cierto, los traumas, que son fuente de temas e ideas, y la inseguridad, que se debe aprender a combatir pues puede atacar a cualquiera inesperadamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En VozEd estamos haciendo una antología de cuentos con historias sobre los traumas de los escritores al escribir, con el murmullo de fondo sobre el ebook, ¿habría manera de prometer a nuestros lectores  alguna historia tuya sobre algún escritor sacudiéndose sus traumas? </strong></p>
<p>Me encantaría poder contribuir. Tengo una ya sobre un tema así pero&#8230; creo que no está tan bien como debería (ah, los traumas), así que me pondré a hacer otra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Y alguna colaboración en la revista?<br />
</strong></p>
<p>Ah, eso seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Por último, VozEd se presenta como una revista cultural, y con la vocación de “ser un laboratorio de ideas y una voz crítica para crear conciencia y lograr  cambios sociales”, en este sentido, ¿cuál crees que puede ser el papel de un escritor y de la literatura?</strong></p>
<p>Puede tener muchos papeles distintos, pero hay un deber al que no debe (y quizá no puede) renunciar, que es articular la experiencia humana que esté a su alcance: expresarla para beneficio de otros que tal vez están ocupados en otras cosas y no tienen tiempo ni inclinación para hacerlo ellos mismos. Esta función tan humilde es fundamental: es la que da sentido a la literatura como uso del lenguaje para ampliar la memoria y a la vez entender el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El lío de la cultura</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:12:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Humberto Bedolla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sin duda con la cultura tenemos un gran lío, tanto para definirla como para entenderla: ¿qué es la cultura? Más aun, ¿cómo influye la cultura en la vida de una sociedad, y la sociedad en la cultura misma? En VozEd intentamos responder a esta pregunta, y todo a cuento de un hecho bastante difundido por las redes sociales y, por el contrario, con muy poca cobertura en los medios de comunicación masivos: las respuestas de un aspirante a la presidencia]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vCultura.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5861" title="vCultura" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vCultura.jpg" alt="" width="320" height="215" /></a>Sin duda con la cultura tenemos un gran lío tanto para definirla como para entenderla, ¿qué es la cultura? Más aún, ¿cómo influye la cultura en la vida de una sociedad, y la sociedad en la cultura misma? En VozEd intentamos responder a esta pregunta, y todo a cuento de un hecho bastante difundido por las redes sociales y, por el contrario, con muy poca cobertura en los medios de comunicación masivos: las respuestas, del que parece, el aspirante  más aventajado para la presidencia de México. El evento: el candidato a la presidencia por parte del PRI (partido que gobernó durante 70 años y cuyo mandato, Mario Vargas Llosa llamó tan hábilmente “dictablanda”) fue a presentar su auto biografía supuestamente escrita por él. En conferencia de presa en la FIL 2011 (el evento literario más importante de habla hispana) no fue capaz de responder que 3 novelas le han influido en su vida. Su respuesta fue: “La Biblia”, confundir al autor de “La silla del Águila”, escrita por Carlos Fuentes, probablemente el novelista vivo más importante de México, por Krause, historiador y director de la revista Letras Libres; y después decir que se quería acordar del título de un libro que habla sobre el otro libro (!) ¿Por qué no salir con algo tan obvio como El Quijote de Cervantes o Romeo y Julieta de Shakespeare? ¿Y la gente de a pie, los habrán leído? ¿Cualquier persona de la calle podría decir 3 novelas y sus autores, que le hayan influido en su vida?</p>
<p>El escritor mexicano Jorge Volpi dice en un tuit: “Los candidatos “escriben” libros y van a la FIL: meros actos de campaña que no esconden el desprecio hacia quienes sí escriben y leen”. ¿Es así?, ¿se desprecia a quienes escriben y leen? ¿Cuánta gente de verdad lee?, ¿y cuanta escribe? ¿Cómo influye en la gente que un político no pueda contestar a esta pregunta? Las respuestas a muchas de estas preguntas es mirar con lupa al sistema educativo y a la política cultural de un país, ¿cuál es la realidad de estos temas en Ibero América? Recordemos que la educación formal, la escuela, aporta muchos de estos conocimientos identificados como cultura. Recordemos las clases de historia, geografía, idiomas o ciencias. Más allá de la especialización la educación formal  es cultura.</p>
<p>Todos, sin duda, entendemos que el asunto del candidato está dentro del ámbito de la cultura, pero pocos tenemos claro concretar y definir cultura. Probablemente de la cultura sobresalga la literatura. La influencia de libros y autores en los lectores, y la sociedad en general, es un fenómeno intenso, realmente marca. Así ha sido a lo largo de los tiempos desde que hay escritura. Pero, ¿en esta sociedad consumista sigue siendo importante la cultura y la literatura, o es el mundo editorial el que exagera su importancia? ¿Importa haber leído, entender de música, de pintura o de teatro? ¿Hasta qué punto la cultura “de verdad”, y cualquiera de sus expresiones, es exclusiva de las clases educadas? ¿Y la cultura popular no es cultura “de verdad”? ¿Hasta dónde la separación de la cultura popular y del populacho? ¿Cuál es la importancia de la cultura en las sociedades modernas? Entendemos que leer es ser culto. Entendemos que hablar idiomas, conocer sobre escritores, sobre música o sobre teatro es ser culto. Viajar y conocer otras culturas es ser culto. Existe la lista “Patrimonio Cultural de la Humanidad” asociada a una institución tan prestigiosa como la UNESCO. También entendemos cultura yanki, cultura latina, o más, hay cultura musical, cultura del porno, cultura urbana, cultura futbolera&#8230; Existen las industrias culturales, y hay quien defiende la lucha libre (en México) o los toros (en España) como cultura.</p>
<p>Decíamos que, a quien lee se le considera culto, al igual que a quien sigue de cerca expresiones artísticas se dice que “tiene cultura”. Están los que se aprenden las capitales del mundo, los que estudian por gusto, los que se cultivan. Esta es la definición clásica y la primera de una clasificación que Gabriel Zaid hace en el pequeño ensayo “Tres conceptos de cultura” (Letras Libres, 2007), en la que se “subraya la forma de heredar (la frecuentación personal de los grandes libros, las grandes obras de arte, los grandes ejemplos)”.</p>
<p>Luego está la relación con los creadores, el concepto ilustrado, la segunda clasificación, donde se define “el nivel alcanzado (la superioridad de los que están en la cumbre)”. En el caso de los libros, es la relación entre los lectores y los escritores. En el mismo contexto, en el resto de las actividades culturales: música, artes escénicas, cine, televisión y otros eventos, es la relación en la que se distingue a los que crean.</p>
<p>Y por último está la cultura definida por el concepto romántico, la tercera clasificación, “el patrimonio (todo lo que puede considerarse propio)”. La cultura mexicana serían las luchas, Pedro Infante y los tacos. Para la española los toros, Almodóvar y la paella, para la argentina, por ejemplo, los gauchos, Maradona y el asado. Este último concepto es la tercera definición de la rae: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” y a la que hacer referencia la popular frase de Octavio Paz: “La cultura es las culturas”, esto es, que todas las culturas del mundo son una, y nos pertenece a todos.</p>
<p>Y todo esto es cultura.</p>
<p>Pero la cultura –la individual y adquirida (i), la de los creadores y artistas (ii) y la cultura en la que vivimos (iii)– es intangible, inmensurable, y representa un largo camino hacia un lugar desconocido, aunque casi siempre reconfortante. Los motivos para no tomar este camino tienen que ver con los limites (económicos, sociales, políticos, físicos, personales, etc.) y prejuicios y deformaciones en el criterio. Volviendo a las dudas iniciales y al número protagonizado por el candidato, debe preocuparnos (a los mexicanos, a los iberoamericanos y a todos en general) que su cultura es muestra de la cultura de la sociedad y el lugar donde vive. Seguramente, si llegara al poder, su nivel de cultura no le impedirá tomar decisiones, como no les impide tomarlas a millones de personas en el mundo, pero de forma indirecta, sin que esté visible en la ecuación, una mayor cultura permite ampliar miras, conocer y tener en cuenta otras realidades y tener un panorama de la vida y de la sociedad mucho más completa. Sabemos con certeza que la cultura es un  gran laboratorio de ideas, permite crear conciencia y  tener una voz crítica, y esto sin duda facilita los cambios personales y sociales.  Y ya se sabe que, al final de la vida, uno recuerda el acierto con que tomó estas decisiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Filósofo rey?</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:10:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadia Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las ideas preconcebidas –en realidad prejuicios- nos hacen pensar que los gobernantes deberían tener cierto grado de educación y cultura. Con este ensayo Nadia L. Orozco descubre el origen de tales ideas y nos hacer ver que el Filósofo rey, el político culto, no será mejor político que los que tenemos actualmente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vFilosofo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5857" title="vFilosofo" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vFilosofo.jpg" alt="" width="320" height="240" /></a>La mayoría de las ideas que de ordinario tenemos sobre la política no son ideas nuestras: las hemos heredado, pertenecen a una larga tradición que desde la filosofía ha generado nuestras concepciones acerca de lo que es correcto en el ámbito político, y nutren la práctica política desde hace siglos. Son, en realidad, prejuicios. Si consideramos que los prejuicios son juicios previos y, de acuerdo con Hannah Arendt, los tenemos sin que necesariamente conozcamos lo que estamos juzgando, tendemos a aceptar muchas de nuestras ideas casi sin cuestionarlas. Una de estas ideas es que los gobernantes deben –o en todo caso deberían–, tener cierto grado de educación y cultura.</p>
<p>Esta idea viene de muy temprano en nuestra tradición filosófico-política, y es Platón el que reflexiona acerca de lo conveniente de que los filósofos, por una tendencia natural a desarrollar las ideas y el pensamiento y por ende la perfección moral, deban ser los que estén al frente del Estado. Aunque en la práctica Platón jamás pudo demostrar que este fuera el caso, y poquísimos son los filósofos-reyes que ha habido como Marco Aurelio o Netzahualcóyotl, la idea, más o menos sin cambios, se ha mantenido en el imaginario colectivo intacta: un buen gobernante debe ser un hombre –y si aceptamos ideas más liberales, también una mujer–, educado y con más cultura que un ciudadano cualquiera. De ahí que, en la práctica, los señalamientos y ridiculizaciones a políticos y candidatos por su ignorancia sean una fuente reiterada para los medios de comunicación y los ciudadanos comunes.</p>
<p>En México [y en Latinoamérica en general], pese a que contamos con una tasa muy baja de educación universitaria, la exigencia sigue siendo la misma: los políticos tendrían que saber más que uno, porque van a estar al frente del país. De nuevo es el eco de la idea platónica: lo peor que puede pasarle a uno es ser gobernado por alguien más ignorante que uno mismo. Y anclados en esa idea, los medios de comunicación nuevos y tradicionales colocan a los políticos en situaciones incómodas en las que se evidencia que son tan ignorantes como cualquier ciudadano de a pie.</p>
<p>Pero pensemos un momento: ¿es en verdad un hombre educado el mejor político? Eso se pensó en cierto momento durante el siglo XVIII: muchos monarcas europeos estudiaron y, a su mejor entender, adoptaron y emplearon las ideas de los grandes ilustrados como Rousseau, Montesquieu o Hobbes. El gran mito-motor de todo el movimiento ilustrado era la razón, el “atrévete a pensar” kantiano que establecía sin miramientos ni cortapisas que las decisiones debían ser tomadas a través de la razón porque el hombre es superior a todas las otras criaturas de la tierra. Las grandes monarquías como Francia, España, Rusia, Prusia, Austria y otras, dejaron que fuera la razón la que guiara sus decisiones políticas, siempre haciendo ejercicios de pensamiento apoyados en consejeros y las grandes ideas ilustradas. El resultado para estos reyes ilustradísimos, fue la adopción de políticas que a la larga devinieron en condiciones de gran desigualdad, hartazgo social y, eventualmente, revoluciones como en Francia y guerras de independencia como en el caso español.</p>
<p>Las cosas no parecen haber cambiado mucho. Nuestros políticos, al menos en México, son de la minoría que ha recibido una educación superior, incluso han egresado de universidades prestigiosas a nivel mundial; se rodean de todo tipo de asesores y consejeros; se apoyan en aparatos burocráticos cuyas tareas incluyen el pensar y resolver los problemas urgentes, y uno pensaría que ese ejército de mentes trabajando debería ser suficiente para que el filósofo rey, o la versión post moderna que sería el universitario político, tomara buenas decisiones.</p>
<p>Y sin embargo, el desempleo, la inseguridad y la corrupción siguen ahí.</p>
<p>Lo que otros nuevos filósofos como Edgar Morin han descubierto, de forma marginal a esta tradición que pone en alto a la razón y a la idea del gobernante ilustrado, es que las decisiones que tomamos no necesariamente están basadas en la razón. Los afectos, las conveniencias, el interés egoísta y motivaciones de una índole más personal están en juego. Con toda su cultura y el peso de su nombre, Mario Vargas Llosa no pudo ser mejor político que Fujimori, Carlos Salinas de Gortari y su doctorado en Harvard dejaron al país sumido en una de las peores crisis de su historia, y podríamos continuar listando casos de ilustradísimos políticos que han tomado las peores decisiones, aún con su contingente de consejeros y asesores.</p>
<p>No digo que lo contrario, el ser gobernado por un completo ignorante, sea lo mejor. Sólo trato de reflexionar con el lector que la instrucción y escolaridad de un gobernante no tienen necesariamente un efecto positivo en sus decisiones políticas. Ignoro si ser capaz de citar tres libros importantes para uno o saber el precio de un kilo de carne sean fundamentales para la conducción de un país. Lo que sí me parece fundamental es que sea el ciudadano el que esté enterado de esas cosas y tenga el criterio suficiente para decidir por sí mismo si esa conducta en sus políticos, y sobre todo en sus medios de comunicación, le parece correcta.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Lean lo que quieran, véanlo si pueden</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:09:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gerardo Sifuentes</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Conferirse un aire de superioridad por el hecho no solo de leer, sino de hacerlo más que otros y sólo a determinados autores es un error de tintes fascistas.”  En este ensayo Gerardo Sifuentes desmonta la actitud y prejuicios sobre el hecho de leer literatura ‘menor’, o directamente, no leer]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right; padding-left: 30px;">“Hay que tener en cuenta que los beneficios de la lectura son muy tenues. En lo moral, muy dudosos, y en cuanto a conocimientos que dan de la vida, inaplicables. Nunca he oído decir a nadie: “Me salvé porque apliqué las enseñanzas contenidas en Fortunata y Jacinta””<br />
Jorge Ibargüengoitia, citado por Juan Domingo Argüelles</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPinocho.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5865" title="vPinocho" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPinocho.jpg" alt="" width="275" height="240" /></a>1<br />
En la novela High Fidelity de Nick Hornby, el protagonista, Rob Fleming, dueño de una tienda de discos y apasionado melómano, echa un ojo a la colección de música de su anfitrión durante una cena. Los títulos que encuentra no son precisamente de su agrado, de hecho dentro de sus exigentes parámetros estos le resultan predecibles u ordinarios, sin embargo no hace mención al respecto. “Quizá podamos darnos una vuelta por tu tienda para actualizarnos”, le dicen. Rob sonríe, “cada quién a lo suyo…”, replica con tono afable, ante la incredulidad de su novia al notar que su pareja se ha bajado de su habitual pose pedante de conocedor. Pueden leer el libro y constatar a qué se debió su cambio de actitud, aunque también pueden ver la película con John Cusack, pero no recuerdo si existe dicha escena en ella.</p>
<p>2<br />
Me gusta leer, mucho. Claro que esto no me hace mejor individuo que otros. Existe sin embargo mucha gente que le atribuye una virtud moral e intelectual exagerada al hábito de la lectura, como si el simple acto hiciera a las personas más buenas e inteligentes. Al respecto puedo decir que varias veces se me ha discriminado por mi afición particular a la novela negra y de ciencia ficción, géneros que al menos en este país aun son vistos con desdén por legiones de snobs, personas inseguras que se refugian al amparo de autores que creen exclusivos de cierta élite. Hace muchos años una persona, entonces estudiante de la carrera de letras, llegó a decirme “te recomendaría a Chéjov, pero no creo que te guste”. Cuando le mencioné que ya lo había leído, y de hecho me gusta mucho, también le pregunté por las razones que le habían hecho asumir mis predilecciones. Sus balbuceos fueron contundentes; quizá alguna vez me había visto con un libro de William Gibson o Stephen King en las manos, la clase de autores que rara vez son revisados en los círculos académicos. Lo curioso es que esa misma persona, que durante más de una década desdeñó los llamados subgéneros y las novelas gráficas, ahora se dice ‘fan’ incondicional de estos temas y alardea de ello, e incluso eventualmente emite comentarios ‘serios’ al respecto y viste playeras de Star Wars. Cada quién a lo suyo.</p>
<p>3<br />
Creo que 80% de los que se burlaron de @EPN [Enrique Peña Nieto, candidato a la presidencia de México por el PRI. 1] no han leído un libro en los últimos seis meses. De la misma forma, también estimo que 100% de quienes defendieron a este político no han abierto las páginas de un libro en los últimos cinco años. Mi cálculo es superficial, aunque podemos comparar la cifra de usuarios de twitter que se ofendieron ante las declaraciones del priísta con el número de mexicanos que sólo leen un libro al año. Cuando ocurrió aquel famoso incidente de la Feria del Libro, el asesor de campaña que todos llevamos dentro me hizo plantear otros escenarios. Imaginen la reacción del público si hubiera contestado que la trilogía Crepúsculo le había cambiado su vida. De cualquier forma todos se hubieran burlado de él, e incluso hubieran inventado mejores chistes, pero se habría ganado el respeto, mínimo, de los numerosos Twilighters. Por supuesto que el presidenciable no estaba en condiciones de decir “no me gusta leer”, y prefirió simular [mal] que lo hacía. Si bien las personas tienen derecho a leer lo que les venga en gana, es deseable que un político tuviera en mente lecturas coherentes, que correspondan ya no digamos a su ideario político tanto como a sus responsabilidades. Para fines prácticos se hubiese rodeado de gente que si lee, como le hace Obama [2]. Sobre la saga antes mencionada, a pesar de que corresponde al género de terror, nunca la he leído, y no tengo la menor intención de hacerlo, prefiero en todo caso ver las películas.[*]</p>
<p>4<br />
Elegir entre leer el texto o ver la adaptación fílmica es un auténtico dilema que da pie a discusiones bizantinas. También me hace pensar en los famosos 10 derechos del lector [3] de Daniel Pennac, que cobran especial importancia en esta época, donde el más famoso de ellos es “el derecho a no leer” –Best Sellers por ejemplo–. Quiero referirme especialmente al quinto, “el derecho a leer lo que sea” [y lo que quiera]. En este contexto, tengo el atrevimiento de sugerir dos títulos dedicados a la reflexión sobre la libertad de leer, “¿Qué leen los que no leen?” [4] y “Leer es un camino”, ambos de Juan Domingo Argüelles [5], ensayos donde desmitifica la capacidad transformadora de la lectura, y reflexiona sobre cómo es que el sistema educativo vigente ha hecho todo lo posible por que los jóvenes detesten este hábito, acaso sin proponérselo. Tal como este autor menciona, el leer es un acto de gozo, que se hace por convicción, y se pregunta “¿por qué tendríamos que angustiarnos porque no hemos leído aquello que todo el mundo dice que debemos leer? ¿Qué es lo que queremos: brillar en la sociedad o tratar de ser felices?”</p>
<p>5<br />
Cada quién lee de acuerdo a sus necesidades. Por supuesto me encantaría que ‘la gente lectora’ le diera seguimiento a cada uno de mis autores favoritos, hasta podría darles razones para hacerlo, pero creo que nadie me lo ha pedido. Aunque no me resisto a husmear en los libreros ajenos, para criticar o alabar las elecciones que encuentre, se que debo respetar sus decisiones, y no hacer juicios sobre su persona en base a lo que tengan, después de todo leer es un medio, no un fin en si mismo. Conferirse un aire de superioridad por el hecho no solo de leer, sino de hacerlo más que otros y sólo a determinados autores es un error de tintes fascistas. El cuánto no es lo importante como diría Argüelles, sino la alegría que nos proporciona el acto, y las ideas que podamos aprovechar de ese momento. Si quieren leer a Yordi Rosado o Paulo Coehlo adelante, aunque también pueden esperar a que salga cualquier cinta basada en sus textos. Por otro lado, piensen que no es tan sencillo conseguir adaptaciones fílmicas entretenidas de la obra de Chéjov, o también pueden ir al teatro…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los tres libros que cambiaron mi vida:<br />
Un mundo feliz, de Aldous Huxley<br />
Neuromancer, de William Gibson<br />
Desayuno de campeones, de Kurt Vonnegut</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas:</strong><br />
[*] Por alguna razón, como diría mi amiga @irairaira, cuando la gente piensa en &#8216;leer&#8217; se remite únicamente a novelas, cuando hay otras tantas posibilidades, como libros de historia, poesía, cuento, biografías, ensayo, manuales…<br />
[1] En el editorial contamos la situación en la que Enrique Peña Nieto no supo contestar a una pregunta de los reporteros dentro de la FIL 2011 en Guadalajara.<br />
[2] http://www.thedailybeast.com/articles/2010/08/13/obama-reading-the-complete-list-of-his-favorite-books.html<br />
[3] http://www.elcanonliterario.com/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=65:el-decalogo-de-pennac&amp;catid=79:textos&amp;Itemid=71<br />
[4] http://books.google.com.mx/books/about/Qué_leen_los_que_no_leen.html?id=1zLzAAAAMAAJ&amp;redir_esc=y<br />
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Domingo_Argüelles</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>IN MEMORIAM» Lo tuyo es puro teatro, caballero</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 00:15:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eileen Soria</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Vida & estilo]]></category>
		<category><![CDATA[costumbres]]></category>
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		<category><![CDATA[relaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Nunca hice mucho caso de lo que mi madre siempre me aconsejó al respecto de la caballerosidad que había de esperar de los hombres, pero claro, cómo hacerlo si muy pronto me di cuenta que la mayor de las veces ese comportamiento no resultaba ser auténtico y generalmente sólo pretendía conseguir los favores de una dama, en este caso, los míos. Justo ahora no puedo decirles si desatender los consejos de mi madre sobre este tema ha sido la mejor elección, sin embargo, sí tengo muchas cosas en claro...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">“Creo que soy una chica riot”<br />
Eileen Soria (1977 – 2011)</p>
</blockquote>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/12/vCaballero2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5692" title="vCaballero2" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/12/vCaballero2.jpg" alt="" width="213" height="242" /></a>Nunca hice mucho caso de lo que mi madre siempre me aconsejó al respecto de la caballerosidad que había de esperar de los hombres, pero claro, cómo hacerlo si muy pronto me di cuenta que la mayor de las veces ese comportamiento no resultaba ser auténtico y generalmente sólo pretendía conseguir los favores de una dama, en este caso, los míos. Justo ahora no puedo decirles si desatender los consejos de mi madre sobre este tema ha sido la mejor elección, sin embargo, sí tengo muchas cosas en claro y una de ellas es que no creo en esa falsa caballerosidad que todavía muchas madres, como la mía, siguen intentando hacerles creer a sus hijas que deben esperar. Que a una mujer le abran la puerta del automóvil y la ayuden a bajar, le lleven las bolsas pesadas del supermercado o le cedan el último pedazo de pizza son tan sólo cortesía y esos detalles, si bien se agradecen, no hacen a un caballero, al menos no a mi parecer.</p>
<p>Incluso diría yo que la utilización de las palabras “caballero” y “dama” es más bien producto de una costumbre añeja que poco refleja el comportamiento actual de hombres y mujeres. De acuerdo con el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española un “caballero” sería un hidalgo de calificada nobleza, un hombre que pertenece a una orden de caballería, un hombre que se porta con nobleza y generosidad o una persona de alguna consideración o de buen porte. Descartando los primeros significados que no se apegan de ninguna manera a los tiempos en los que vivimos, un caballero es entonces aquel que se comporta con nobleza, generosidad y consideración. Supongo que es justo decir que como mujeres siempre agradecemos este tipo de comportamiento (e incluso equivocadamente lo esperamos), sin embargo, qué pasa cuando detrás de una falsa caballerosidad existe un interés velado. Pondré un ejemplo, existen algunos casos de hombres con un gusto impecable, muy atentos y que además no se limitan en ofrecer todo tipo de cortesías a la mujer pretendida, sin embargo, después de haber compartido cierta intimidad, es decir, cuando ya llevaron a la mujer a la cama, las cortesías disminuyen o terminan, es más, en ocasiones ocurre que el caballero simplemente desaparece de la escena sin decir más, justo en ese momento la mujer se da cuenta que el hombre en cuestión no fue realmente un caballero sino simplemente una apariencia.</p>
<p>Ahora bien, pensemos que el caballero en cuestión permanece o incluso formaliza con la dama, esta continuidad en la relación tampoco es garantía para que el comportamiento atento permanezca, de manera que lo que anteriormente fue un detalle se convierte en una obligación, que si se olvida u omite se torna en un reclamo. Es así que muchas mujeres pasan gran parte del tiempo añorando al hombre que conocieron durante el noviazgo.</p>
<p>Otro punto importante a tratar es la idea que existe de que como damas debemos esperar a los caballeros. Desde que tuve edad para salir con chicos, mi madre insistía en que si alguno quería verme o salir conmigo, era él quien tenía que ir a buscarme, es decir yo debía que esperar. Ya me imaginaba instalada en lo alto de una torre aguardando a que la imagen de mi caballero apareciera en la lejanía, obviamente, desatendí los consejos de mi progenitora y en ocasiones era yo quien pasaba por el chico en cuestión, finalmente lo único que pretendíamos era pasarla bien y alejarnos lo más posible de la vigilancia familiar. Ahora, con muchos más años de por medio, tampoco me puedo hacer a la idea de esperar pacientemente a que el hombre con quien salgo sea quien pase por mí o me lleve a todos lados.<br />
Es también interesante el asunto del dinero, o de quién debe pagar cuando el disfrute es de dos. Acostumbrada a no hacer caso de los consejos de mi sabia madre, la verdad es que siempre he estado dispuesta a compartir los gastos, o incluso a cubrirlos en su totalidad, cuando de salir con un hombre se trata, ya no digamos de las salidas que se hacen con las amigas. Puedo decir sin el menor empacho que incluso me causa escozor cuando alguien con quien salgo paga por todo (las entradas del cine o el concierto, la cena, el hotel, etcétera). Supongo que esta es una cuestión meramente personal pero no dejo de pensar que al permitir que un hombre pague todo, se le brinda también la posibilidad de que pueda ocupar algunas de las artimañas de la supuesta caballerosidad.</p>
<p>Supongo que el crecer junto con dos hermanos y convivir con todos sus amigos fueron circunstancias determinantes para que en lugar de sentirme como “una dama” fuera yo “uno” más del grupo, el clásico one of the guys, fue así que disfrutando de relaciones de camaradería nunca esperé mayores cortesías de los hombres. Al saberme en igualdad de condición y no hacer tanto caso de las supuestas diferencias entre hombres y mujeres, establecidas únicamente por los roles de género, lo más importante para mí en una relación de amistad o de pareja ha sido siempre el respeto y la honestidad.</p>
<p>Aunque parezca que esta reflexión es un “duro y contra ellos”, no lo es, porque también creo que como mujeres tenemos mucha culpa del comportamiento de los falsos caballeros ya que seguimos instaladas en una cómoda y falsa postura de damas, esperanzadas a que un hombre sea el que nos resuelva nuestras necesidades inmediatas. Si necesitamos a alguien para que nos pague las cuentas, nos haga la mudanza, nos cargue las bolsas pesadas o nos acerque las sillas, entonces no creo que un hombre (o un caballero) sea lo indicado, lo mejor será buscar, a excepción del pago de las cuentas, en las páginas amarillas.</p>
<p>Tanto hombres como mujeres debemos mantener a la honestidad como parte de nuestra práctica cotidiana, sólo de esta manera no existirán las dobles intenciones o los intereses velados. La claridad con la que podamos expresarnos desde un principio de una relación es la clave para mantener la mejor convivencia y obtener el mejor disfrute individual y en pareja, así que de una vez por todas dejemos de creernos las damas indefensas y frágiles que no somos y olvidemos todas esas ideas que nos hacen esperar a los caballeros que nuestras madres nos hicieron creer que existían.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Construcción y pérdida de la identidad en las redes sociales</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 00:07:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Alcoba González</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación y medios]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
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		<description><![CDATA[El mecanismo del anonimato en las redes sociales en las sociedades desarrolladas produce la construcción de una pseudo-realidad artificial, en unos casos se da un vaciamiento total de la identidad para conseguir una experiencia, del tipo que sea,  en otros se da una reafirmación de la identidad, cuya mayor carta de autenticidad es el hecho de jugarse algo más que el prestigio al hacerla pública]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right; padding-left: 30px;">Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nosotros mismos<br />
William Shakespeare (“Julio César”)</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/11/vSocialMedia2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5428" title="vSocialMedia2" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/11/vSocialMedia2.jpg" alt="" width="320" height="240" /></a>Recientemente hemos asistido a un acontecimiento histórico sorprendente y de algún modo esperanzador. En varios países árabes como Egipto o Túnez, cercanos a la dictadura, los movimientos populares han tomado las calles y han provocado un vuelco del gobierno, al menos en estos dos casos. Lo que quiero destacar aquí es el papel que las redes sociales han jugado en este proceso:</p>
<p>En Egipto por ejemplo se pasó de 70,000 usuarios de Facebook en 2007 a cerca de cinco millones en Febrero de 2011 [1]. Desde antes del estallido de las revueltas Internet era un espacio de encuentro para debatir y criticar la actualidad, contribuyendo a una construcción de identidad social importante. Grupos como “Todos somos Khaled Said” [2] contribuyeron a que la gente viera en las redes sociales un espejo de lo que se vivía en las calles, y sirvió para aglutinar el descontento, aparte del papel activo de las redes sociales en plena revuelta como herramienta rápida de comunicación para los encuentros y manifestaciones.</p>
<p>Sin menospreciar lo que herramientas como Facebook o Twitter han supuesto como instrumentos para la comunicación social y cohesión de colectivos en Occidente, pretendemos trazar un paralelo con el papel que han jugado en los países de las revoluciones árabes. Desde el surgimiento de Internet, se ha notado una diferencia entre el control estatal del medio en las democracias occidentales y en países de estructura totalitaria. Mientras Occidente encomendó al mercado el desarrollo del medio y al propio usuario la censura de los contenidos, en países como China todo se sometió al férreo control estatal del Ministerio de Correos y Telecomunicaciones, así como en Vietnam o Irán.</p>
<p>Sin embargo, como recogía Sahagún [3] ya en los 90 ”Internet ha empezado a jugar un papel decisivo por su potencial subversivo, poniendo a disposición de los ciudadanos un poder de expresión y de publicación de sus ideas con el que nunca habían soñado”, aumentando en China durante algunos años casi el doble el número de ordenadores conectados a Internet que en EE.UU. en el mismo periodo. Intentaré explicar la relación del uso que se ha dado en diferentes casos a las redes sociales con un concepto complejo como es la identidad.</p>
<p><strong>Identificación y autenticación</strong><br />
Desde la aparición de la fotografía en el S. XIX, la identificación de una persona, o la constatación de un hecho, pasa por la presentación de una prueba fotográfica. Una imagen fotográfica acompaña nuestro documento de identidad y la fotografía se utiliza como prueba en los procesos judiciales. Pues bien, en la actualidad con las nuevas tecnologías asociadas a Internet, la identificación pierde terreno frente a la autenticación. La primera supone la verificación de la identidad de un individuo, con mecanismos como la fotografía, la huella dactilar o la firma, la autenticación sin embargo supone el acceso a un sistema mediante un código de verificación que permite establecer una relación supuestamente unívoca entre el usuario y su perfil, por ejemplo [4].</p>
<p>Así como en las redes sociales no hay de momento verdaderos mecanismos de identificación (y sí de autenticación) se produce un proceso de falseamiento de la realidad cada vez más frecuente, que produce algunos efectos:</p>
<ul>
<li>La práctica común de subir fotos retocadas de la misma persona hace años o directamente de otras personas en los perfiles de usuarios. En el peor de los casos, mayores de edad haciéndose pasar por niños o adolescentes con finalidades pedófilas.</li>
<li>Un sistema automático actualiza o publica mensajes en un perfil con finalidades económicas, utilizando fotos de personas que jamás han escrito dichos mensajes.</li>
<li>Los políticos distorsionan la imagen de sus adversarios saltándose el derecho al honor y la intimidad [5].</li>
</ul>
<p>Se ha dicho que imagen es “todo aquello que nos ayuda a poner el mundo en perspectiva (…) La noción de imagen nos ayuda a superar la oposición entre realidad y representación” [6]. Sin embargo, estas “pseudo-imágenes” lo que hacen es aumentar esa oposición, como ha comprobado cualquier persona que haya asistido a una “quedada” en persona con alguien que previamente sólo ha conocido virtualmente. Cierta incomodidad que se produce en este tipo de situaciones viene dada precisamente por esa oposición entre la representación mental que de esa persona nos habíamos hecho y la realidad.</p>
<p><strong>El anonimato</strong><br />
El mecanismo del anonimato en las redes sociales en sociedades desarrolladas produce la construcción de una pseudo-realidad artificial, cada vez con mayor distancia entre imagen y referente. La construcción de perfil mediante el mecanismo de la autenticación se extiende a herramientas como el blog, con un diferente uso según su finalidad en el país en que surge.</p>
<p>En países de régimen autoritario, la efectividad política de instrumentos como el blog de Izar Abdelfattah en Egipto o “A tunisian Girl” en Túnez [7] es precisamente el hecho, no sólo de que son quienes dicen ser, sino también de que se está jugando la vida por hacerlo. Es curioso el contraste con un perfil anónimo en Occidente que persigue una finalidad que oscila entre conseguir dinero, hacer propaganda política o conseguir “amigos” (usando esta palabra con todas las precauciones posibles desde que existe Facebook).</p>
<p>Lo curioso en las redes sociales de contactos, por ejemplo, es que ni siquiera se persigue la construcción de perfiles originales. La lógica que manda es la misma que las de los antiguos anuncios personales por palabras, pero aplicando más tecnología y medios: “El autor de anuncios personales se dirige (&#8230;) a la población en general, poniéndose a su merced y suplicando una cita, con esta reserva tácita: Ya me lo pensaré después; de momento, sácame al terreno de juego”(…) [8] “ambos sabemos que el otro dista mucho de ser perfecto, sexy, divertido, brillante, talentoso, enternecedor y bondadoso”.</p>
<p>En definitiva, donde en unos casos se da un vaciamiento total de la identidad para conseguir una experiencia, del tipo que sea, en otros se da una reafirmación de la identidad, cuya mayor carta de autenticidad es el hecho de jugarse algo más que el prestigio al hacerla pública. Para concluir, es sorprendente comprobar que en todos los casos hablamos de los mismos instrumentos: las redes sociales, los blogs, las nuevas tecnologías. En unos casos, producen mayor distancia respecto a la realidad. En otros, se utilizan como herramientas para el cambio social. Si hay detractores de la tecnología per se, espero haber contribuido a inclinar su opinión hacia la cita con que he abierto este artículo: “Dueños de sus destinos son los hombres…”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong><br />
[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/03/navegante/1296692353.html<br />
[2] http://www.facebook.com/elshaheeed.co.uk Khaled Said, joven bloguero asesinado por la policía egipcia en Junio de 2010.<br />
[3] SAHAGÚN, Felipe. De Gutemberg a Internet. Madrid,  Estudios Internacionales de la Complutense, 1998, pág 335-338<br />
[4] http://www.sortega.com/blog/identidad-identificacion-y-autenticacion/<br />
[5] Recientemente dos políticos con importantes cargos en España han tenido que dimitir por el uso que de la imagen de otros hicieron en las redes sociales:  http://www.lne.es/elecciones-generales-2011/20n-asturias/2011/11/10/redes-sociales-vale/1154701.html<br />
[6] SORLIN,P. : Cines europeos, sociedades europeas:1939-1990.Barcelona, Paidós, 1996, pág.15<br />
[7] http://ijnet.org/stories/talking-award-winning-blogger-tunisian-girl<br />
[8] “Cartas de ruego”, en MAMET, David. Bambi Contra Godzilla. Barcelona, Alba Editorial, 2008, págs.111 a 114</p>
<p>&nbsp;</p>
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