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	<title>Revista VozEd - Voz Editorial 2.0</title>
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	<description>Revista cultural Vozed - Voz Editorial 2.0. Un laboratorio de ideas, una voz crítica, crear conciencia, lograr cambios sociales</description>
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		<title>El extraño caso de la definicion perdida de Édgar Adrián Mora</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 00:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>VOZED</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Materiales (ebooks)]]></category>

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		<description><![CDATA[La accidentada historia del rock mexicano… hasta los años noventa
&#8220;El problema que saltó a la vista fue que nadie había conseguido definir, de manera clara, un concepto que incluso era negado y rechazado de principio. Lo que hice, entonces, fue explorar las posiciones que a lo largo de la historia reciente se habían expresado con respecto del rock nacional.
Y así fue como nació “El extraño caso de la definición perdida”, una falsa (farsa) obra de teatro en donde se intenta poner en claro de qué hablamos cuando hablamos de rock… ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/PortadaeBook1Materiales_peq.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6453" title="El extrano caso de la definicion perdida por Édgar Adrián Mora" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/PortadaeBook1Materiales_peq.jpg" alt="Portada de Lizzeth Bedolla" width="240" height="305" /></a><strong>La accidentada historia del rock mexicano… hasta los años noventa</strong></p>
<p>&#8220;El problema que saltó a la vista fue que nadie había conseguido definir, de manera clara, un concepto que incluso era negado y rechazado de principio. Lo que hice, entonces, fue explorar las posiciones que a lo largo de la historia reciente se habían expresado con respecto del rock nacional.</p>
<p>Y así fue como nació “El extraño caso de la definición perdida”, una falsa (farsa) obra de teatro en donde se intenta poner en claro de qué hablamos cuando hablamos de rock… mexicano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos dolores de cabeza y discusiones interminables despertó esto que ahora se presenta aquí en <em>VozEd</em>. Sin embargo, puedo decir, como alguien antes que yo: no me arrepiento de nada; porque finalmente, como dijo alguien más, es sólo rock &amp; roll, pero me gusta. Levanten el telón.&#8221;</p>
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<p>También disponible para Kindle</p>
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		<title>Lo que vende y gobierna</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:14:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gerardo Sifuentes</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
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		<description><![CDATA[El trío consentido de la mercadotecnia, el sexo, las drogas y el rock, se ha incorporado a nuestra vida cotidiana de forma nada sutil, y nos divierten tanto que a veces se nos olvida que a gran escala ciertas vertientes se han convertido en negocios redituables para un puñado de personas: son precisamente aquellos temas sancionados por la moral y la ley donde varios listillos han encontrado un nicho para enriquecerse. No quiero arruinar la fiesta con mis comentarios, no soy de los que pretende arrojar la primera piedra ni tampoco unirme al contingente reduccionista que creen que con prender un churro estás matando a alguien...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_6315" class="wp-caption alignleft" style="width: 346px"><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vPortada5.01.jpg"><img class=" wp-image-6315" title="vPortada5.01" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vPortada5.01.jpg" alt="" width="336" height="503" /></a><p class="wp-caption-text">®Portada Vozed - Voz Editorial 2.0, núm5.01 (diseño: Lizzeth Bedolla)</p></div>
<p>El trío consentido de la mercadotecnia, el sexo, las drogas y el rock, se ha incorporado a nuestra vida cotidiana de forma nada sutil, y nos divierten tanto que a veces se nos olvida que a gran escala ciertas vertientes se han convertido en negocios redituables para un puñado de personas: son precisamente aquellos temas sancionados por la moral y la ley donde varios listillos han encontrado un nicho para enriquecerse. No quiero arruinar la fiesta con mis comentarios, no soy de los que pretende arrojar la primera piedra ni tampoco unirme al contingente reduccionista que creen que con prender un churro estás matando a alguien, pero en el entendido que ustedes sean la clase de personas ordinarias que tienen sexo con personas adultas –previo consentimiento por supuesto y de manera gratuita–, consumen alcohol y marihuana en cantidades moderadas, o sean  rockstars de fin de semana, no sería mala idea que pensaran por un momento en los millones de personas que no la pasan nada bien alimentando el deseo de otros.</p>
<p><strong>Una raya, o dos</strong><br />
Sabemos que lo prohibido vende y bien. El tráfico de personas para explotación sexual es una industria que genera alrededor de 10,000 millones de dólares [1] en el mundo, y en ella cerca de 2 millones de niños son utilizados como mercancía para satisfacer la demanda de pederastas [2] y un número mayor de mujeres que son mantenidas literalmente en esclavitud. Del tráfico de drogas, bueno, de eso ya pueden hacerse una idea, pues el costo de la prohibición al momento es de 50,000 muertos en México, que junto con la fábrica infinita de cocaína de la región andina, cuya producción anual se estima alrededor de las 900 toneladas métricas, y los millones de usuarios casuales en Estados Unidos (6 millones), Europa (5 millones), México, Centro y Sudamérica (2.7 millones) [3], tenemos una fórmula de éxito que genera 320,000 millones de dólares [4] –eso sin contar cifras relativas a otros opiáceos, marihuana y drogas de diseño–. Además, la lucha para combatir el consumo es “el pretexto ideal” para la venta legal e ilegal de armas [5] y ha impulsado a la floreciente industria de las cárceles [mexicanas], subeconomías en boga donde apenas se retiene a los acusados por delitos federales, beneficiados por un kafkiano sistema de justicia selectiva.</p>
<p><strong>Distopía en proceso</strong><br />
Con este contexto, resulta inquietante pensar en la trama de la novela protocyberpunk The Syndic (1953) de Cyril M. Kornbluth, donde se plantea que el gobierno estaría formalmente en manos de aquellos que controlan el mercado negro. Las condiciones del gobierno de Estados Unidos de un futuro inmediato son descritas por uno de los personajes: “impuestos brutales, desaparición de las apuestas, negación de los placeres simples de la vida a los pobres y limitándolos severamente al público con excepción de los poderosos, la prudencia sexual es reforzada por leyes penales de barbaridad inusitada, en resumen una regulación ilimitada y coerción cada minuto del día.” De esta forma, cuando la mafia otorga la libertad que la sociedad busca, en ese momento no solo toma el control de la economía y gana el apoyo incondicional de la gente, sino también destierra al gobierno oficial, instaurando así una utopía bizarra, especie de anarco-capitalismo [6] donde profesiones como la prostitución no solo son legales, sino sus practicantes gozan de estatus y beneficios sociales. Pero detrás de la idea de este malogrado pulp hay cierta convergencia con la realidad que me recuerda el artículo Iglesia católica, Estado y narcotráfico. Un desafío hacia el siglo XXI, donde la investigadora [7] Nora Pérez-Rayón Elizundia de la UAM, plantea la situación que permeaba hasta mediados de la década pasada en nuestro país; el rumor o secreto a voces acerca de la negociación implícita entre estos vértices de poder. “En aquellas ciudades penetradas por el narco, como Guadalajara [*], siempre han existido acercamientos del establishment político, empresarial y social con los negociantes de la droga. Grupos públicos y privados han mantenido actitudes contradictorias de doble patrón moral y político. En este campo prevalece una ideología pragmático-cínica respecto de lo que es o no moral y legal.” Al final cada uno de estos elementos de control se encarga de reprimir o abastecer la demanda de acuerdo a su perfil; la iglesia controla la sexualidad, el narco abastece de drogas y el gobierno tranquilo, si pensamos que el rock dejó de ser contracultura. Ahora, si pensamos que la batalla de las discográficas, emporios mercantiles y gobiernos por criminalizar a ciudadanos con el pretexto de proteger “derechos de autor” apenas ve los primeros rounds, el rock como ente corporativo constituye también otro de esos ogros [parece que todos olvidaron que Metallica mató a Napster].<br />
Si, es un “tema complejo”, sin embargo no hay empacho en realizar simulacros de legalidad como la absurda censura de corridos o la frívola celebración de novelas y programas que caricaturizan la violencia; mientras las bases que sustentan la economía de lo prohibido, la religión, el miedo y el sistema, lo permitan, y los problemas no sean tratados como asuntos de moral, economía y salud, la fiesta no deja de tener cierto sabor amargo…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias</strong><strong>:</strong><br />
[1] http://www.acf.hhs.gov/trafficking/about/sex_trafficking_spanish.html y http://www.unodc.org/documents/human-trafficking/UNVTF_fs_HT_EN.pdf<br />
[2] http://www.unicef.org/indonesia/Factsheet_CSEC_trafficking_Indonesia.pdf<br />
[3] http://www.unodc.org/documents/wdr/WDR_2010/1.3_The_globa_cocaine_market.pdf<br />
[4] http://www.un.org/News/Press/docs/2011/sgsm13520.doc.htm<br />
[5] http://www.udg.mx/node/2381<br />
[6] http://en.wikipedia.org/wiki/Anarcho-capitalism<br />
[7] Iglesia católica, Estado y narcotráfico. Un desafío hacia el siglo XXI. Nora Pérez-Rayón Elizundia. Sociológica, año 21, número 62, septiembre-diciembre de 2006, pp. 139-173 http://www.revistasociologica.com.mx/pdf/6207.pdf<br />
[*] Segunda ciudad en importancia y tamaño en México.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Eran otros tiempos</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:13:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadia Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La autora nos cuenta como el “Sexo, drogas y rock and roll” es más que uno de tantos eslóganes que escuchamos actualmente: fue la definición de toda una generación que a la postre sería la más poderosa e influyente del mundo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vHippies.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6298" title="vHippies" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vHippies-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Imagina que vas sobre un bote, en un río, con árboles de tangerina y cielos de mermelada. Se escucha la guitarra estridente de Jimmy, y Janis te mira tristona, mientras a Bob le tapa la sonrisa la armónica y los tiempos están cambiando. Aunque eran otros tiempos. Y es que siempre lo son.</p>
<p>Eran los tiempos del sexo, las drogas y el rock and roll. La generación de los <em>Baby Boomers</em>, nacida entre 1940 y 1960, protagonizó los cambios más radicales y acelerados de la historia de la humanidad, y bajo esa triada identificó sus luchas, sus esperanzas y sus desviaciones. Gracias al ánimo triunfalista del bloque occidental, más democrático, sobre los totalitarismos nazi y fascista, aunado a la popularización de los medios de comunicación masiva y a un estado de bienestar que permitió un auge económico sin precedentes, los <em>Boomers</em> fueron la generación que cambió el mundo, para bien y para siempre.</p>
<p>Mientras la Segunda Guerra Mundial abrió el mundo laboral para sus madres, fueron los <em>Boomers</em> los que capitalizaron el poder adquisitivo y de decisión de ellas para avanzar en conquistas sociales sin precedentes: por primera vez, el uso de la píldora anticonceptiva permitía a las mujeres una libertad sexual que sus madres y abuelas nunca conocerían, lo que les daba la posibilidad de tomar decisiones de vida distintas, como el número y el momento en el cual tener hijos. La lenta, pero segura, eliminación de tabús relacionados con el sexo permitía que las mujeres, y los hombres, tuvieran vidas sexuales más plenas e informadas. Y sobre todo, el empoderamiento de las mujeres permitió que, bajo el slogan de “lo privado también es público”, el movimiento feminista cobrara una gran fuerza, llevando temas como el maltrato familiar y la violencia al terreno de lo político. Las mujeres accedieron a la vida pública en tropel, configurando para sí mismas y para sus hijas y nietas un espacio público de aparición que ya será difícil perder.</p>
<p>Por otra parte, los medios masivos de comunicación permitieron, como nunca antes, la masificación de la cultura popular. La música dejó de ser territorio exclusivo de las salas de concierto, y salió a las calles, para mezclarse con los sonidos urbanos y los ritmos negros, dando lugar a géneros nuevos como el <em>skiffle</em>, el <em>rythm and blues</em> y el rock and roll. La guitarra eléctrica, que revolucionara primero el jazz, vino a ofrecer un icono característico para la cultura pop, que se identificaba con sus sonidos estridentes, metálicos e intensos. Del hombro de los Beatles, las guitarras y sus ritmos pegajosos contaminaron a toda una generación, llegando a niveles de manías histéricas que homologaron a la juventud <em>Boomer</em>, borrando las fronteras culturales y nacionales. La música, como nunca antes, unió a la juventud, y le sirvió para manifestar su descontento, su inconformidad y, en ocasiones, su rabia.</p>
<p>Y es que eran momentos duros. Los <em>Boomers</em> vivieron un intenso periodo de acomodo del poder mundial. La Guerra Fría fue el telón de fondo para dividir a las naciones entre buenos y malos, mientras que buena parte de la humanidad miraba horrorizada los asesinatos en masa de la guerra de Vietnam, la amenaza nuclear en Cuba, la segregación social de los afroamericanos en Estados Unidos, los asesinatos de los Kennedy y de Martin Luther King Jr. Muchos de los <em>Boomers</em> se agruparon en torno a causas sociales y políticas, y el avance de los derechos humanos de primera y segunda generación ocurrió gracias a que estos jóvenes activistas se atrevieron a salir a las calles y protestar, aunque en muchos lugares del mundo, no vivieron para contarlo. La lucha social y la conciencia de que ésta valía la pena la heredamos, sobre todo, de los <em>Boomers</em>.</p>
<p>Pero no todo fue activismo y libertad. También la evasión de la realidad a través de las drogas se hizo popular en esta etapa. El uso de drogas blandas como la mariguana se popularizó gracias a la promoción, intencional o no, que músicos y cantantes de rock como Bob Dylan y los Beatles hicieran de ellas. Las drogas duras también hicieron entrada a la cultura pop a través de la música, y la psicodelia y la moda hippie vieron su punto culmen en el Verano del Amor en 1967 cuando los <em>Boomers</em> se enfilaron hacia San Francisco para escuchar a Hendrix, a los Doors, a Janis Joplin y a los Byrds, haciendo evidente para el mundo que sus ideales de amor libre y comunidad estaban ahí para quedarse.</p>
<p>Eran otros tiempos. Eran los tiempos de nuestros padres. Eran los tiempos de las minifaldas, el pelo largo y el amor y paz. Tiempos sin internet y sin la masificación y mercadotecnización de la cultura popular. Tiempos en que la democracia institucionalizada era la única vía, y era suficiente y valía la pena. Tiempos más simples, tal vez, pero también intensos y maravillosos. De aquellos tiempos nos queda tal vez el cascarón, los meros clichés del sexo, las drogas y el rock and roll como símbolos vacíos de ese sentido de comunidad, de lucha social y de rebeldía que los Boomers le imprimieron.</p>
<p>Sexo, drogas y rock and roll, más que uno de tantos eslóganes que escuchamos actualmente, era la definición de toda una generación que a la postre sería la más poderosa e influyente del mundo, y que de nuevo se enfrenta a problemas sin precedentes: sus padres viven más tiempo, sus hijos se quedan más años en casa, sus planes de retiro están en peligro por la crisis mundial. Ese mundo de paz, amor y libertad que ellos soñaron, todavía se encuentra lejos de nosotros. Quizá el internet y el flujo más o menos libre de productos culturales ofrece hoy a la juventud un abanico muy amplio de opciones para definir su identidad, pero también ha resultado en la atomización de los grupos y las sociedades y los ha sumido en un individualismo tal que los aliena de toda responsabilidad colectiva y de todo sentido de pertenencia. Pero quizá #OccupyWallstreet nos está devolviendo la herencia de los <em>Boomers</em>: la identidad transcultural y transnacional, y la idea de que juntos somos más y podemos cambiar al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Haberlo dejado</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:12:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ruy Feben</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[Sobre la aventura de dejar el tabaco, bicicletas-armatostes y cigarrillos steam-punk]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCigarro.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6176" title="vCigarro" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCigarro-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>El primer síntoma de vejez es el abandono de un vicio, o al menos la intención (generalmente más enjundiosa que firme) de abandonar un vicio. Así pude comprobarlo hace exactamente un mes: en el momento exacto en que apagué el que según yo sería mi último cigarrillo para siempre, me brotó del antebrazo el primer pelo claramente blanco que le he visto a mi cuerpo. Justo ahora no sé qué fue primero: si la falta aire y el chirrido terco de las noches, o la conciencia de que me acerco vertiginosamente a los treinta y el cuerpo en algún momento ha de ceder. Lo que sí sé es que antes de desterrar los ceniceros y regalar todos los mecheros, tuve un mes para hacerme a la idea. Por primera vez en quince años, no sería yo quien tuviera con toda seguridad el fuego a la mano; no sería, tampoco, el que exigiera sección de fumar en el bar nuestro de cada noche. Pasaría a pertenecer a un grupo más o menos selecto de redimidos, sería uno de esos adultos contemporáneos que por trofeo tienen “haberlo dejado”; me colgaría la medalla de haber cruzado los 27 sin sobredosis ni escándalo: una suerte de resignación – o purgatorio – para la generación que creció deslumbrada por Kurt Cobain. Con toda seguridad (me dije) en mi fiesta de treinta años estaremos todos muy tranquilos escuchando el <em>Joshua Tree</em> de U2. Y eso se llama madurez.</p>
<p>No pasé ni 24 horas sin tabaco antes de darme cuenta de que mi decisión fue de algún modo idiota. Durante la mitad de mi vida he sido un tipo rodeado de humo, y eso se debe a otras decisiones no menos idiotas: el alcohol sabe mejor, quién sabe por qué, si se combina con humo en los pulmones; los descansos se justifican; el teclado suena mejor si debe acompasarse con un garnuchazo a la colilla; los verdaderos escritores fuman. Según yo (y como todos los adolescentes de la historia, lo creí así incluso antes de probar tabaco) fumar tiene algo de misterio, algo de autodestrucción y otro tanto de cinismo, sobre todo en un mundo obsesionado con la condición física y los espacios asépticos. Soy un tipo más bien bajito, más bien flaco, calvo, narigón y con tendencia a quejarme: con un cigarro en la boca, soy un poeta maldito; sin él, parezco la botarga del personaje más repulsivo de <em>Lord of the Rings</em>. Eso lo supe casi en el instante mismo de decidirme a dejar de fumar, pero la cosa se volvió más triste cuando, a falta de nicotina de verdad, y a modo de paliativo oral, compré uno de esos cigarrillos electrónicos muy modernos que sacan vapor y parecen bolígrafo, que me da un aire decimonónico más bien poco agraciado. Ahora me dejarían fumar incluso dentro de un jardín de niños, echarles vapor en la cara a todos los pequeñines, pero eso, me digo, no tendría ya ningún sentido.</p>
<p>A pesar de todo esto (y de la ansiedad insoportable de los primeros días, y de los ratos de espera y de café que de pronto se quedaron vacíos), resolví que dejar de fumar no era opcional: mejor quitarme el vicio y no un pulmón. Pensé que un buen método para convencerme de dejarlo era el acorralamiento social: avisé con estridencia a mi novia, a las más cotorras de mis tías, a mi madre y sus amigas, a los más fundamentalistas de mis amigos, a mi jefe y hasta a la señora de la miscelánea que cada mañana me daba los buenos días con un paquete de Marlboro rojos esperándome en el mostrador. Si mi voluntad cede, me dije, el mundo no me abandonará. No sólo recibí felicitaciones presenciales (¡Vaya, muchacho – dijo el tío Paco – ya era hora de que dejaras esos vicios infantiles! y similares, seguidas siempre de un abrazo o de una fuerte palmada en la espalda, a modo de chequeo para enfisema), sino que hubo llamadas y correos electrónicos expresando el más sincero apoyo en esta tarea que, a juzgar por lo que fumaste en la última navidad, no parece sencilla. Varios de los que me felicitaron lo hicieron con conocimiento de causa: muchos eran ex fumadores aguerridos, de esos que en el minuto en el que sueltan el cigarro se lanzan a una cruzada sanguinolenta y más bien unitaria contra las tabacaleras. De ellos me pareció casi sensato, a pesar de que fue por muchos de ellos (tíos que aún jóvenes me dieron a probar en mi primera niñez un poco de vino en mi mamila recién hervida) que el olor del tabaco a la fecha me remonta a la única etapa feliz que hubo jamás en mi familia. Pero está bien: otro signo de franca madurez es mudar el sano vicio de la destrucción metódica pero entretenida del cuerpo por el sano vicio de la destrucción metódica y más bien pazguata de las voluntades. Otros fueron más cínicos o más hipócritas: escucharon mi firme objetivo de abandonar las expediciones al patio de la oficina para los descansitos de humos subidos y, lanzando una bocanada de un cigarrillo recién encendido, dijeron con una mueca entre incrédula y nostálgica: qué bien, güey. Cuéntame cómo te va, a ver si ahora sí me animo.</p>
<p>Una vez cercado por mi entorno social, una vez que el acceso a todos los cigarros se volvió imposible, busqué terapia ocupacional. Un día a las 7 en punto de la mañana desenterré del clóset unos pantalones deportivos, una camiseta vieja, y me planté, sobándome la mandíbula y con mi sofisticada pipa de agua sacando bocanadas, frente a la bicicleta de spinning que mi novia usa con desmedida pasión y que para mí, hasta ese instante, había representado sólo un perchero carísimo. Observé el armatoste: una bicicleta inmóvil de una sola rueda metálica que se ve pesadísima; el manubrio está hecho para un improbable dios de cuatro brazos. Tiene un monitor pequeñísimo que reporta el ritmo cardiaco, la velocidad y las calorías quemadas, y un armazón que sostiene justo debajo del sitio más sagrado una botellita de agua. Estaba pensando lo ridículo que ese aparato le hubiese parecido a un cazador babilonio, cuando me di cuenta de que mi novia me observaba. ¿Apoco la vas a usar?, preguntó. Pues yo creo que sí… ahora que no fumo, algo tengo que hacer con mis pulmones. Llevas años sin mover un músculo, te vas a romper. Bueno, de algo me he de morir. Supongo que algo de gracia tuvo usar la frase con la que tantas veces defendí mi vicio: “de algo me he de morir”. Hubo muchos episodios previos a este (que terminará negando su propio éxito) en el que muchos trataron de convencerme de dejarlo con una legión de estrategias que jamás pudieron derribar mis murallas. Primero, en avanzada, los datos: no sé cuántos millones de muertes al año por enfisema y/o cáncer en lugares cuyo solo nombre me da dentera; y yo: “de algo me he de morir”. Luego, en franco abordaje, las consecuencias reales: no el lejanísimo pulmón duro, sino el olor horrendo de la ropa, la imposibilidad de entrar a muchos lugares, el gasto; y yo: “solo y pobre, pero de algo me he de morir”. Finalmente, en retaguardia, el reto a la hombría: ¿apoco esa madre puede más que tú?; es que no te atreves, eres un cobarde; y yo: “los valientes también mueren”. Un fumador aprende a lo largo de muchísimos cigarrillos saliendo de un paquete que tiene un ratoncito muerto en la tapa que fumar mata; el que enjuicia desesperadamente al que decide suicidarse muy lentamente (si yo fuera poeta, es decir, si aún fumara, diría: ¿Qué no es la vida un lentísimo suicidio?), el que aprovecha cualquier mechero para levantar la hoguera, nunca entiende que también tiene un vicio grave.</p>
<p>Por supuesto que no pensé nada de esto mientras me trepaba al armatoste de una rueda, ante los ojos incrédulos de mi novia, aún con la pipa en la boca y sin saber qué hacer. Bueno, ¿y cómo se usa? Un pie primero y luego el otro. Ah, dije, del modo tradicional. Pedaleé hasta que la pantallita que todo lo monitorea me dijo que, de haber estado en una bicicleta de verdad, yo iría ya a unos respetables 12 kilómetros por hora, habría quemado seis o siete calorías, y tendría el ritmo cardiaco en 95. Pedaleé así durante tres o cuatro minutos hasta que la experiencia comenzó a ser agradable; a esas alturas, mi novia ya me miraba recargada en el dintel de la puerta y yo me asomaba por la ventana imaginándome quién sabe qué cosas, relajando a veces una mano para quitarme el cigarro electrónico de la boca. No sé cómo me perdí tanto tiempo de usar este armatoste, le dije, mira que esto de pasear sin salir no es tan mala idea. Entonces se acercó con aura de algún modo militar, me quitó la pipa de agua de la boca, y sentenció: ya estuvo bien para calentar; ahora hay que empezar la rutina. Lo que sucedió después no puedo describirlo porque siento que no estuve presente: jadeos que salían de quién sabe qué parte del músculo; dolores como el chirrido de un autobús a punto de chocar; posiciones imposibles esperando la venia del maldito monitorcito que todo lo registra al paso pero al tiempo lo detiene. Pasó así la media hora más infernal de mi vida, que terminó en una alberca salada bajándome por el pecho y un jadeo que, estaba seguro, se prolongaría durante muchos días. Y entonces recuérdame, ¿qué es lo que tanto te gusta de esta tortura? Ay, Ruy, es buenísimo ejercicio; dentro de un par de semanas, cuando te vayamos poniendo rutinas más fuertes, hasta te va a gustar. Solté un suspiro entrecortado que pareció jadeo: me estás diciendo que el chiste de este armatoste es torturarse durante muchos años para vivir muy contento durante algunos más, ¿cierto? Supongo que sí. Pues fíjate, le dije a mi novia, después de toser por culpa de una bocanada a mi pipa de agua, que fumar es lo mismo pero al revés: una tortura los últimos años, pero el resto de la vida contento.</p>
<p>Pocos días bastaron para saber que el armatoste de spinning sería, cuando más, una medalla para deslumbrar a los que, dos semanas después, seguían sintiéndose responsables de vigilar mi abstinencia. ¿Sigues sin fumar, Ruy? Claro: ahora con las rutinas de spinning ni se me antoja. Lo cierto es que cada día se me antojaba más. Mi sentido del olfato mejoró, lo cual me permitió detectar un cigarro prendido, su dulce, dulce aroma, a muchos metros de distancia. De pronto todas las películas de todos los canales de la tele incluían a uno o demasiados fumadores, sus bocanadas boscosas. La ansiedad, que antes se calmaba con media hora de oscuridad trepidatoria en la cama y un cigarro a modo de aplausos, se volvió un excelente pretexto para comer. Algún parentesco han de sostener la nicotina y el azúcar: cuando uno deja de fumar, no se antoja una ensalada de espinaca ni un pollo sin grasa: la ausencia de la nicotina exige brownies, chocolates, pastel, frituras, tacos. Lo único bueno de eso es que la gente lo da por sentado: durante las primeras dos semanas de abstinencia, cada bocado de grasosa hamburguesa, cada sorbo de leche malteada, se me dio por bueno. Y ahora, flaco, ¿por qué tan hambriento? Es que estoy dejando de fumar (nom-nom-nom). Sí, bueno, está bien, pero cuidado: dicen que uno engorda cuando deja de fumar. Pero también estoy haciendo spinning; no sabes qué hambre le deja a uno pedalear media hora y sufrir otras dos horas por haber pedaleado. Ah, buenísimo; ahora que lo dices, Ruy, sí: te ves mucho más sano; ¿qué es ese aparatito? ¿Un cigarro electrónico? ¡Muy bien!</p>
<p>De buenas intenciones, decía mi abuela (que fumó toda su vida hasta morir a los 90 años, no de enfisema ni de cáncer, sino de un Alzheimer galopante que llegó al extremo de borrarle de la memoria la necesidad de respirar), está lleno el infierno. Mientras todos me apoyaban para dejar el vicio, yo me iba volviendo intocable al juicio. Pero los vicios no se crean ni se destruyen: en cada fiesta posterior, en cada reunión y cada barra atestada de música y luces temblorosas, yo tenía licencia para volverme loco. Un whisky, dos cervezas, tres mezcales y un agua mineral después, mi justificación borroneada por el alcohol siempre era: es que estoy dejando de fumar. Y la reacción de todos: ¡enhorabuena! Y una palmada ebria que me hacía trastabillar y comprobar que mis pulmones se estaban fortaleciendo para soportar las albricias. En las últimas semanas de mi vida he bebido más de lo que bebí en años, en parte porque me lo permiten, y en parte porque ya no tengo que salir del bar para encender un cigarro; no porque lo disfrute. El alcohol y la fiesta están bien cuando la música y el vodka lo vuelven a uno resbaloso. A mí no me ha pasado esto en las últimas dos semanas. Por lo menos no en las primeras horas (ejem: minutos) conscientes en las que aún no se me pierde la cabeza. Primero, porque el cigarro mejora el sabor de cualquier bebida; segundo, porque la música no se disfruta igual cuando uno hace spinning. Oye, Ruy, buenísima esta canción, ¿no? Si, es con la que empiezo mi rutina. Uf, ésta es un clásico. Sí: pedalear a su ritmo deja un dolor para varias generaciones. Además: el cigarro electrónico, inocuo, seguro, no logra despistar a los sentidos, pero sí a los elementos de seguridad de los bares, que ya me han sacado de su establecimiento varias veces pensando que estoy rompiendo las reglas. La única regla que he roto estas semanas en un bar es que ir a un bar se trata de romper reglas. Y dejar el cigarro refuerza a esa parte del cerebro que nos obliga a hacer lo correcto.</p>
<p>El balance tras un mes de haber dejado el cigarro, dice mi doctor, es buenísimo: mi capacidad pulmonar ha aumentado dos cifras porcentuales, mi gasto se ha estabilizado, mi corazón bombea mejor, mi imagen social es más limpia, mis dientes más blancos, mi condición física aumenta cada día (correré el maratón de Chicago o Nueva York pronto, estoy seguro), tengo mejor aliento, mi ropa huele mejor y, encima de todo, soy objeto de la envidia de los que no pueden dejarlo. Lo mejor: he entendido muy bien los mecanismos del vicio. La finalidad de dejar uno es adquirir otro mejor; cambiar el tabaco por el ejercicio desmedido, voraz, o por el alcohol tan divertido, o por la comida, o mejor aún, por la sensatez. ¿Para qué vivir rápido y morir joven como Jim Morrison si uno puede ser un hombre con vicios realmente destructivos, como la seguridad compulsiva de que la vida será larga y placentera sólo cuando es limpia? Sí: me he ganado muy honrosamente la cana de mi brazo; tanto, que terminaré este texto, cerraré la computadora, y saldré a la terraza con mi pelo blanco al aire y un cigarrillo en la mano. Como gente grande.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sexo, con alcohol y rock: artilugios para una fuga</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:11:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián L. Alexander</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
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		<description><![CDATA["Confesé querer ser escritor para tener admiradoras, para luego, pasar al sexo". El autor nos cuenta como ha hecho para lograr su propósito, o no]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p align="right">Con cariño para la pelirroja.</p>
</blockquote>
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<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vTango.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6296" title="vTango" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vTango-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Hace poco tiempo escribí un cuento que habla de los traumas de un escritor y, aunque no es biográfico, hice una confesión que nunca había hecho: confesé querer ser escritor para tener admiradoras, para luego, pasar al sexo. Ahora que en VozEd hablamos de sexo, alcohol y rock pensaba dar rienda suelta a mis historias – mis amigos dicen que son divertidas aunque casi en todas salgo mal parado – pero hay un tema asociado que no me deja en paz. Dicen los que me rodean, que en la vida no solo hay diversión y sexo, sino que hay que madurar. Eso me dicen.</p>
<p>En las sociedades latinas está bastante marcado el modelo social que debe seguir un individuo. Se debe estudiar, luego trabajar, en paralelo ir buscando la pareja y antes de que se nos pase el arroz –que todo el mundo se encarga de recordarte– debes casarte, tener un coche, hipoteca y un hijo. Esta es la regla a cumplir y el camino marcado para la madurez. Esta presión social, que como individuos tal vez no seamos conscientes de ella, existe. Y ahoga. Son bastante comunes los comentarios de «ya te estás quedando» o «que se te está pasando el arroz», y para las mujeres es el día a día. Esta presión, cuando es evidente es porque es excesiva. Una amiga me contó que su hermana conoció al que hoy es el padre de sus dos hijos. Ella con casi cuarenta años quedo embarazada al poco de conocerlo, unos meses, y cuando ya no podía ocultar su embarazo se acerco a la madre y, muerta de miedo, le dijo:</p>
<p>- Madre, estoy embarazada de mi novio.<br />
La madre saltó como un resorte de donde quiera que estuviera sentada, tensó la mandíbula, saco fuego de los ojos y preguntó incrédula:<br />
- ¿Qué?<br />
A lo que la hija, afligida, contestó tratando de rebajar la tensión acumulada en el ambiente y en las venas del cuello y la frente de la madre –que si se mantenían unos segundos más reventarían como chinampinas (juegos artificiales)–.<br />
- Sí, sí pero no le digas nada a él. ¡Yo ya a no era virgen!<br />
La presión, haberla hayla, y no se puede estar embaraza sin estar casada,  mucho menos siendo “aún” virgen.</p>
<p>Ya en el texto “¿Que hubiera sido de mí en México?” (VozEd, 2007) intenté describir como al cambiar mi residencia de Ciudad de México a Madrid fui consciente de esta presión. Lo que más me sorprendió fue sentirme libre cuando pensaba que lo era. A pesar de que mi familia no hacía presión (directa) por boda, coche, hipoteca e hijos, si pertenecía, y pertenece, a una cultura donde las cosas se deben hacer de cierta manera. No es de extrañar, las culturas latinas tenemos en el inconsciente las formas que marcó, y aun sigue marcando, la iglesia católica. Ya Octavio Paz nos lo contó en El laberinto de la soledad: la culpa nos puede, herencia de la férrea cultura religiosa de la conquista. De hecho, es tan fuerte este sentimiento de culpa hacía lo que está fuera de la norma (que ya no es religioso sino social) que, hasta  “perder el tiempo leyendo” nos causa aflicción, muy claro lo deja Ruy Feben en “El libro perfecto” (VozEd, 2012). Yo era feliz con mi repentina libertad, pero con el tiempo, aun en una sociedad mucho más distendida como la de Madrid vi que también había  reglas con el hecho de madurar. Ésta la encontré en mis  salidas, que como cualquiera de mi edad (saliendo de la veintena o estando en la “feliz” tercera década de vida) son para conocer gente. Recordemos, muchos de nosotros nos divertíamos saliendo a fiestas y discotecas, había alcohol y rock, y exploramos, con más o menos éxito, avances al contrario; a la chica (o chico) en cuestión. El sexo fue ocupando el centro de la diana, y con la ayuda de alcohol –que gusta porque inhibe la conciencia y con ella las reglas sociales de conducta– y de una canción de rock que nos agitara, nos lanzábamos a su búsqueda. Tanto hombres como mujeres buscábamos sexo, no necesariamente la pareja con quien compartir la vida (que para encontrarla hay otras formas mucho más practicas y efectivas). El orden de estos tres dominios –sexo, alcohol y rock– no es homogéneo, más bien tienen una relación causa-efecto: el sexo resulta del alcohol y el rock. Con el ligoteo había magia y había (a veces) sexo. Pero ahora, en los bares, las chicas de mi <em>target</em> objetivo (esas que son más o menos de mí edad) están en la fase de querer tener familia e hijos. Ahora las preguntas no son si estudio o trabajo, sino si quiero hijos o no. Y créanme, pocas hay que no los quieran. Podemos escaparnos de las reglas sociales pero no de las de la naturaleza. Hay que madurar. Dicen.</p>
<p>La base de la nueva (para mí) regla de madurez no es seguir el camino del inconsciente social, la obligación de los compromisos impuestos, sino la naturaleza misma: reproducirse. Se está en este mundo para cumplir un ciclo básico: se nace, se crece, se reproduce y se muere. No hay opciones, es la naturaleza la que manda, y aquí, la madurez está asociada a la descendencia. En una sociedad más liberal respecto a las reglas sociales también hay que madurar, ¡hasta los nórdicos lo piensan así! No son necesarios los hitos (latinos) de boda, auto e hipoteca. Te puedes juntar en pareja (y no tiene que ser del mismo sexo) y no casarte, puedes vivir hasta tu muerte de alquiler (que cuesta pero a base de influencias anglosajonas comienza a ser una opción) sin nada de hipotecas; pero tienes que reproducirte. Eso me dicen. Más distendida sí, pero regla a cumplir al fin y al cabo. Iba yo tan contento pensando que me habría librado de todo cuando resulta que no, de los hijos no. No hay sexo sin hijos.</p>
<p>Sin embargo – pienso –, en las sociedades modernas actuales, el estilo de vida se impone a las necesidades biológicas: carrera profesional, estudios, experiencias, viajes, ocio, alcohol,… la reproducción se retrasa y hasta se vuelve opcional. Por lo que después de roerlo bastante intuyo que hay salida, que puedo saltarme esta otra regla. Si la naturaleza llama a casa, quiero estar fuera, bebiendo en el bar. Lo único que yo tengo claro es que la búsqueda del contrario para el acto sexual se vuelve más complicada, pero en el camino recorrido, con independencia de haber logrado el objetivo (sexo), hay magia. Hay algo que atrapa. Para estar seguro busco en los expertos, en los grandes, y encuentro a Paz, de nuevo Octavio.</p>
<p>Paz en su libro “La llama doble” distingue sexo, erotismo y amor. Bastante pronto nos lo deja claro: “el acto sexual dice siempre lo mismo: reproducción. El erotismo es sexo en acción pero ya sea porque la desvía o la niega suspende la finalidad de la función sexual. […] El acto erótico se desprende del acto sexual: es sexo y otra cosa”. Esto es, que el ligoteo, la búsqueda del sexo con alcohol y rock, es erotismo, y esto, es magia. De aquí que sean tan gratificantes las fiestas y discotecas donde hay sexo, alcohol y rock. Así, descubro que hay salida: me busco una chica que no tenga presiones sociales (primera regla) y que le guste el ligoteo, erotismo en acción. Con esto hay una alta probabilidad de eliminar la segunda. Me voy a un bar, me busco a una pelirroja y cortejamos como gente civilizada hasta que la carga de erotismo es tal que damos rienda suelta. Bien, conseguido. Estoy con alguien que no me exige madurar, léase: ni casarme ni hijos. También ella quiere estar en el bar cuando la llamada de cocer el arroz.</p>
<p>Se puede, en cierta medida, escapar de las imposiciones sociales de la  hipoteca, el auto y las posesiones y hasta de los hijos. Se puede seguir en la diversión y teniendo sexo con una pareja. Pero ya disfrutando de mi triunfo hay algo que me sigue molestando, ¿si una vez escapé de madurar huyendo de la presión social quien no me dice que vaya a pasar lo mismo ahora que he escapado de la llamada de la naturaleza (y la reproducción)? Tengo que confesar que dejé a la mitad el libro de Paz, e intuyo que así como fue capaz de liberarme de lo hijos haciendo conciencia del erotismo, igual dejara caer lo de madurar, y no en vano vuelve una y otra vez el subtítulo del libro a mi cabeza: sexo, erotismo y amor… ¡Ay de mi, estoy jodido!, parece que lo siguiente en el tema de madurar es amar.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La (a veces) soportable sed</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:10:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Denisse Espejel</dc:creator>
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		<description><![CDATA["Casi filosófica, la sed en el exceso es musa de cualquiera y se convierte en el arma más potente contra cualquier sentimiento; en lo personal, la sed es motivo de vida, de trabajo, de unión y recreación"]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"> «I hate to advocate drugs, alcohol, violence or insanity to anyone,<br />
but they’ve always worked for me.»<br />
Hunter S. Thompson</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vBotella.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6170" title="vBotella" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vBotella-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Es genético, dicen. No tengo ningún historial clínico ni el artículo médico a la mano que lo afirme, pero si me pongo a pensar en mis apellidos, no encuentro nada descabellada la relación entre genealogía y falta de sobriedad y, por lo mismo, mucho menos me resulta irracional entenderme como un destilado genético añejado durante generaciones. A todos nos llega un primer contacto con los elíxires etílicos y por mucho que busquen reprimirlo, raros son los casos en los que el interés por hacer caso de la sed se difumina con el tiempo. Se han escrito libros intentando describirla, se han desarrollado programas que buscan combatirla, algunos la esconden y otros la portan con orgullo; sea cual sea la dependencia a la sed, ésta está presente, incluso si no sabemos si los apellidos tienen algo que ver.</p>
<p>Para nada es mi intención hacer que mi abuelo se vengue cósmicamente de mí por destapar sus trapitos etílicos pero, si puedo hablar de él, que en paz descanse. Mi más claro recuerdo de su compañía era verlo llegar más cansado que un Testigo de Jehová en vecindad con su pequeño maletín de cuero en su tacuche de vendedor de seguros y, después de un saludo fatigado, con ‘su vaso’ ya en la mesa del comedor, procedía a tomar las pinzas azules de plástico reposadas en una hielerita del mismo color, se servía dos hielos, abría la guarida de su Presidente, se lo preparaba con Coca-Cola y prendía un Marlboro rojo. A esa hora del día, el sol estaba siempre en el punto en el que arroja tonalidades naranjas que se refractaban en su pelo cano peinado perfectamente de raya en medio y para mí, verlo sentado en la cabecera de la mesa con vaso y cigarro se volvió la Polaroid imborrable de mis idas a comer a casa de la abuela cuando era chica. Para mi abuelo, refrescarse con una cuba era el ritual de todos los días y lo practicó religiosamente hasta el último: nunca dejó de fumar, ni de tomar, ni de trabajar.</p>
<p>La realidad es que no teníamos absolutamente nada en común, fuera de su relato de cómo casi se rompe el dedo meñique jugando americano, que por atascado no atendió al momento y prefirió continuar como si nada dejándolo chueco de por vida, no tengo recuerdos de historias fantásticas ni hazañas fuera de este mundo que me hicieran acordarme de él por su pasado visto a través de sus propios ojos; su recuerdo se me generó a través de la simple acción de servirse una bebida, sentarse y fumar todos los días. Ya pasaron más años y ahora me doy cuenta de que probablemente nuestro único punto en común fue el placer culposo por la bebida que, sin afán de ponerme sentimentaloide, nunca pude compartir con él, ni mucho menos pude expresarle la admiración que para mí representa aguantar la resaca de tres cubas diarias con quién sabe cuántos cigarros.</p>
<p>Por mi parte, empecé a fumar a los catorce años y, como mi hermano me lleva cuatro, a la misma edad pisé mi primer antro: el fresa del sur ‘Villa Romana’ y su exagerado diseño de interiores fue el lugar donde perdí la virginidad de la sobriedad. Poco después, las fiestas en la secundaria siguieron alimentando mi sed hacia el exceso que saciaba con Caribe Coolers y Camel fumados con torpeza adolescente. En preparatoria, ingresé al mundo del tequila en shots, pelo alaciado y Bacardí, los Camel seguían presentes y las resacas cada vez eran más fuertes; ya no salía con mi hermano y entré en un periodo fresa-anárquico que me llevó a colarme a mi propia graduación con una riñonera en la bolsa. Para cuando llegué a la universidad, era una experta cubera sin la más mínima intención por detenerme, era clienta frecuente del Bull con su política de barra libre de cerveza y planillas con boletos para tragos supuestamente adulterados. Hoy en día, llevo cinco años fuera de la universidad y me es físicamente imposible acercarme al tequila o al Bacardí sin sentir náuseas o destruirme los intestinos, respectivamente; no obstante, son muy pocos los días que no se me haga agua la boca con el antojo de un trago y, místicamente, el combo de Caribe Cooler y Camel continúa presente en algún punto de mi menú de salida nocturna.</p>
<p>En lo personal, la sed es una de las sensaciones que más percibo en el cuerpo, con los años, se ha tornado en un sentimiento primitivo equivalente a tener hambre, sueño o ganas de ir al baño: basta que comience a salir el sol para que se me antoje un Clamato con cerveza en un tarro sudoroso con aureola de sal, basta que comience a salir el sol y ese brebaje rojo transforma mi antojo en jugo de tomate y vodka, apio y sazonadores que hacen del Bloody Mary una comida casi completa para mí. Basta que se ponga el sol y el vaso se me transforma en un <em>old fashion </em>rebosante con carajillo para después de comer, que con su doble cara de digestivo y aperitivo de borrachera hace que se me antoje ‘un fuertecito’ para ya entrarle bien y, siendo mujer de ginebra y tragos amargos, basta que me termine los carajillos (siempre más de uno) para no aguantar la sed por tener un highballero burbujeante con un <em>Gin and Tonic </em>y un cigarro prendido entre las falanges. La sed es visceral y tiene personalidad múltiple, termina siendo menos predecible que una menopáusica en Xanax y termina teniendo aliados que la hacen invencible, imposible de ignorar: el fantasma del ansia.</p>
<p>Siendo un abanico de posibilidades, la sed es exponencial, se aumenta y multiplica a placer, se adhiere al hipotálamo, es creativa y se vuelve un Pollock; mientras más manchones de ingredientes en la ecuación mejor: sólo añada una pizca de truco y listo, usted tiene un placer longevo asegurado. El truco también es multiforme, puede ir solo o acompañado, con agua o con alcohol, con leche muy a la Alex DeLarge y sus atasques con <em>vellocet</em> (opiatos), mezcalinas sintéticas o adrenocromo, obviamente palabras mayores; pero para nosotros los mortales fuera de la narrativa, las drogas de diseño son el sazonador irresistible que a muchos nos llegó con el cliché terrible de escuchar un dulce ‘déjate llevar’. Tachas, pase, MDMA, ácidos, comprimidos, micropuntos, cristales, todos multiplican los sentidos, todos te hacen aparentes las situaciones que de lo contrario se volverían imperceptibles: el chasquido de la lengua posterior a inhalar un polvo blanco con un billete en rollo, la mirada ausente y recuperada al percatarse una vez más dentro del espacio, el placer en el sacro posterior a un largo respiro, la muerte y reencarnación en el exceso, el peligro guardado en la Ziploc más pequeña del mercado dentro del pantalón… La sed esclaviza y libera, se vuelve el oxímoron tatuado en el seso y enloquece hasta al más apto, convierte al intelectual en un ente pseudo pensante y, no obstante, hace de su arte un trabajo más aplaudible y admirable; mata al excesivamente sensible y lo convierte en Dios, mientras más joven mejor: la sed es fórmula irrefutable del éxito bohemio y comercial.</p>
<p>Por más que quiero, enumerar los casos literarios en los que la sed se ha vuelto aparente se vuelve una labor imposible, implicaría escribir una nueva Biblia con aseveraciones coherentes dentro de la incoherencia plagada con pasajes a medias; basta leer unos minutos a Hunter S. Thompson y mi afirmación se vuelve más clara, o no. Casi filosófica, la sed en el exceso es musa de cualquiera y se convierte en el arma más potente contra cualquier sentimiento; en lo personal, la sed es motivo de vida, de trabajo, de unión y recreación. Siempre la admiro y claramente respeto a quienes se alejan de ella, a quienes la han trabajado y no se han convertido en predicadores de la sobriedad, pues ésta también se torna excesiva. La sed es mi vehículo para la liberación lingüística y personal y, como muchas otras cosas en mi vida, terminaré alimentándola con el fin último de ver si existe la posibilidad de saciar el impulso y saciarme a mí; mientras tanto, al igual que mi abuelo, continuaré trabajando, fumando y tomando hasta que se me terminen los respiros.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Yo sé que la sal no sala…</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:08:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Édgar Adrián Mora</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura y arte]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
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		<description><![CDATA["Se han gastado ríos de tinta, miles de tímpanos, camiones llenos de cerveza en noches eternas, toneladas de acetatos, de programas de radio, de artículos de revistas. Todo para intentar definir qué es el rock y, más aún, cuáles son los efectos que ha tenido sobre las sociedades en las que se manifestado. Porque este ritmo camaleónico ha obtenido visado y ciudadanía en el mundo entero". El autor nos muestra la realidad del rock en América Latina: ¿el rock fue lo que se propuso? ¿O lo que sus escuchas creíamos que se proponían?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Notas sueltas sobre el rock latinoamericano y la década de los noventas)</strong></p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vRockLatino.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6172" title="SONY DSC" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vRockLatino-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>Se han gastado ríos de tinta, miles de tímpanos, camiones llenos de cerveza en noches eternas, toneladas de acetatos, de programas de radio, de artículos de revistas. Todo para intentar definir qué es el rock y, más aún, cuáles son los efectos que ha tenido sobre las sociedades en las que se manifestado. Porque este ritmo camaleónico ha obtenido visado y ciudadanía en el mundo entero. De lo más bizarro a lo más homogéneo, el rock se ha convertido en la banda de sonido de las generaciones que vivieron más allá de la segunda mitad del siglo XX y que, incluso hoy, continúa representando eso que se concibe como la “libertad esencial” de la música. De Hawai a Nueva Zelanda, de Japón a Cuba, del centro de África a Turquía. Un ritmo de 4/4 para liberarlos a todos.</p>
<p>Con el rock ha ocurrido algo similar a lo que pasó con términos como “América Latina”. A fuerza de querer que significara una cosa terminó amoldándose a muchas otras. Se volvió un concepto cultural de contenido denso y complejo, más que una categoría descriptiva de un género musical. Y adquirió, tal vez sin proponérselo, una carga política que hasta hoy carga como responsabilidad que muchas veces es negada, subvertida o de plano no asumida. Cuando el rock llega a América Latina pasa por las etapas que lo marcarían  para el futuro, pero que tampoco podía ser de muchas maneras. A una repetición mimética de los primeros tiempos, llenos de covers y de excelentes adaptaciones, siguió una marcha a la clandestinidad obligada por los regímenes autoritarios y represivos a los que ponían nerviosos los cabellos largos, el ritmo frenético y las vocalizaciones llenas de rabia. Después cayó el muro de Berlín. Vino la <em>Movida</em> española con su influencia, para bien y para mal. Luego el <em>Rock en tu idioma</em>, apropiación comercial de una escena emergente que al mismo tiempo que trajo joyas invaluables, arrastró también conceptos vacíos o que reiteraban sobre los temas y actitudes que el pop fresón y baladoso habían convertido en manifiesto de homogeneidad. Y luego llegaron los noventas y dos conceptos que se mantienen elusivos a clasificación se encontraron. América Latina encontró al rock buceando en lo que creía eran sus raíces identitarias.</p>
<p>¿Cómo suena el rock latinoamericano en los noventas? Suena a la precariedad y la improvisación de las colonias populares de la ciudad  de México. A la pretendida sofisticación de una ciudad europea en otro lado, como se concibe Buenos Aires. Suena a las percusiones del trópico que se cuelan hasta las guitarras distorsionadas de los grupos del Caribe. Suenan a aspiración del <em>glamour</em> de los grupos anglosajones que llegan a las antenas de todo el continente vía <em>MTV</em>. Suenan  a metales arrebatados a la salsa, a tumbadoras arrendadas al son, a acordeones norteños transistorizados, a violines huapangueros, a quenas y zampoñas de la tradición andina. Suenan a grito pelado pero-sigo-siendo-el-rey, a barra brava en partido de finales, a consignas callejeras, a discursos ecologistas, a salidas colectivas del clóset sexual, a protesta política edulcorada y raras veces llevada hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>No aparecía, desde la Revolución Cubana y su explosión de compositores de la Nueva Trova Cubana, una corriente musical que se volviera tendencia. Lo había conseguido el denominado Nuevo Canto Latinoamericano en donde artistas de toda la región tomaron de las que concebían como herencia musical (en donde el referente indígena no desprovisto de su fase sacramental ligada a la iglesia prevalece) formas de hacer oír una voz acorde con su situación nacional. En ese sentido, una situación nacional signada por la oposición a los efectos que la Guerra Fría tenía sobre los territorios latinoamericanos. Y con guiños que eran complicidades simbólicas al proceso cubano. El rock de los noventas retomará en lo musical mucha de esa búsqueda que los folkloristas hicieron en su época (baste ver a Café Tacuba de México, Los Tres de Chile o Aterciopelados de Colombia), aunque también la exploración de sendas que apuntaban a lo urbano como transformación de una realidad latinoamericana que ya no quería ser específicamente urbana se nota en propuestas que aluden a los barrios y los saberes de la gran ciudad (Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio en México, Los Fabulosos Cadillacs en Argentina) y, más allá, los que reflejan cómo las influencias que provenían sobre todo del rock inglés y norteamericano se convertía en referente para crear algo que era híbrido, como el mundo que les había tocado habitar (Caifanes en México, Soda Estéreo en Argentina, La Ley en Chile). La mayoría de ellos llega al éxito comercial y las giras internacionales se animan con esa identidad exótica que planteaba un lenguaje en esencia universal, el rock, con la descripción de una situación sociopolítica específica: América Latina. Otros eventos acelerarían esa búsqueda.</p>
<p>Las década de los noventas trajo para América Latina una serie de acontecimientos que reconfiguraron su autoconcepto de identidad. Tal vez el que más resonancia tuvo por su referencia a la historia colonial haya sido el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el estado mexicano de Chiapas. Alrededor de la idea de revolución, por lo demás una idea perenne y permanente en el imaginario latinoamericano, la reivindicación indígena arrastró tras de sí  una serie de canciones, grupos y acciones que le daban dinamismo a un reclamo ancestral que se dejaba escuchar en un tiempo que no sincronizaba, precisamente, con el tiempo en que se hacían los reclamos. Esa falta de sincronía, el aviso de ingreso de México al Primer Mundo el mismo día que indios armados con palos reclamaban sus derechos, es una de las cuestiones que resalta en un alto contraste que pretenda explicar la explosión de manifestaciones que buscaban reafirmar (o reconstruir) una identidad musical que había sido sometida a los designios del mercado internacional de la música pop, o al reciclaje de las diversas manifestaciones del folclor de cada región. Más allá de esa inclusión de lo festivo, otro cliché de lo latinoamericano, conviene detenerse a pensar en los discursos líricos que tal proceso trajo consigo.</p>
<p>Una frase del subcomandante Marcos sintetiza de manera inmejorable la relación que los latinoamericanos han establecido con las comunidades sobrevivientes de culturas que remontan sus orígenes a la época prehispánica: “Nos enorgullecemos de nuestros indios muertos, pero rechazamos a los indios vivos”. Es decir, muchos de los discursos de apropiación de lo indígena a la identidad latinoamericana pasa más por la fascinación de las grandes civilizaciones (tanto las del altiplano mexicano como las de la región de los Andes) que por una comprensión profunda de las necesidades actuales de esas comunidades dentro del marco de comprensión del capitalismo contemporáneo.</p>
<p>Durante la década de los noventas, la imagen del indio se estableció en la del natural despojado y abusado, en la del indio que estaba consciente de su situación y se alistaba para ir a la revolución. Idea que en la América Latina posterior a la Revolución Cubana quiere decir “tomar las armas”, aunque entre el historial de rebeliones indígenas que pueblan la crónica de la región se cuenten más fracasos que triunfos en regla.</p>
<p>La presencia del EZLN en ese final del siglo XX quedó signado por la grabación de un disco cuyas ganancias se destinaron, según esto, a apoyar el movimiento. <em>Juntos por Chiapas </em>se llamó ese material que incluía canciones de artistas de todo el continente: Paralamas do Sucesso de Brasil, Los Tres de Chile, Café Tacuba, El Tri y La Maldita Vecindad de México, Fito Páez, Charly García, León Gieco, Mercedes Sosa, Illya Kuryaki &amp; The Valderramas, Andrés Calamaro, Divididos y Los Guarros de Argentina. La inclusión de Mercedes Sosa y León Gieco pone en evidencia la influencia que ese rock latinoamericano noventero tuvo con el Canto Nuevo y demás versiones. Hoy es un material prácticamente inconseguible.</p>
<p>El rock  que se hace actualmente en América Latina ha crecido en las posibilidades de su ejecución técnica, ha perdido, en cambio, en la exploración de los elementos que lo puedan acercar a sus referentes nacionales o regionales. La etiqueta de lo <em>indie </em> como lo que se ubica fuera del <em>mainstream </em>tiene la misma eficacia que tuvo la etiqueta de lo <em>alternativo </em>durante los noventas. Al final, y si se toman en cuenta los contextos temporales y espaciales específicos, la mayoría de las manifestaciones musicales terminan, mientras buscan un reconocimiento más amplio, en los terrenos de la industria establecida.</p>
<p>“Los indios que murieron en el Sur/ andaban de rebeldes pidiendo <em>manicure</em>”, dice Resorte en una de sus canciones. “Hombre blanco, mi mente no está en blanco/ ¿cuántos indios más deben morir?”, alegan los muchachos de Illya Kuryaki &amp; The Valderramas. “Buscar, buscando la luz/ en medio de la noche/ del lado del olvido/ ¿cuántos siglos han pasado?/ ¿cuánto dolor olvidado?”, cuestiona Santa Sabina. “Yo tengo sangre americana/ de una América que estaba antes del nombre”, apunta desde Colombia el grupo Bacilos. “¿En dónde se paró el águila, parientes de Hernán Colón?/ Ay, jijos de La Llorona y jijos de Santo Clós”, cantaban desmadrosamente los músicos de Botellita de Jerez. “El tlatoani del barrio era de La Lagunilla/ […] bailaba cha-cha-chá y mambo/ y el nuevo ritmo del rock &amp; roll”, apuntan con luces, quizás no sospechadas, unos versos de Café Tacuba.</p>
<p>Los noventa empujaron, en un ejercicio que no se había hecho de manera abierta en ninguna otra época, la posibilidad de la memoria. Y uno de los campos donde ésta se ejerció fue en el rock. Más que nunca se exploraron los eventos que nuestros países habían vivido de manera traumática en las décadas anteriores e inmediatas. Se permitió la referencia casi literal en donde lo más que se había conseguido era la transgresión por medio de la metáfora sumamente elaborada. Se abordaron los horrores de las dictaduras, las de antes y las que corrían, la corrupción de los gobiernos, los dramas de la migración. Y sin embargo, a pesar de toda la euforia catártica que generaban, quedaron en propuestas pasteurizadas casi de origen.</p>
<p>“Madre ponme en la chaqueta las medallas/ los zapatos ya no me los puedo poner/ mis dos piernas se quedaron en Malvinas/ el mal vino no me deja reponer”, dice Fito Páez en Argentina. “Esas calles se nublaron, se perdieron en la sombra/ del remordimiento que ahora te hace caer/ y yo quiero que te caigas, y que caigas de rodillas/ te escupan en la cara y que sepas morir”, apuntan Los Tres en Chile. “Ha llovido tanto después de ese paso/ del famoso caso del fifty nine/ esto no es un insulto/ creo que ha llegado el punto/ que se moviese un poco esta city life”, frasean los Orishas en Cuba. “Nadie vio a los muertos de Irak/ en sus pantallas/ ¿cuántos serán?/ ¿Fuego artificial o son bombas que estallan?/ se ven igual”, susurraba Seru Girán. “Gente que vive en la pobreza,/ nadie hace nada porque a nadie le interesa/ la gente de arriba te detesta/ hay más gente que quiere que caigan sus cabezas./ Si le das más poder al poder,/ más duro te van a venir a coger”, sentencia siniestramente Molotov.</p>
<p>En los años sesentas los charros mexicanos se enfrentaban a los rockeros en películas en donde la moral estaba en la idealización de lo que de rural quedaba en el imaginario colectivo del cine de la época de oro. En el Sur las dictaduras perseguían a los chicos con pelo largo y los despelucaban en ceremonias públicas y humillantes. En lugares insalubres y cuasi-clandestinos se refugiaba el rock básico que sonaba más a blues y troca descompuesta que a rock psicodélico: hoyos fonquis les llamaron en México. En otros lugares, la metáfora alcanzó niveles de expresión oracular de tan oscuros que eran sus mensajes a fin de sortear los filtros de la implacable censura. Todavía en los ochentas, militares a caballo vigilaban la salida de conciertos de un rock que hoy nos parece <em>naive</em>, pero que en aquel entonces generaban macanazos a diestra y siniestra. En ningún país de América Latina se pudo montar en escena, en la época de su mayor auge, <em>Jesucristo Súperestrella: </em>fue calificada de blasfema porque los actores cantaban rock y tenían el pelo largo. En los noventas explotó el rock en América Latina: inundó las radios, las salas de conciertos, los oídos europeos y norteamericanos. Después se confundió con todo y se desvaneció. Hoy sobreviven los fantasmas de algo que, en realidad, nunca fue lo que se propuso. O lo que sus escuchas creíamos que se proponían.</p>
<p>“La sal no sala/ y el azúcar no endulza”, canta al final un inmortal Charly García.</p>
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		<title>TOCADISCOS: Es sólo Rock’n Roll, pero me gusta</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:07:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rolando Mendoza Fajardo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Vida & estilo]]></category>
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		<description><![CDATA[El autor hace una recopilación de los excesos de los grupos y estrellas del rock, influenciados por el alcohol, las drogas, el sexo y los grandes egos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/06/vMusicaRecomen.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3425" title="COL_Tocadiscos" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2011/06/vMusicaRecomen-205x300.jpg" alt="" width="205" height="300" /></a>El rock ha pasado claramente por muchas etapas, ha evolucionado en su sonido, se ha hecho muy diverso y existen tantos estilos que es imposible abarcarlos todos. A pesar de esta evolución existe una seña de la cual nunca se ha podido desligar: el sexo y las drogas. El rock siempre ha sido asociado a los excesos, a vidas de artistas con una vida agitada, amantes de la noche, de las juergas y de las sustancias.</p>
<p>Existen muchas historias legendarias acerca de estos excesos, por ejemplo, la noche en que Freddie Mercury y su banda Queen, celebraron una fiesta para festejar el lanzamiento de su disco Jazz. La fiesta era lo más cercano a un cuento bizarro, en donde no faltaron las drogas que eran invitadas a todos los asistentes en bandejas llevadas por enanos, camareros(as) desnudos que servían la comida; el sexo estaba asegurado a los invitados ya que había profesionales prestando sus servicios, había también acróbatas, guerreros, contorsionistas, encantadores de serpientes, en fin, no faltaba nada en esa fiesta que se llamó “Sábado Noche en Sodoma”. La trágica muerte del cantante de AC/DC, es también otro ejemplo de aquellos excesos en el rock, el cantante estaba tan borracho que su amigo Alistair Kinnear, que lo acompañaba, lo dejó dormir en el asiento del coche, muchas horas después Alistair despertó y fue a ver a Bon al coche, encontrándolo aún dormido, lo llevó a un hospital en donde solo le pudieron decir que había llegado cadáver, durante la noche había vomitado y por la incómoda posición en que estaba en el coche se había ahogado, de esta manera se fue el primer cantante de la banda.</p>
<p>Otra historia de excesos fue la que protagonizó el baterista de “The Who”, el loco de Keith Moon, éste ya tenía fama de destructivo, no había concierto que no terminara con sus sabidas destrucciones de baterías, ¿cuántas habrá roto a lo largo de los años?. Existe una historia de la celebración de su cumpleaños 21: hizo una fiesta en el Hotel Holiday Inn de Flint, en donde terminó sumergiendo un coche Lincoln Continental en la piscina (otros dicen que fue un Rolls Royce), dinamitó el baño de su habitación y se paseó desnudo por el hotel, esta locura casi lo lleva a prisión, pero al final, solo tuvo que pagar los desperfectos ocasionados por su juerga. El “Shock Rock”, nombre con el que se bautizó a las presentaciones de Alice Cooper, tiene un origen producto de la casualidad, en medio de un concierto, una gallina fue a parar al escenario, Alice, con toda la adrenalina producto del espectáculo, ve al animal  y piensa “tiene alas, entonces puede volar”, coge al animal y lo lanza, evidentemente la gallina no alzó vuelo y cae donde el público que en medio de la locura termina despedazando al animal. El resultado de esto fue que la prensa y la publicidad catalogaron su espectáculo como algo muy fuerte, naciendo así este término que lo hizo aún más famoso.</p>
<p>Sin duda Guns N’ Roses es una de las bandas más peligrosas del rock, sus locuras llevadas hasta los límites y las historias sobre sus excesos han sido muy comentadas. Tanto es así que los gemidos orgásmicos que se escuchan en la canción “Rocket Queen” son reales, fueron grabados mientras Axl Rose mantenía relaciones sexuales con una ex novia de Steven Adler en el estudio de grabación.</p>
<p>El rock en español tiene en Charly García su artista más destructivo.Este genial músico ha protagonizado tantas historias que se podría escribir un libro al respecto. En el 2000 se lanza desde el noveno piso de un hotel a la piscina y milagrosamente sale ileso, en un programa de televisión le rompió los papeles que tenía la entrevistadora Susana Jiménez en donde tenía apuntadas las preguntas que le iba a realizar, tiene innumerables detenciones producto de sus ataques de ira durante sus conciertos en donde se dedicaba a romper micrófonos, equipos e instrumentos.</p>
<p>Tal vez, la historia más espeluznante que rodea al rock sea la relacionada a la banda noruega de Black Metal “Mayhem”. Su cantante se hacía llamar “Dead” por su fascinación por la muerte. En 1991 Dead se suicida de un disparo en la cabeza, previamente quiso quitarse la vida cortándose las venas del cuello y los brazos pero como iba a tardar demasiado en morir decidió darse un disparo. Dead dejó una nota que decía “<em>Sorry for all the blood</em>”. El cuerpo fue encontrado por Euronymous, guitarrista de la banda, que lejos de sorprenderse tomó fotos de esa escena, una de esas fotos fue utilizada para el disco no oficial “Dawn of the Black Hearts”.</p>
<p>Todas estas historias y muchas más han hecho que el rock sea visto con recelo, con cuidado, que se diga que todos los grupos de rock están formados por adictos, borrachos o que tienen alguna perversión. Es cierto que la muerte de muchos rockeros ha hecho que esta afirmación tome cuerpo, no se puede negar que la vida de una banda de rock está rodeada de excesos, pero también de mucho trabajo y, muchas veces, de muchos obstáculos. Muchas bandas nacieron de la nada, de un origen muy humilde, la fama y el dinero les llegó de repente, no supieron manejarlo, sucumbiendo tanto artística como físicamente. Pero no todos perdieron la cabeza, existen ejemplos de bandas que supieron llevar una carrera limpia de excesos: Bon Jovi, Stryper, U2, Coldplay, Radio Head, REM, Dave Matthews Band, etc., son ejemplos de ello.</p>
<p>Para el que es amante del rock, los excesos vienen a ser como la pimienta, el aderezo, lo que hace que se creen los mitos, que se formen historias que parecen inverosímiles pero que son reales. Es parte del mundo rock, ¿a cuántos de nosotros nos gustaría ser un “rock star” por un día?</p>
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<p><strong>Recomendaciones</strong><br />
Quiero empezar recomendando un disco que es un clásico entre los clásicos. Fue la inspiración para bandas como “Led Zeppelin”, un disco único, mezcla de blues y psicodelia, me refiero al “Disraeli Gears” de “Cream”. Un disco portentoso, lleno de riffs bluseros, distorsionados y ese sonido mágico lleno de psicodelia que solo se podía hacer a finales de los 60. Erick Clapton, el líder, fue un guitarrista innovador, tan importante en la evolución del rock como lo fue su contemporáneo Hendrix. Recomiendo su escucha, de más está reseñar las canciones, todas son un viaje, así es que aborden esa nave.</p>
<p>El otro disco que quiero recordar es el “Cocked &amp; Loaded” de “L.A. Guns”. Esta banda fue una de las dos bandas semilla de los “Guns N’ Roses”. L.A. Guns no llegó a tener ni la fama ni los millones de discos vendidos de los GNR, pero esto no significa que no tuvieran la misma calidad y actitud macarra, es más, el disco es pura furia, puro rock callejero, sucio. Rock directo, sin concesiones, un puñetazo en la cara. El disco pasa y se disfruta desde la primera escucha, Tracii Guns, líder de la banda, lo intentó pero no pudo lograr el éxito que el destino tenía reservado a sus ex compañeros en GNR, pero esto no importa, ahora podemos disfrutar de este gran disco.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>The Rolling Stones, razones de una leyenda</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:06:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavier Valiño</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cultura y arte]]></category>
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		<description><![CDATA[Un claro ejemplo de excesos y vicios, de alcohol, drogas, sexo, peleas y sobre todo rock: los Rolling Stones, por algo son leyenda]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vElectricguitar.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6237" title="vElectricGuitar" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vElectricguitar.jpg" alt="" width="295" height="240" /></a>Pocas coronas duran para siempre en el mundo del deporte y de la música y, sin embargo, hay un acuerdo generalizado en dos de ellas: Muhamad Ali (Classius Clay) fue el mejor boxeador de todos los tiempos y los Rolling Stones serán para siempre la mejor banda de rock’n’roll del mundo.</p>
<p>Al igual que Ali, ya hace bastante que los Stones han pegado su último buen derechazo y, en el año en el que la gran dama de la pantomima Mick Jagger cumple [casi] los 70, no es muy probable que ninguna de las canciones [recientes] pulverice a una nueva generación y escandalice a otra de más edad, tal y como hicieron en su esplendor de los 60 y 70, aunque “Sweet Neo Con” haya traído la polémica con ella.</p>
<p>Pero, al igual que Ali, su leyenda todavía lo domina todo. Lo que consiguieron en un período que duró más o menos unos 20 años todavía representa el listón al que todos los jóvenes con ambición deben aspirar. Son el estandarte de las bandas de rock’n’roll.</p>
<p>En 1969 los Stones giraron por los EEUU bajo la denominación de «El mejor grupo de rock’n’roll del mundo», y desde entonces nadie ha conseguido arrebatárselo. Fueron pioneros en el camino que lleva de los ídolos de adolescentes a estrellas de superestadios, justo el que los condujo de paso a las drogas, la muerte y su Satánica majestad, un camino que ahora parece el cliché del rock’n’roll pero que fue, de hecho, recorrido por primera vez por estas leyendas con arrugas. Hay muchas más que cinco razones por las que los Stones son los más grandes, pero aquí van cinco de las más importantes.</p>
<p><strong>1. Mick y Keith (también conocidos como The Glimmer Twins)</strong><br />
En el corazón de la leyenda de los Stones está el lazo profundo y fraternal entre su cantante Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards: The Glimmer Twins. Desde luego, se trata de una relación que camina precariamente entre el amor y el odio, pero es la que, sin lugar a dudas, será la relación dominante de sus vidas. No hay más que recordar que después de las noticias de que a Jagger se le había concedido el grado de Sir por las mismas autoridades que años atrás trataron de meterlo entre rejas, Richards, según sus propias palabras, montó en cólera. Semanas después parecía feliz una vez más compartiendo escenario con él. Tal es la unión que existe entre los dos.</p>
<p>Ambos representan dos extremos opuestos en el seno del grupo y nadie más que el batería Charlie Watts (a quien Jagger y Richards adoran) consigue llevarse amistosamente con los dos extremos. Por un lado está Jagger, el trepa social con pretensiones teatrales, el cerebro de los negocios detrás de la poderosa marca corporativa de los Stones, el que habitualmente se encuentra rodeado de jefes de estado, supermodelos, VIPs y todo el lujo del mundo a su alcance. En la otra esquina se encuentra Richards, el forajido callejero del rock’n’roll. Keef, como se le conoce popularmente, estrella coches, lleva armas, arrasa hoteles… También se ha metido suficiente heroína como para mantener a todo un regimiento entonado durante meses, ha llevado su carrera al mismo tiempo que otra paralela con el alcoholismo, ha conseguido que su dientes cambiaran completamente de color, se rumorea que se ha hecho una transfusión total de sangre y todavía consigue explicar cada noche cómo se debe usar una guitarra eléctrica para lograr un estado de ánimo más elevado mientras no deja de fumar. Son polos opuestos. Y, sin embargo…</p>
<p>Y, sin embargo, todavía siguen unidos por aquello que los unió en la época en la que eran casi vecinos y se encontraron por primera vez en un colegio de Kent. “Le pregunté que quería hacer”, confesó Jagger, “y me dijo que quería ser un vaquero como Roy Rogers y tocar la guitarra. Lo de Roy Rogers no me impresionó mucho, pero lo de la guitarra sí que me interesó.” Años después, Jagger todavía no consigue entender el hecho de que sin la guitarra de Richards casi nadie se interesa por él.</p>
<p>Son como siameses a los que no les gusta estar cerca, pero que saben que cualquier intento por separarlos podría ser fatal. Nunca ha habido una pareja de cantante-guitarrista como ésta. Axl Rose y Slash, Ian Brown y John Squire, Noel y Liam Gallagher… simples culebrones al lado de este teatro de envergadura.</p>
<p><strong>2. El sexo y las drogas</strong><br />
Por supuesto que los Rolling Stones no inventaron aquello de sexo, drogas y rock’n’roll; simplemente parece que lo hicieron a su medida. Evidentemente, pocos han logrado tanto rendimiento e infamia en la persecución de los placeres carnales o químicos. Como se podría prever, los dos líderes no podían haber tenido los mismos vicios, pero sí que tomaron direcciones distintas con la misma intensidad: Richards buscando el nirvana narcótico y Jagger empujado por un apetito sexual superior al de toda la Legión.</p>
<p>Todos los miembros de la banda, menos el estoico batería Charlie Watts, se han visto envueltos en algún famoso drama sexual con una exquisita belleza y, a veces, con la misma exquisita belleza al mismo tiempo.</p>
<p>La imagen más poética puede ser la de Richards esperando en su coche durante 12 horas en la puerta de una mansión de Notting Hill mientras Jagger rodaba una escena de sexo con la modelo -y entonces novia de Richards- Anita Pallenberg para la película de culto Performance, una escena tan potente que obtuvo un galardón holandés a la mejor escena pornográfica.</p>
<p>De todas formas, hay que tener en cuenta que ésa es una aparición un tanto atípica de Richards en el catálogo de intrigas sexuales de los Stones, un papel reservado casi siempre para Jagger, sin olvidar las preferencias del bajista Bill Wyman por las adolescentes.</p>
<p>Mientras que Richards se dedicaba a perseguir sus demonios por las noches, Jagger siempre prefirió a las damas de alcurnia. Marianne Faithfull, Anita Pallenberg, Bianca Jagger y Jerry Hall fueron las más famosas de sus conquistas, pero también ha habido otros miles de placeres desconocidos para el hombre al que más de una consideró como “el mejor amante”.</p>
<p>De hecho, el joven Jagger radiaba tanto atractivo que en una de sus primeras apariciones en el show de Ed Sullivan, a principios de los 60, provocó una respuesta airada por parte de los guardianes morales en todos los Estados Unidos. ¿Su crimen? Una agitación de sus caderas. Un movimiento de los labios. Un brillo en sus ojos.</p>
<p>Y aún hoy, mientras se acerca a la edad de las excursiones del IMSERSO [Instituto de Mayores y Servicios Sociales de España], continua provocando escándalos sexuales y proporcionando material para los tabloides. “El sexo es cada vez mejor”, confesó no hace mucho para explicar su promiscuidad, “mientras que las chocolatinas tienden a empeorar”.</p>
<p>En el año 65 una revista musical, Melody Maker, apareció en su portada con la pregunta: “¿Dejaría usted que su hija saliese con un Rolling Stone?”, plateando la cuestión sexual como algo que dividía a la generación del rock de la inmediatamente precedente. Enamorarse de una estrella del rock no había sido considerado algo peligroso antes de que aparecieran los Rolling Stones, y tampoco ha vuelto a ser igual de peligroso desde entonces.</p>
<p>Keith Richards y el guitarrista Brian Jones, mientras tanto, seguían otro código de placer diferente. El apetito de Jones por las drogas era tal que acabó consumiéndolo, consiguió que lo echaran del grupo en mayo del 69 y, tres meses después, acabó con él ahogado en su propia piscina. Todo ello antes de que el grupo descubriese la heroína. Desde entonces, ha habido tres adictos a la heroína en el grupo: Keith Richards, Charlie Watts (que no la probó hasta que el resto del grupo lo había dejado) y el sustituto de Brian Jones, Mick Taylor, quien se unió al grupo totalmente limpio y lo dejó convertido en un adicto irremediable y alcohólico. Además, claro está, hay que tener en cuenta los incidentes judiciales relacionados con las drogas.</p>
<p><strong>3. El escándalo</strong><br />
Un incidente destaca sobre los otros en la hoja de cargos de los Rolling Stones, ya que los enfrentó no sólo a las fuerzas de la ley y el orden, sino que puso en entredicho a una sociedad en su conjunto. En 1977, los rumores de que uno de los componentes del grupo había tenido una relación con Margaret Trudeau, la mujer del Primer Ministro de Canadá, envolvieron al grupo en una gran controversia.</p>
<p>Sin embargo, fueron sus desmanes de diez años atrás lo que amenazaron con enzarzar a todo un país en una disputa. En 1967, después de que Keith Richards, Mick Jagger y algunos amigos hubieran pasado la tarde en la casa de campo del primero viajando con el LSD, la vivienda fue tomada al asalto por la policía. A Mick Jagger le encontraron algunas anfetaminas y algo de hachís, mientras que Keith Richards fue procesado por prestar su casa para el consumo de drogas. Tras la desmesurada exposición pública del caso, Mick Jagger fue condenado a tres meses y Keith Richards a un año de prisión.</p>
<p>Muchos, por aquel entonces, pensaron que estas sentencias obedecían más a una caza emprendida por las instituciones y las clases dominantes para acabar con el peligroso rock’n’roll, algo que los Rolling Stones representaban como nadie. Ello dio lugar a una gran ola de protesta, que culminó con un famoso editorial del periódico Times.</p>
<p>La prensa más populista, mientras tanto, se centraba más en el rumor tan-ridículo-que-podría-ser-cierto de que Mick Jagger le estaba haciendo un cunnilingus a su novia Marianne Faithful cuando fue detenido con la ayuda de una chocolatina Mars.</p>
<p>Sin embargo, fue el editorial de Times y la consiguiente polémica en su país los que tuvieron un peso decisivo en el proceso judicial, consiguiendo que ambos fueron puestos en libertad sin cargos tras la correspondiente apelación. Rolling Stones 2 – Poder 1. Los Rolling Stones, como decía aquella canción de Bobby Fuller versionada por The Clash, realmente lucharon contra la justicia y, al contrario que en la canción, ellos sí salieron victoriosos.</p>
<p><strong>4. El rock’n’roll</strong><br />
¿No hemos mencionado aún que los Rolling Stones han compuesto parte del rock’n’roll más demoníaco y directo de la historia? Pues habrá que recodarlo, por si a alguien se le había pasado. Es difícil no parecer la Enciclopedia Británica al describir la importancia de proporciones bíblicas del modelo Stones, pero no hay forma de escapar a ello.</p>
<p>Han escrito las mejores canciones del rock. Incluso al principio, cuando no las componían, cuando no eran más que un grupo de versiones de oscuros blues con éxito entre el público blanco (¿Qué? ¿Alguien se creía verdaderamente que The White Stripes habían inventado la idea?), les daban una dimensión de peligro que las convertía en suyas. Pero cuando su estricto manager Andrew Loog Oldham decidió que sería una buena idea que Mick Jagger y Keith Richards emularan a John Lennon y Paul McCartney componiendo, fue cuando empezaron a labrarse su leyenda.</p>
<p>Se podrían preparar varios discos con canciones de Jagger y Richards que consiguen el extraño logro de ser personales y autobiográficas, y que, a la vez, llevan impresas la fecha de su creación. Y, sin embargo, todavía siguen siendo relevantes y contagiosas 30 años después.</p>
<p>Ya sólo los títulos destripan el signo de su tiempo, con historias de las que la mayoría de los grupos han huido: “Paint It Black” (“Píntalo de negro”), “Street Figthing Man” (“Luchador callejero”), “Sympathy For The Devil” (“Simpatía por el diablo”), “(I Can’t Get No) Satisfaction” (“(No puedo conseguir) Satisfacción”), “Let It Bleed” (“Déjalo sangrar”) o “Sister Morphine” (“Hermana Morfina”). En el momento en que Jagger se dio cuenta de que podía escribir cualquier cosa que quisiera, lo uso para componer algunos de los textos más provocadores y definitivos de la historia del rock.</p>
<p>Pero sin el Riff Humano, Jagger no hubiera sido más que un par de labios vociferando. Impulsado por el elegante pulso rítmico de Charlie Watts, Keith Richards consiguió trenzar los riffs perfectos y las melodías que definieron el rock, tan tradicionales como las de los artesanos del blues que le inspiraron y tan novedosas como las noticias de mañana. ¿Cómo lo logró? Vudú, probablemente: vudú, tabaco y güisqui de malta, convirtiéndose en una fórmula que ha inspirado varias generaciones de imitadores.</p>
<p><strong>5. El legado</strong><br />
Así que, Rolling Stones, os damos las gracias. Sin vuestra maligna influencia y vuestras asombrosas canciones, el rock’n’roll todavía estaría con nosotros y se iría a tiempo a la cama. Guns N’Roses os dan las gracias por los riffs y la imagen de forajidos. Happy Mondays os dan las gracias por hacer que la adición a las drogas parezca algo natural. Johnny Thunders os da las gracias por enseñarle como construirse una carrera. The Stone Roses os dan las gracias, especialmente por cómo comportarse a las puertas de un juzgado. Aerosmith y The Black Crowes os dan las gracias de verdad. The Strokes os dan las gracias. The White Stripes os dan las gracias. Black Rebel Motorcycle Club os dan las gracias. Oasis os dan las gracias. The Charlatans os dan las gracias. Los Sex Pistols y The Clash os dan las gracias, incluso muy a su pesar. De hecho, cualquiera que haya cogido en algún momento una guitarra, un micro, una batería y un bajo, y se haya atrevido por un momento con ellos, os da las gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Qué será lo que tiene el negro: de negros literarios y escritores fantasmas</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:05:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jose Alberto Arias Pereira</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura, lecturas y libros]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
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		<description><![CDATA[Hay quien vive de escribir.

Hay Stephen Kings, hay J.K. Rowlings, Carlos Ruiz Zafones, gente que se hace millonaria con su talento, su marca, sus palabras. Por cada uno de esos, hay miles que permanecen en la más inane existencia, hay otros que logran compaginar la escritura con otro oficio (traducción, docencia, periodismo...), miles y miles que se quedan en el camino y tiran la toalla, y en el fondo, abajo del todo, ocultos a la sombra, están ellos: escritores fantasmas, negros literarios]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">«Pon tu corazón en los textos»<br />
Grabado hallado en una tumba egipcia</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vAnonimo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6356" title="vAnonimo" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vAnonimo.jpg" alt="" width="240" height="320" /></a>Hay quien vive de escribir.</p>
<p>Hay Stephen Kings, hay J.K. Rowlings, Carlos Ruiz Zafones, gente que se hace millonaria con su talento, su marca, sus palabras. Por cada uno de esos, hay miles que permanecen en la más inane existencia, hay otros que logran compaginar la escritura con otro oficio (traducción, docencia, periodismo&#8230;), miles y miles que se quedan en el camino y tiran la toalla, y en el fondo, abajo del todo, ocultos a la sombra, están ellos: escritores fantasmas, negros literarios.</p>
<p>Ante la extendida (y, visto lo visto, lógica) perspectiva de que el talento es algo innato y la constante mercantilización de la literatura, es evidente que a este respecto algún iluminado tendría que buscarle una fuente de beneficios. No todos los seres humanos pueden ser Rafa Nadal o Whitney Houston por mucho que trabajen sus aptitudes. Un buen deportista o un buen cantante debe tener aptitudes, esto es, debe nacer con la potencialidad de convertirse en ello, y a través del trabajo y entretenimiento logrará o no alcanzar la cima del ámbito en cuestión. Con la literatura, pues, sucede más de lo mismo: puede nacer una persona con talento para escribir, ésa es la parte innata, y podrá desarrollarla con esfuerzo y las herramientas que proporciona el mundo en que vivimos: talleres de escritura creativa, espacios de creación en internet. En el caso contrario, una persona que nazca sin ese talento, por muchos cursos de escritura y tertulias literarias en que participe jamás logrará la excelencia en las letras; podrá escribir libros, claro está, pero no será un escritor.</p>
<p>Volvamos a la visión materialista de la literatura. La cultura supone una ingente fuente de ingresos para un país, si ésta se gestiona y promociona bien. Dado que no todo el mundo tiene el talento, tarde o temprano se crearía el concepto de escritura fantasma: gente que paga a otra gente para que escriba textos en su nombre. La práctica, aparentemente poco ética o extravagante, está muy extendida en diversos ámbitos, no sólo en el de la literatura. Hagamos, pues, un breve recorrido por cada uno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Medicina</strong><br />
Más allá de que en un equipo de investigadores que publica un trabajo al final no conste el nombre de todos los miembros implicados (esto es especialmente significativo cuando hay becarios de por medio), en el ámbito científico y médico es muy común que médicos o investigadores, especialistas en un área concreta, firmen textos como si fueran los autores para darles cierto valor profesional. Por lo general, una farmacéutica o cualquier organismo interesado en dar a conocer un producto o servicio médico encarga el texto a un escritor profesional (el negro en cuestión), y una vez que éste lo entrega y renuncia a sus derechos sobre él, busca un especialista a quien también paga para que use su nombre aparezca detrás de al investigación que respalda al producto o servicio. Es evidente que los fines de esta escritura velada son publicitarios y hay ánimo de lucro de por medio. Si no, no se entendería que alguien fuera capaz de pagar dos veces para lograr una publicación.</p>
<p>Lo interesante de este caso no es que ponga sólo en cuestión la ética del escritor encubierto, sino la del profesional que se expone a vender su nombre y su reconocimiento dentro de la comunidad científica. Existen comités de regulación de estas prácticas, ya que se supone que si el doctor Serrano firma una investigación sobre los efectos antialérgicos de esta pomada, el doctor Serrano ha pasado meses investigando sobre el tema hasta dar con el producto, cuando la verdad es otra: trabajan a la sombra los verdaderos investigadores o fabricantes del producto, el escritor que redacta el estudio y el médico que pone su nombre sin haber intervenido, pero quien saca verdadero beneficio de todo es la mano que mueve los hilos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>No ficción</strong><br />
Manuales de cocina, libros de divulgación sobre la fauna y flora de Alaska, lecturas breves para niños sobre la historia de la humanidad, libros de autoayuda&#8230; Todos estos libros los tiene que escribir alguien. Un editor ve, por ejemplo, que la temática zombie está de moda y decide que quiere tener un volumen cuanto más gordo, mejor, sobre los orígenes del mito y las sucesivas apariciones de los no muertos en la ficción hasta la actualidad. Para ello, decide contratar un negro cualquiera. Si le sale bien la jugada, logra que el responsable de una serie o película de temática Z acceda a firmar el libro como propio, de modo que el negro no podrá reclamar el libro como suyo.</p>
<p>Manuales de instrucciones, libros de texto, cualquier escrito derivado del merchandising de un producto que vende mucho ha sido redactado por escritores profesionales que aceptan el encargo a pesar de que no obtendrán reconocimiento. La no ficción es probablemente donde menos se valora el trabajo de los escritores, ya que se trata de una especie de trabajo en cadena donde no hace falta poner el alma, sólo cumplir el encargo con presteza. De todos modos, es preciso hacer una distinción entre negros y escritores por encargo, ya que estos últimos, aunque en definitiva siguen el mismo proceso laboral que los negros, firman sus trabajos y, por ende, la propiedad intelectual de sus textos sigue siendo suya.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Famosos</strong><br />
Hoy en día basta con plantarse en una librería para encontrar libros como <em>Justin Biever: primeros pasos hacia la eternidad</em>, <em>Rafa</em>, autobiografía de Rafa Nadal, <em>Jorge Lorenzo: Por fuera desde dentro</em> o <em>Dani Martín: Soñar no es de locos</em>, todas ellas (auto)biografías de personajes públicos que se venden como productos propios. No hay que ser demasiado inteligente para saber que Jorge Lorenzo o Justin Bieber no tienen los conocimientos ni la capacidad de escribir un libro completo por una sencilla razón: talento y formación. Gusten o no, son los primeros en sus ámbitos porque tienen dotes para aquello a lo que se dedican, pero no para escribir. Así, una editorial que ve las posibilidades de vender libros como churros, propone al personaje público sacar adelante unas memorias o autobiografía con la ayuda de un escritor profesional, el negro de turno. El proceso de trabajo supone un esfuerzo sólo para el escritor, quien se tiene que documentar, entrevistar al protagonista del proyecto o a su entorno, familia y conocidos, para aportar una visión lo más realista y amplia del personaje en cuestión. En muchas ocasiones, ni siquiera aparece el nombre del autor; la mayoría de las veces, lo hace eclipsado por el del famoso, bien con una fuente de tamaño ridículo en la portada, bien entre los datos técnicos de la publicación; otro modo de encubrir esta práctica es poner al negro como colaborador del supuesto autor. De este modo, hay una amplia franja de exposición, de la más cínica omisión a la muy poco común coautoría. Una vez más, el gran beneficiado aquí es quien mueve los hilos de sus pequeñas marionetas, por norma general el editor o la empresa editorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Políticos</strong><br />
Quien haya visto <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em> sabrá que detrás de la imagen del presidente de un país hay todo un gabinete especializado en el mínimo aspecto, por supuesto también su oratoria. Si bien es imprescindible que el político sea capaz de defenderse de forma natural ante su adversario -para eso están los debates y los cara a cara-, es preciso que tras un buen político haya incluso mejores escritores. A la hora de apelar a la población, sólo el mejor plumilla será capaz de llegar a todo el mundo sin resultar impostado, mentiroso o barato. Por este motivo, los políticos cuentan con escritores que preparan sus discursos aun cuando sea el propio político quien tome la iniciativa al respecto. Estos escritores, que suelen ser hombres de confianza del político, también revisan o modifican los escritos originales para alcanzar cuotas elevadas de credibilidad, por paradójico que suene. Así, políticos como Hillary Clinton o Ronald Reagan, por citar sólo dos, han contado con negros literarios para la escritura de sus memorias por cifras astronómicas. Algunos políticos se vanaglorian de ello, aunque otros sólo lo ven como un mecanismo más en la intrincada carrera política. El propio presidente Kennedy debía gran parte de su gloria a varios títulos atribuidos a su autoría.</p>
<p>De hecho, en países como Francia no está mal considerado el papel del negro o plumilla (plume), y fue en esta lengua donde comenzó a utilizarse el término négre litteraire, y todos los presidentes de la República han contado con negros ilustres, de François Mitterand a Nicholas Sarkozy, pasando por Chirac. Churchill, sin ir más lejos, obtuvo el premio Nobel de Literatura, galardón otorgado a nombres de la talla de García Márquez o Saramago, por &#8220;su dominio de la descripción histórica y biográfica, así como su brillante oratoria en defensa de los valores humanos&#8221;. Lo de los negros literarios no es algo exclusivo de los presidentes, ya que meros candidatos y ministros también abusan de esta práctica, como la popular Ministra de Cultura Pilar del Castillo, que firmó artículos académicos que no había escrito<a title="" href="#_ftn1"> [1]</a>.</p>
<p>No es de extrañar tampoco que los políticos adopten a guionistas como autores de sus discursos vistos los resultados y la magnífica escritura de las plumas que habitan tras <em>The good wife</em>, <em>The West Wing</em> o <em>Six Feet Under</em>, por poner varios ejemplos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cibernegros</strong><br />
Con la aparición de Internet y, sobre todo, el surgimiento de redes sociales y blogs, muchas son las empresas que, superadas por el requerimiento constante de contenidos y la corrección que se exige en el ámbito profesional, no pueden sino contar con la colaboración de escritores profesionales para que se hagan cargo de ello. No sólo de aportar contenidos nuevos y constantes, sino de interactuar con los usuarios a través de las redes sociales y ya no se trata sólo de escritores, sino de expertos en social marketing. Además, se les exige que adopten diversos roles para dar vida a las colas de comentarios y foros donde se habla de los productos y servicios que se anuncian.</p>
<p>La aparición de estos negros a raíz de las necesidades suscitadas por internet, ha progresado principalmente gracias al anonimato e inmediatez de la red de redes. En cuestión de segundos es posible hallar un autor dispuesto a trabajar en la otra punta del mundo, y más aún, con la calidad adecuada y tarifas ridículas. Para sobrevivir así, habría que estar todo el día escribiendo, pasar jornadas laborales de cerca de veinte horas frente al ordenador. Esto, cómo no, deriva en formas de explotación y subcontratación, si bien esto no es nuevo: el negro que contrata otro negro para cumplir sus deberes por tarifas irrisorias dada la oferta de escritores que proporciona la democracia de Internet.</p>
<p>La explotación cobra la misma forma que en cualquier otra clase de manufacturación. Al igual que proliferan los talleres de confección textil o de fabricación de armas en países legalmente desprotegidos, el editor o cliente que busca contratar un escritor negro acaba por escoger a un autor hindú o filipino a uno británico o americano para así ahorrar cerca de un ochenta por ciento de la tarifa. Esto se debe a que, si bien en los países del primer mundo se trata de proteger a los autores y la propiedad intelectual, en países menos avanzados la legislación en este ámbito no ha cubierto este terreno. Los organismos y asociaciones de escritores en Europa o América establecen unas tarifas mínimas en función del tipo de texto y su complicación, de modo que el contratante prefiere trabajar con gente en una situación irregular para ahorrar mucho dinero a cambio de un producto con la misma calidad.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Música</strong><br />
La historia de la música, como la historia de la escritura, está plagada de genios, de autores frustrados, de envidia, de talento o la ausencia de éste. Al mismísimo Mozart le pagaban para que compusiera por encargo para gente poderosa, lo que le permitió sobrevivir y dedicarse a la vez a su trabajo personal, a través del cual obtuvo prestigio y reputación; es decir, trabajar a la sombra sirvió para que compusiera sus más célebres partituras. Por tanto, siempre ha habido gente rica que ha utilizado su dinero para comprar el talento y el silencio de otros, y tal vez muchas de las obras que conocemos no existirían sin esta práctica de naturaleza poco lícita.</p>
<p>En la actualidad es aún más común que la industria musical se aproveche del talento de gente sin nombre y sin medios para destacar. Una discográfica compra cientos, miles de canciones, con la esperanza de encontrar a la próxima Katy Perry, Rihanna o Britney Spears. Luego, produce discos a porrillo, uno cada dos años, a costa de la imagen prefabricada de una estrella que apenas tiene capacidad de decisión en su carrera, a costa de auténticos compositores que nunca verán reconocida su labor.</p>
<p>Pero es sobre todo en el mundo del hip hop donde los negros han dejado de ser un tabú. Ice Cube, Jay-Z o Kanye West, los máximos representantes del género hoy en día, cuentan cada uno con su equipo de negros, y han llevado esta táctica a su última consecuencia con la creación de una página web<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> donde negros y artistas dispuestos a comprar negocian con letras de canciones. Una de las excusas más extendidas es que, al igual que hay gente con el don de cantar, hay otros especialmente finos en las artes literarias, de modo que si dos se unen, se produce un resultado, una música que de otro modo permanecería ajena al mundo. Vamos, que tener un negro es una acción caritativa con el resto de la humanidad.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>Negros literarios y literatura</strong><br />
Pero, si hay un ámbito donde se vulneran los principios de la creación, éste es el de la literatura. No es algo extraño. No son casos extremos. Está normalizado. Sólo en España hay varios cientos de negros literarios.</p>
<p>La historia del escritor fantasma o negro literario viene de lejos. Los primeros textos conocidos, de origen religioso, fueron escritos por negros a pesar de que otros se los atribuyeron más adelante. La Biblia, por ejemplo, fue escrita por decenas, quién sabe si cientos de autores que nada tenían en común, apilados bajo un mismo dogma, aunque sin firma para dotar de un aura más sacra al texto.</p>
<p>Muchos autores ahora reconocidos y respetados sobrevivieron como negros literarios: el padre del terror cósmico H.P. Lovecraft, por ejemplo, se dedicaba a escribir novelas de ciencia-ficción en cadena para Harry Houdini. Otros nombres que se dedicaban a escribir en la sombra son los de Paul Auster, Sánchez Piñol, José Luis Coll, Andrés Trapiello, Rocangliolo o el mismísimo Antoine de Saint-Exupery, de quien se llega a afirmar que escribió su obra <em>El principito</em> por encargo. Por norma general, los negros abundan en la literatura de género, a saber, ciencia-ficción, terror, novela rosa… donde el estilo se puede imitar fácilmente o se pueden escribir historias con personajes protagonistas de una saga de un autor conocido, de modo que el universo del escritor engorde de manera extravagante. También es muy frecuente que escritores que han fallecido con novelas a medio escribir las hayan dejado casi listas, o ésta es la idea que se vende siempre. Se contrata al negro para que reescriba la novela como lo habría hecho el autor, no importa si sólo tenía el prólogo o 564 páginas, y cuando está lista, se lanza al mercado editorial sin más preámbulos. De ahí probablemente las suspicacias con las que se reciben los trabajos póstumos de Roberto Bolaño o, especialmente, José Saramago.</p>
<p>En el otro lado de la balanza se encuentran autores a quienes se les conocen negros, a quienes se les presupone o de quienes hay sospechas. Suelen ser casos de autores que venden muchísimo, esto es, autores de <em>best sellers</em> como Stephen King, quien en plenos desvaríos de drogadicción era capaz de entregar libros de cientos de páginas a su editor. Es muy conocido el caso de Tom Clancy, cuyos libros escritos en la última década están firmados por él conjuntamente con sus negros, demostrando una vez más que es prácticamente imposible mantener la fábrica de exitazos por una sola persona. Pocos casos lo confirman, como el de la autora Corín Tellado, fallecida el año 2009, quien escribió la friolera 4000 títulos, en su mayoría novelitas rosas, muchas de ellas publicadas bajo diversos pseudónimos. Sólo así parece posible vivir de la literatura, con una obra ingente de dudosa calidad. Si algo no se le podía reprochar a Tellado era su indudable honestidad.</p>
<p>Algunos autores no tienen reparos en admitir que sus libros los han escrito negros. Es el caso, por ejemplo, del madrileño Sánchez Dragó, que, a pesar de haber sido negro literario durante su juventud, no duda en afirmar en una entrevista<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> que a él le preparan los libros y él sólo los firma, a pesar de que ni siquiera ha leído el último. Aquí entra el dilema mayor: ¿pueden considerarse esos libros literatura? ¿Es lícito que la obra de una persona se haga pasar por la de otro? ¿Debería sentirse estafado alguien que ha pagado por leer a Sánchez Dragó y está leyendo a un desconocido?</p>
<p>Afortunadamente, estos casos son los menos. Los autores más reputados dentro del ámbito literario trabajan exhaustivamente en sus obras, pulen su estilo y saben defender sus trabajos a ultranza. De hecho, la mayoría publican pocos libros, ya que un trabajo serio de novela requiere mucho tiempo y trabajo, desde la etapa de documentación al lento desarrollo, junto a las múltiples correcciones a las que someten los autores sus libros. Pueden, no obstante, contratar los servicios de un negro para ciertas etapas de la novela, puntos concretos como la documentación o corrección, a menudo aspectos farragosos, de modo que sólo se tengan que preocupar por el proceso creativo. Aunque esa parte del trabajo no quede tampoco registrada, es bastante habitual en el mundo editorial.</p>
<p>Pero aquí, antes de dar nombres y apellidos, tal vez lo importante sea enumerar algunas de las numerosas anécdotas derivadas del empleo de negros literarios: una de las más curiosas, por descabellada, es la de que William Shakespeare pudo no existir, y que en realidad se trataba de un seudónimo de un noble que quería publicar su obra bajo anonimato o la obra de un grupo de escritores que pretendían cambiar la sociedad a través de un personaje creado por ellos, el mismísimo Shakespeare.</p>
<p>Otra anécdota llamativa es la de Alejandro Dumas, a quien se le aproximó un hombre en el funeral de su negro, y reconoció ser el negro de su negro. Dado que ambos se encontraban profundamente afligidos, resolvieron trabajar juntos para salir ganando los dos. Y es que el caso de Dumas es especialmente llamativo: se dice que contó con numerosos negros con quienes trabajaba a medias dividiendo el trabajo en partes del proceso, y aunque Dumas se llevaba la fama, mantenía buena amistad con sus escritores.</p>
<p>En cuanto a las letras españolas, Rubén Darío contaba con un negro, aunque no en el exacto sentido de la palabra, ya que contrató a Alejandro Sawa para que le escribiera un artículo para publicar en La Nación, y como Darío no le pagaba, Sawa hizo público el entuerto. Y es que es muy frecuente que a los negros se les pague mal, poco, o a veces no se les pague. También están en entredicho César Vidal y el inefable Arturo Pérez-Reverte <a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>También son célebres los casos de Ana Rosa Quintana, Jorge Bucay o Alfredo Bryce entre aquellos que, debido a acusaciones de plagio, se vieron obligados a admitir la existencia de negros tras su obra. A veces, el negro, sobre todo cuando no es demasiado profesional o se le presiona por encima de sus posibilidades, puede sentir la intención de boicotear el trabajo copiando párrafos enteros de otros libros e inventando sin ton ni son para completar el encargo y cobrar.</p>
<p>También son interesantes las historias de negros que completan novelas ganadoras de premios porque no llegan al fallo oficial por cuestiones de tiempo, lo que deja entrever una vez más la poca fiabilidad de los premios literarios y la falta de honestidad de muchos autores. Aunque, sin duda alguna, la historia más llamativa de todas es la que atribuye la autoría de una novela de Saddam Husein a un negro estadounidense. Ver para creer&#8230;</p>
<p>El novelista Manu Manzano, que comenzó escribiendo para un gran grupo editorial, confiesa haber inventado novelas firmadas por autores inexistentes en las que supuestamente se habían basado películas o series de éxito, así como convertir borradores de apenas veinte páginas en novelas de más de trescientas. ¿Qué lleva, pues, a un escritor a tomar la decisión de hacerse negro y escribir para otros, ocultarse en la sombra, volverse un fantasma a voluntad? Principalmente, la economía. El trabajo de negro literario está muy bien pagado. Con las tarifas que ofrecen las páginas web<a title="" href="#_ftn5"> [5]</a> de escritores por encargo y negro, un autor podría obtener beneficios para vivir holgadamente, mucho más que un escritor que publica bajo su nombre y vende una cantidad media. Así pues, no es de extrañar que parezca tentador lo de hacerse escritor a la sombra. No obstante, se pueden encontrar más motivos: vivir de escribir, el sueño que todo escritor desea, sin horarios ni oficina, sólo plazos y los encargos que cada cual quiera aceptar. Además, el tiempo libre se puede invertir en la creación propia, de modo que ésta no se vea afectada; es más, puede servir lo de negro literario como ejercicio para mejorar y experimentar con géneros y estilos de otro modo imposibles. Si atendemos a criterios románticos, también es evidente que, de otro modo, sin negros muchas historias nunca verían la luz, no arrojarían su magia sobre el mundo.</p>
<p>Pero aquí cabe otra reflexión: ¿cómo se atrevería alguien que ama tanto las letras, que no sabe otra cosa en el mundo que escribir, a prostituir su don? ¿Serías capaz de pactar con el diablo a cambio de un sueldo estable? ¿Es literatura lo que sale de esa situación, de esas manos, de ese corazón? ¿Cuántas veces nos habrán engañado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong><br />
[1] http://elpais.com/diario/2001/01/02/cvalenciana/978466684_850215.html<br />
[2] http://raprebirth.com/<br />
[3] http://www.youtube.com/watch?v=qyKVGQb6kro<br />
[4] http://www.periodistas-es.org/my-blog-dashboard/octavio-colis/arturo-perez-reverte-de-copias-robos-falsificaciones-y-plagios<br />
[5] http://www.escritoresporencargo.com/</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Lo fugitivo permanece y dura</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:04:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mael Aglaia</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura, lecturas y libros]]></category>
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		<description><![CDATA[El autor nos cuenta que fue lo que pasó en el caso Alatriste, a raíz del prestigioso premio literario que recibió, y las consecuencias de una práctica poco o nada de literaria de copiar párrafos enteros sin citar a los autores]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="padding-left: 30px; text-align: right;">«Lo que sí ya resulta más extraño es que los eruditos de hoy sigan hablando de este verso maravilloso sin hacer caso para nada de la observación un tanto despectiva de [Samuel] Johnson, ni explicarnos qué cosa sea Janus Vitalis, que Quevedo debió de conocer, pero que hoy todo el mundo ha olvidado.»<br />
Augusto Monterroso (en La palabra mágica, 1984)</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vPortapapeles.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6295" title="vPortapapeles" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/vPortapapeles-300x175.jpg" alt="" width="300" height="175" /></a>Uno de los reconocimientos literarios más importantes en México es el Premio Xavier Villaurrutia, «de escritores para escritores»; este año, en enero, se anunció que el escritor Sealtiel Alatriste (al momento coordinador de Difusión Cultural de la UNAM) recibiría tal reconocimiento por sus obras <em>Ensayo sobre la ilusión</em> (Alfaguara 2011) y <em>Geografía de la ilusión</em> (Taurus 2011). Tras el anuncio, Gabriel Zaid (escritor reconocido en 1972 con dicho premio) publicó en la página web de la revista <em>Letras Libres</em> su opinión al respecto: «Desgracias literarias» (25/01/2012). La queja fue básicamente por el desatino, i.e., premiar la mediocridad y responder a intereses institucionales más que a los literarios. A la par, Guillermo Sheridan (escritor reconocido en 1989 con dicho premio) publicó y recordó —también en <em>Letras Libres</em>— el porqué había motivo para dudar de la valía del escritor Alatriste: «Un premio mal habido» (25/01/2012). Sheridan señaló párrafos de textos copiados que el aludido, en artículos con su firma, no citó apropiadamente. También, y años antes —en «Ateniéndonos a los textos» (29/01/2008)—, el mismo Sheridan, con la ayuda de un lector, había señalado (otras) copias que Alatriste hiciera de líneas de otros textos y el cómo, sencillamente, las incluyó en sus artículos sin alguna referencia. Dicho de otro modo, la explicación para la molestia de los escritores Zaid y Sheridan fue esa peculiar manera de escribir del señor Alatriste.</p>
<p>Cientos de comentarios siguieron, sobre todo, a los escrito por Sheridan; días después él publicaría otro artículo al respecto: «Plagiar no es Puma» (01/02/2012). El título obedeció a las respuestas que tuvo ese recordatorio/explicación de Sheridan: «pena que un escritor [funcionario de la UNAM] engañe». El engaño no se refería por supuesto a las verdades de las mentiras de la literatura de Alatriste, sino a las burdas copias… a sus plagios. Las respuestas, pues, tuvieron como protagonista a la UNAM y, en menor medida —al menos en esos primeros comentarios—, a las copias à la Alatriste. Así, las observaciones de Sheridan (y Zaid) fueron tomadas a mal por, primero, haber metido a la UNAM en su queja contra el premio y el premiado, y, segundo, por hacerlo a través del señalamiento de plagios realizados por Alatriste.</p>
<p>Todo ello mereció la atención de contados medios mexicanos y de reconocidos intelectuales como el profesor Jesús Silva-Herzog Márquez, quien es su blog habló del «fraude cometido por un servidor público y de la indiferencia de la opinión pública ante el plagio» (en «Celebración del plagio», 06/02/2012). Días antes, el escritor Alatriste, quien no había respondido a tales señalamientos de las copias encontradas en su trabajo como escritor, lee en una presentación de sus recién premiadas obras el texto «Sobre la naturaleza de lo original». Ahí, Alatriste explicó que algunas de las líneas que hubiera escrito y que resultaran idénticas a las de otro texto que no sea de su autoría, ello sería más bien «una especie de cita literaria elevada al cuadrado». Sheridan vuelve al tema (en «Que me equivoqué: que no son plagios», 08/02/2012) y subraya, además de esa curiosa explicación, un párrafo de uno de los artículos de Alatriste junto con el de un escritor español y demuestra, con líneas en realidad idénticas, de qué va la «cita literaria elevada al cuadrado»: de copiar y pegar. Dos días después, Sheridan cierra su participación en tal polémica con un artículo («El plagiario, el mezquino, la leche», 10/02/2012) en donde i)enlista ocho trabajos de Alatriste en los que hay copiado y pegado de textos sin citar, ii)recuerda y confronta la explicación de Alatriste a esos señalamientos, y iii)responde a una indirecta de Alatriste (i.e., ser acaso «un crítico mezquino»).</p>
<p>El 14 de febrero Alatriste comunica su renuncia como coordinador de Difusión Cultural de la UNAM y, por su parte, Gabriel Zaid vuelve a la escena con su artículo «Justicia literaria» (14/02/2012), donde amén del recordatorio de los plagios, hace patente su preocupación por el lugar que Alatriste, y su trabajo, puede llegar a tener en el mundo literario y en la cultura de instituciones como la UNAM (e.g., menciona y desglosa el presupuesto para «la difusión cultural y extensión universitaria»). A partir de la renuncia más voces se hacen oír para discutir el asunto. Incluso la renuncia al premio en sí, dada a conocer por el mismo Alatriste el 15 de febrero, pasa a segundo plano… no así su explicación de los señalados párrafos: «es una copia no debida porque para ser debida tendría que ir en entrecomillado o dar la fuente»; y su defensa: «en el conjunto de mi obra yo no engaño, y en el conjunto de esos artículos yo no engaño porque la elaboración de lo sustancial de mis artículos no es lo que dicen esos párrafos» (en entrevista con la periodista Carmen Aristegui).</p>
<p>Hasta aquí el recuento. Decía de las voces y éstas merecen mención aparte. Las primeras, lo dicho, fueron las que comentaron el papel de Alatriste en la UNAM, el cómo sí había que revisar los méritos de un funcionario que, como insistía gente como Sheridan, hacía uso de unas prácticas que, principalmente en el ámbito universitario, están por demás sancionadas. De los plagios, poco a poco fueron saliendo opiniones al respecto de su papel en la literatura. Poco a poco pero no al momento, que es cuando bien pudo valer la pena el debate, y así aclarar, por ejemplo, hasta qué punto un escritor como Alatriste, que suele recurrir (aun cuando él mismo acote que no en lo sustancial) al copiado y pegado, merece un premio de escritores para escritores. Es decir, no fue sino hasta después de la renuncia de Alatriste que se volvió al meollo del asunto en sí: los plagios.</p>
<p>La opinión pública se dividió primero no por el plagio en sí, sino por, al parecer, el lugar de origen de los señalamientos. Aquellos que tomaban parte del debate (ya sean en los comentarios del blog de Sheridan, en Twitter o en algunas columnas de diarios mexicanos), creían ver en todo esto un mero asunto de grupos contra grupos. Como fuere, poco a poco se comenzó a hablar sobre el plagio en el oficio de escribir. Y es que, como el propio Alatriste aclaró, todo parecía ser un asunto de «copias no debidas», i.e., no citadas, y por tanto no ha lugar cualquier acusación de plagio. Baste decir que, de acusaciones, el escritor se respaldó con argumentos legales para evitar cualquier señalamiento de «plagiario». Cuestiones legales y Alatristes aparte, escritores como Heriberto Yépez, Luigi Amara o Cristina Rivera Garza ven en el plagio —y sus, argumentan, múltiples formas— una parte más de la labor literaria, mientras que otros, como Aurelio Asiain o los mencionados Sheridan y Zaid, e incluso Silva-Herzog, defienden la originalidad de un texto —sea con citas, paráfrasis, alusiones, glosas, etcétera— y la creatividad de su autor frente al plagio, ese copiado y pegado de líneas y párrafos que, sin aclaración alguna (directa o indirecta), se dan como propias, i.e., como producto de la pluma de uno mismo y no de otros.</p>
<p>Que dos escritores hayan señalado y dado cuenta de lo inapropiado del premio a Alatriste resultó, ya se ve, polémico. Si bien ninguno de ellos discutió la calidad literaria de las dos obras premiadas del escritor, sí señalaron la frecuencia de una práctica que, en la manera de Alatriste, tiene poco o nada de literaria. Los párrafos están ahí subrayados y, dado su lugar en el momento del reconocimiento, también se cuestionó el puesto público que el escritor ejercía. En ese sentido, por ejemplo, no fue cosa menor que un ministro alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg, tuviera que renunciar (en marzo 2011) a sus cargos públicos tras el descubrimiento de plagios en su tesis doctoral: aun cuando el asunto era académico (y denunciado desde la academia), la opinión pública y el ministro mismo reconocieron la gravedad del asunto a la luz de las funciones públicas del plagiario. Con Alatriste pasaron unos días y si bien el primer comentario, las citas al cuadrado, resultó una justificación «rara», lo que siguió fue, para suerte de Alatriste, una discusión asida de definiciones y ejemplos varios donde se pretendió demostrar la validez de las copias y de los plagios en general (mas no de los de Alatriste en sí).</p>
<p>Es claro que aquellos que ven en el plagio (y lo que para ellos signifique) una manera más de hacer literatura (así como el DJ, escribiría Rivera Garza, hace sus mezclas y, finalmente, música), lo seguirán pensando… Aunque me gustaría saber sus reacciones si mañana alguien tomara sus textos y, como un DJ, los entremezclara con otras líneas (sin cambiar comas y, por supuesto, sin mencionarlos a ellos), los firmara y, sea pues, resultara premiado por toda esa su labor «literaria», ¿qué harían como escritores en sí? Alatriste se defendió arguyendo que su obra era mucho más que esos párrafos, que en ella no engañaba, que tales citas sin comillas no eran la sustancia principal de lo escrito en cada uno de los artículos; sin embargo, en uno se demostró que entre copia y copia de otras fuentes sin citar, estas llegaban a ocupar, textualmente, más del 50% del artículo. Así, después de la primer defensa (i.e., que no son plagios) y del posterior reconocimiento del error por falta de comillas, la queja de Sheridan y Zaid para con Alatriste como escritor no parecía tan errada: Alatriste renunció al premio y, a saber por qué (toda vez que ningún autor plagiado presentó cargo o denuncia alguna), dejó todo en manos de su abogado.</p>
<p>Los que hablaron más y mejor, hay que decirlo, fueron aquellos que sobre el plagio vertieron sus respectivos argumentos. Aquellos a favor han mostrado un arsenal de ejemplos donde un autor (e.g., Borges o Montaigne) escribe lo de otro sin su respectiva mención, dando así por demostrado lo natural de la copia y del plagio; ante ello, los otros han objetado con una distinción clara de plagio y otras formas de apropiación esas sí, demuestran, creadoras y, lo más, originales. Ambas partes seguramente seguirán teniendo, para bien y para mal, material de sobra: de plagios siempre hay algo escrito: permanece y dura. Pero de Alatriste y sus copias ya poco o nada se dice, al parecer su obra, incluso la premiada, hoy todo el mundo ha olvidado.</p>
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		<title>El día en que no haya necesidad. Una lucha por la igualdad</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:03:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Massegú</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad y actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Por qué debe seguir habiendo un día del Orgullo LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y las personas transgénero)? Esta debe de ser una de las preguntas que  más nos irritan y que irremediablemente escuchamos año tras año.  También nos suelen preguntar por qué no hay un día del orgullo heterosexual. La respuesta es sencilla pero al parecer nada evidente para muchos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vOrgulloGay.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6168" title="vOrgulloGay" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vOrgulloGay-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>¿Por qué debe seguir habiendo un día del Orgullo LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y las personas transgénero)? Esta debe de ser una de las preguntas que  más nos irritan y que irremediablemente escuchamos año tras año.  También nos suelen preguntar por qué no hay un día del orgullo heterosexual. La respuesta es sencilla pero al parecer nada evidente para muchos.</p>
<p>No existe un único día sino que existen 365 días del orgullo heterosexual ya que por lo general,  no ven sus derechos coartados y cuando es así por ejemplo en el ámbito laboral ya se encargan los sindicatos de organizar huelgas generales y a nadie le parece extraño.</p>
<p>El día del Orgullo Gay surge a raíz de una redada policial en el local gay Stone Wall Inn del West Village de Manhattan en 1969, durante la misma decenas de clientes del local fueron brutalmente agredidos por los agentes simplemente por ser homosexuales.  La persecución policial y las palizas no eran algo inusual, pero esa redada fue la gota que colmó el vaso y la comunidad gay de Manhattan decidió salir a la calle y manifestar públicamente su homosexualidad reclamando sus derechos fundamentales  como ciudadanos libres. Las manifestaciones se sucedieron en el West Village y las cargas policiales también.  Al colectivo LGTB se unieron las feministas y los Panteras Negras entre otros y finalmente juntos decidieron traspasar las fronteras de su barrio y dirigirse hacia el norte de la isla en la primera manifestación del orgullo gay. Los manifestantes no sabían cuál sería la reacción de los agentes cuando salieran del Village pero siguieron adelante y alcanzaron su objetivo, la persecución policial cesó y dieron el pistoletazo de salida en la carrera por la no discriminación del colectivo LGTB.</p>
<p>Hoy en día seguimos celebrando el día del orgullo gay porque todavía existen más de 50 países donde la homosexualidad está penada con multas, cárcel o muerte.</p>
<p>La Declaración Universal de Derechos Humanos, y nuestra Constitución [española] sir ir más lejos, afirma que no se discriminará a nadie por su raza, credo, género ni orientación sexual, pero la realidad es que cada día millones de personas son discriminadas por estos motivos y el día del orgullo gay intenta, una vez al año recordar  a la sociedad que existe un colectivo dentro de la misma que sigue luchando (como muchos otros) por los mismos derechos que el resto de sus conciudadanos. En el mundo, seguimos recibiendo noticias de violaciones sistemáticas de mujeres homosexuales en África. El matrimonio homosexual sólo es legal en una decena de países, en su mayoría europeos. Y esto son sólo unos pocos ejemplos (unos más dramáticos que otros). Nos manifestamos por los que no pueden disfrutar de esos derechos básicos. Fácil de entender ¿verdad?</p>
<p>Si los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales de España, y del mundo entero, somos lo suficientemente buenos para el Estado como para exigirnos los mismos deberes democráticos que a los heterosexuales y pagamos a Hacienda, contribuimos a la Seguridad Social, obedecemos la normas  y acatamos el orden social, ¿por qué entonces no deberíamos disfrutar de los mismos derechos?</p>
<p>La cuestión de los derechos de los homosexuales radica en la creencia de la homogeneidad de comportamientos humanos. En la homogeneidad del ser humano como especie. Todos pensamos y sentimos lo mismo, de lo cual se deduce que nos comportaremos de la misma manera, el margen puede ser más o menos amplio dependiendo de la radicalidad de cada uno. Creemos que estaremos de acuerdo en que  ese margen es amplísimo e influyen multitud de factores en la variabilidad de las personas.</p>
<p>La sexualidad es enormemente compleja y dinámica, esta última característica no implica que tengamos que evolucionar hacia un cambio de orientación; podemos ser heterosexuales u homosexuales toda nuestra vida pero la experiencia de nuestra sexualidad va cambiando con el paso del tiempo y nuestras interacciones. En realidad, todas las preguntas que intentemos responder sobre la sexualidad son irrelevantes. Es lo que hay, somos así de variados y siempre y cuando mantengamos unos principios básicos (entre ellos, el de que nuestras relaciones han de ser siempre consentidas y entre adultos), así nuestra sexualidad es digna, siempre.</p>
<p>Sin embargo, en las sociedades existe un notable empeño por considerar  la diversidad como algo susceptible de ser germen para la enfermedad o la maldad. Lo diferente asusta y dado el esfuerzo dedicado contra nuestros derechos debe ser que los gays y las lesbianas damos mucho miedo.</p>
<p>Sin ir más lejos, en España tenemos El Foro de la Familia arengado por el Arzobispado Español. Recientemente el Papa Benedicto XVI, en su discurso de Año Nuevo de 2012 afirmó que el matrimonio homosexual pone en grave peligro a la familia.  Y nos preguntamos ¿en qué se basan para afirmar semejante barbaridad? ¿A qué expertos consultan ellos?  Como sean todos como Aquilino Polaino [*] vamos por mal camino.  Hasta ahora ningún estudio científico ha demostrado que los niños de familias homoparentales sufran ningún tipo de trastorno sino que al contrario tienden a ser más tolerantes. En España se puede consultar el estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco [1].</p>
<p>El argumento de que un niño necesita un padre y una madre resulta cansino y poco convincente, si este es su argumento más sólido deberían manifestarse también en contra de  las familias monoparentales,  cargar sus tintas en contra de las madres/padres solteros, los divorciados con custodia única y también los viudos y viudas con hijos, ninguno de ellos les puede proporcionar un progenitor de cada sexo a su hijo.   Pero si se manifestaran en contra de ellos entonces les llamarían locos, ¿no?  ¿Quién saldría a manifestarse para decir que los viudos no deben criar niños?   Queda claro lo absurdo de esta máxima  que defienden quienes  nos  llaman invertidos y anormales.</p>
<p>Un niño necesita personas que le quieran,  le cuiden y le eduquen en el amor, el respeto, la tolerancia y la empatía y no en la discriminación y el acoso disfrazado de buenas intenciones. Lo que destruye la familia es el maltrato, el abandono, el no dedicar tiempo a la educación de los hijos, la negligencia a la hora de cubrir las necesidades de los niños… Y no el tener dos papás o dos mamás o solo uno de los dos.</p>
<p>La plenitud de derechos y el reconocimiento legal es de vital importancia por la influencia que la dimensión legal tiene sobre la psicológica. Es decir, durante el proceso de toma de consciencia de nuestra orientación sexual, cuando una persona empieza a imaginarse cómo será su futuro este no sólo está fuertemente influido por cuestiones culturales, económicas e históricas, el marco legal vigente en su país también influye en la construcción de ese futuro. Nos explicamos, cuando sospechábamos que éramos homosexuales [cada una en su vida], una de las primeras cosas que tuvimos que desechar fue la idea de encontrar al príncipe azul. No fue difícil cambiar al príncipe por princesa, pero sí lo fue (ya que en aquella época aún no era legal el matrimonio entre personas del mismo sexo en España) aceptar que no podríamos casarnos y vivir una vida como la que vivieron nuestros padres, como la que vivirían nuestros amigos, o para mayor irritación como la que podría vivir cualquier desconocido independientemente de lo buena persona que fuera.  Que el matrimonio esté en decadencia no es obstáculo para que alguien crea en ello y quiera casarse. Así que durante años, a nosotras y a todos aquellos para los que casarse podía representar un momento muy importante de sus vidas nos tocó borrar esa idea de nuestras cabezas y asumir que eso del matrimonio no era para nosotros.</p>
<p>El poder decidir si casarnos, formar una familia o compartir nuestra vida con nuestros amigos sin tener que ocultar una parte muy importante de nosotros, es decisivo para el bienestar psicológico, y por ende para nuestra salud como individuos. El no disfrutar de estos derechos comporta una serie de daños colaterales, la salud se ve mermada.</p>
<p>Son muchas las razones por las que existe el Día del Orgullo Gay, ojalá llegue el día en que no haya necesidad de uno, significará que hemos alcanzado la igualdad de derechos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong><br />
[*]Psiquiatra convocado como experto por iniciativa de la derecha en España (Partido Popular)<br />
[1]. Arranz E. y Oliva, A. <em>Nuevas familias y bienestar infantil</em>. Universidad del País Vasco. Servicio Editorial Euskal Herriko Unibertsitatea. Argitarapen Zerbitzua (2011)</p>
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		<title>Mamá morfina o los límites del fuego</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:03:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Cruz Arzabal</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura, lecturas y libros]]></category>
		<category><![CDATA[Eros Alesi]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
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		<description><![CDATA[La vida y obra de un joven poeta. Como la morfina condicionó la mirada y la poesía de Eros Alesi]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vMorfina.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6173" title="vMorfina" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vMorfina-193x300.jpg" alt="" width="193" height="300" /></a>Partamos de una suposición con cara de obviedad: toda experiencia es incomunicable en su totalidad. Si todo es incomunicable, lo que hacemos al relatar nuestras experiencias a otra persona, incluso a nosotros mismos, no es sino entregar migajas de realidad. Habrá quien diga que esto es falso, que la realidad comunicable no son migajas, sino una buena parte del pastel; habrá quien apele a lo que se conoce como intersubjetividad, a grandes rasgos los acuerdos que permiten la comunicación y el sentido común, para decir que la realidad comunicable no son migajas, sino todo el pastel porque, en resumidas cuentas, es lo que hay y no se puede aspirar a más.</p>
<p>Sin embargo, haciendo <em>tabula</em> <em>rasa</em> de los desacuerdos anteriores, o a partir de ellos, pensemos que hay lenguajes más adecuados para relatar ciertas experiencias. Las experiencias límite. ¿Qué es una experiencia límite? Aquella, supongo, que rebasa las posibilidades de un sentido y se genera en todos, o en la conciencia; aquella que es más compleja que, por ejemplo, comer una manzana, aún cuando en este acto primitivo, primordial, pueda estar el germen de una complejidad infinita.</p>
<p>La muerte es, otra obviedad, el último límite de las experiencias, el incomunicable por excelencia. No es casual que la muerte sea el comparativo mayor. La muerte y su inefabilidad son dos límites en polos distintos, el fin del sujeto que experimenta y el fin del discurso que sostiene al sujeto. No es casual que el orgasmo sea la muerte diminuta, de la que se vuelve, quizá renacido. No es casual que la escatología sea el campo semántico en el que se encuentran algunos de los nombres populares de las drogas: dama blanca, jinete del Apocalipsis, caspa del diablo. El éxtasis de la droga puede ser, se sabe, un hermano de la pequeña muerte; el éxtasis infinito es, se sabe, una variación desagradable y tosca de la muerte.</p>
<p>El siglo XX fue, entre otras cosas, un siglo que tendió a los límites de lo conocido, muchas veces los borró y definió nuevos, otras veces comprobó que hay, todavía, espacio para lo ilimitado y lo efímero. El siglo XX transformó las utopías en distopías mediante la ruptura de los límites; paradójicamente, fue el arte nacido a la sombra de las distopías el que supo conjugar los límites de lo comunicable; de Ósip Maldenstam a Paul Celan, de Samuel Beckett a Joseph Brodsky.</p>
<p>El siglo XX fue, también, el siglo en el que se codificó la identidad adolescente. La subcultura juvenil, uno de los grandes códigos culturales globales, es heredera de los bohemios del <em>fin de siécle</em>, de los artistas marginados de las grandes urbes, heredera también de la música rock y de la industria musical; los adolescentes han sido quienes más rápido se han adaptado a los estratos del capitalismo pero también quienes han crecido al amparo de la burocratización de los afectos.</p>
<p>Sin embargo, cediendo al lugar común que le dio origen, hemos de aceptar que  su iconoclasia original fue fermento de muchas de las revoluciones estéticas y políticas del siglo XX. El adolescente como actor político revolucionario es un mito que ha calado hondo en las historia de las ideas; a la sombra de este mito ha crecido un hongo (entiéndase que digo hongo sin peyorar al respecto) que supone que sólo en los códigos de la adolescencia es posible escenificar los límites de lo cognoscible: el amor sexual es mejor en los veinte; la experiencia narcótica o alucinógena es perfecta antes de los treinta; el rock, resumen velocísimo de lo anterior, es morir a los 27.</p>
<p>¿Es legítimo juzgar la obra de un poeta desde su biografía? Los más puristas de la ciencia literaria dirían que no, que eso es empobrecer los poemas, anclarlos a un momento histórico que pronto será superado, dirán que es un facilismo de la crítica confundir vida y obra. En general estoy de acuerdo con estas afirmaciones, pero hace falta encontrarse con un poeta que ardió en vida y obra para confirmar que todo dogma tiende a laberinto.</p>
<p>Eros Alesi nació en 1951 y murió en 1971. No murió de muerte natural, como se le llama eufemísticamente a morir sin historia, sino aferrado al delgado hilo de la droga dura. Murió Eros Alesi de sobredosis de morfina a los veinte años. Sus poemas se publicaron dos años después de su muerte, marcados todos por el aura de un maldito que no acabó de nacer. Su poesía fue su bolsa marsupial, incubadora del nonato esteta que legó apenas un puñado de poemas duros y ardorosos como un pinchazo en el antebrazo. Eros Alesi es un poeta oculto que ha pasado de mano en mano desde que fue publicado en 1973; en México nació a mediados de los noventa de mano de las traducciones de Guillermo Fernández. Desde entonces no ha dejado de andar entre “las pasturas celestes, en las pasturas terrestres, en las pasturas marinas”.</p>
<p>Nadie dudaría en calificar la poesía de Alesi como conmovedora en su sentido prístino, que mueve el espíritu. Pero pensar que es una poesía del relato expriencial sería disminuirla en su potencia retórica. Alesi no pretende comunicar hechos sino símbolos y percepciones, sabe que su escritura es una mediación entre el mundo y el lenguaje. Se podría decir que sus poemas exploran el sustrato lingüístico de la experiencia límite, la cacofonía es la columna sonora de la isotopía, a su vez correlato semántico de lo inefable. “Cara, dolce, buona…”, también conocido como “Mamá Morfina” es su poema más recordado, quizá el mejor, quizá el que se ajusta más al mito del escritor malogrado, una evocación (en el sentido sagrado del término) de la morfina encarnada en el cuerpo del adicto:</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 30px;"><em>Querida, dulce, buena, humana, social mamá morfina. Que tú, solamente tú, dulcísima mamá morfina, me has querido bien, como yo quería. Me has amado totalmente. Yo soy el fruto de tu sangre. Que sólo tú has logrado que me sienta seguro. Que tú has logrado darme el cuantitativo de felicidad indispensable para sobrevivir. que me has dado una casa, un hotel, un puente, un tren, un portón, y los he aceptado; que me has dado todo el universo amigo. Que me has dado un rol social, que pide y da. Que a mis 15 años acepté vivir como ser humano, “hombre”, sólo porque estabas tú, que te ofreciste a crearme por segunda vez. Que me enseñaste a dar los primeros pasos. Que aprendí a decir las primeras palabras. Que sentí los primeros sufrimientos de la vida. […]</em></p>
<p>La constante sonora del poema es el fonema oclusivo. No se repite un sonido sino una interrupción, como la sensación de una goma que va deteniendo el paso de la morfina hacia la sangre. La percepción después de la morfina es la interrupción externa de los sentidos pero la eclosión interna de ellos. La morfina es el calor de la casa que afuera toma las formas del exilio; la morfina es la única intersubjetividad posible para el desahuciado, sus ideas y su lenguaje. A semejanza de “No sé qué que quedan balbuciendo” de san Juan de la Cruz, los fonemas son el acceso a la supresión de los sentidos, la representación del vacío en los límites de una lengua adormecida.</p>
<p>Quizá “Mamá Morfina” sea la última posibilidad de la mística corporal en una sociedad inmaterial. El capital es un flujo, el valor simbólico es un flujo, “todo lo sólido se desvanece en el aire” excepto el cuerpo del adicto que, tremendo, es carne arrojada al ardor de la experiencia límite.</p>
<p>La poesía de Eros Alesi es un primer paso en el quiebre de las representaciones, su escritura es autobiográfica y autofictiva, Alesi se crea de las palabras y en ellas vuelve. Alesi duda de lo social pero no del lenguaje que lo constituye. No hay en su poesía un asomo de duda metalingüística; el poeta entrega un relato sin fisuras en el nivel diegético de la experiencia. Parece que su consigna, si la hubiera, es dudar del mundo no de la carne macilenta, dudar del hombre no de su palabra. El vínculo entre el sujeto y la droga es todavía un acontecimiento sagrado. Alesi es la actualización del sacerdote antiguo, chivo expiatorio de la modernidad que se quema para limpiar a las palabras. Al final, la poesía de Alesi es un último lance del lenguaje por comunicar lo incomunicable, sus poemas son fragmentos de experiencias y sujetos quebrados.</p>
<p>Lo queda no es la muerte sino el amor al fuego. Nos ofrece cambiar un límite por otro. Alesi es un umbral, una bocanada exhausta y moribunda.</p>
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		<title>Dios no murió de causas naturales</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:02:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bitty Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[“Dios ya no es, pero lo sagrado persiste y con él persiste también la necesidad de crear una nueva moral”. Una reflexión sobre la influencia de la religión y la filosofía en el día a día de la sociedad, y la necesidad de buscar soluciones a los valores existentes]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCementerio.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6166" title="vCementerio" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/vCementerio-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Que nos concedan un milagro, que nos dejen ver a ateos y creyentes por igual, y dejar a un lado la mala interpretación de la famosa frase nietzschiana: “Dios ha muerto”. Un minuto de silencio por los que utilizan la inevitable muerte biológica del filósofo alemán como supuesto contra-argumento lúdico a su polémica e incomprendida declaración [1]. Una cadena de desacralizadas oraciones por la pronta comprensión de esta importante afirmación. Hagamos algo para que todos, todos los que caminan por la tierra contagiando el mal uso de esta frase entiendan que: Dios no murió de causas naturales, a Dios lo asesinaron.</p>
<p>Antes de continuar, y curándome en salud, advierto que esto no es un artículo académico. Es un breve texto que expone un análisis, una interpretación, una observación, y sí, como muchas de las cosas que escribo, es una confrontación. Quizás es más cosas, quizás es menos, no lo sé, pero sé que no es un artículo. Continúo.</p>
<p>El ateo que utiliza la frase “Dios ha muerto” para justificar su ateísmo no entiende el ateísmo. Tampoco comprende que la figura del ateo en Nietzsche no es superior a la del creyente; el ateo, en Nietzsche no es el superhombre. Por otro lado, el creyente que cree que la frase no aplica a él es un creyente desconectado con su entorno y poco consciente de sí mismo y de su relación con Dios. Es un creyente que se ciega ante la desacralización existente de la deidad que dice respetar como sagrada. Pocos, pero muy pocos creyentes, aún ven en Dios algo sagrado.</p>
<p>Dios no murió de causas naturales, lo asesinaron. ¿Y quién cometió dicho crimen? Nosotros. Somos nosotros mismos los asesinos de la figura de Dios, del padre nuestro que creamos junto con la moral que utilizábamos para organizar y cuidar nuestro cada día. Destruimos a nuestra creación y nuestra <em>hybris</em> no nos permite aceptar que la hemos destruido, no nos permite agarrar las cenizas de lo que hemos abrasado para construir un nuevo concepto de lo sagrado.</p>
<p>Dios ya no es, pero lo sagrado persiste y con él persiste también la necesidad de crear una nueva moral. Pero una nueva moral no puede surgir si no aceptamos que no podemos regirnos por la antigua, si no dejamos la etapa de negación del duelo por la muerte de Dios. No podemos acceder de nuevo a lo sagrado, no podemos reconstruir una moral si no aceptamos que nuestra soberbia nos llevó a asesinar a la que habíamos creado –y utilizado- durante milenios.</p>
<p>A Dios lo ahorcamos con nuestra ciencia, nuestra soberbia, nuestra pretensión y hoy en día, los ateos que agarran de bandera la frase de Nietzsche para justificar su “no creencia” son los que siguen impidiendo el acceso a lo sagrado y el comienzo de una nueva moral. También traban el proceso los creyentes que se ciegan, y a pesar de vivir vidas desacralizadas, insisten en justificar y argumentar la existencia de lo caduco.</p>
<p>Algunos leerán y pensarán, ¡qué insistencia!, si Dios ya murió qué más da cómo se interpreta una frasecita, ¡qué más da si se toman bien o mal las palabras de Nietzsche! Pero importa, importa porque como con toda muerte que vivimos, el proceso de duelo es esencial. La forma en la que nos enfrentamos a una muerte es crucial, y lo es porque negar la ausencia, la pérdida o desestimar su peso impide que nos reconstruyamos, que hagamos de la destrucción una nueva creación.</p>
<p>¿Y Dios? ¿Por qué es importante aceptar y vivir el duelo de su muerte? ¿A un ateo qué le importa si está o no está ahí, si murió o no? ¿A un creyente por qué le incumbe si otro piensa que murió? Aceptar la muerte del Dios judeocristiano es importante para todo ser inmerso en la sociedad occidental y lo es no sólo por la figura de Dios, por el Yahvé bíblico, lo es porque esa figura es mucho más que eso, es moral y es orden social. Nietzsche, al declarar la muerte de Dios, refiere a esto: la muerte de una moral que ordena y rige sociedades, y en consecuencia, la necesidad de crear una nueva. Creyentes o no creyentes. Ateos, agnósticos o espirituales, la muerte de la deidad judeocristiana concierne a todo occidental porque con ella viene la caída del sistema moral que ha regido a nuestras sociedades durante milenios. La muerte de Dios concierne a todos porque con ella llega la necesidad de buscar nuevas ideologías, de enfrentar la destrucción de lo conocido y aceptar la llegada de lo incierto.</p>
<p>Quizás un occidental enfrentándose al duelo por la muerte de Dios, uno en negación o uno en búsqueda de reconstrucción se pregunte: ¿cuál es esta moral? La moral judeocristiana. Es la estructura que llega con el judaísmo y las religiones posteriores, [2] mismas que parten de la ley y creencia judaica, del mismo texto sagrado, que comparten la ley bíblica, y como tal, una moral y cosmovisión similar. Todas, en esencia, tienen como deidad principal al mismo Dios: el Yahvé bíblico. Ésta es la moral que muere con Dios, la que occidente debe velar y enterrar para poder reconstruir tomando lo que ya no es como memoria y no como algo vigente y vivo.</p>
<p>Retomo la importancia de difundir una interpretación contextualizada de la frase “Dios ha muerto”. Nietzsche no es el único filósofo que ha sufrido por ser descontextualizado de forma masiva. Pero la situación actual indica que es un filósofo que urge retomar, es imperativo hacerle justicia a las palabras de Nietzsche pues en sus obras yacen claves para reconstruirnos, para reinventarnos. Si algo es obvio hoy, año 2012 del calendario romano, 5772  del calendario hebreo, es que Occidente ha dejado de ser funcional, que necesita imperiosamente una nueva moral. Olvidemos otra frase que hemos tomado como bandera, otra frase que hemos ido descontextualizando con el tiempo, el <em>Cogito ergo sum</em> de Descartes [3]. Dejemos de venerar a los filósofos de la razón y retomemos, de forma contextualizada y haciéndoles justicia, a los filósofos del <em>pathos</em>, del <em>eros</em>, capaces de ver al hombre como algo que no se limita a la capacidad de razonar. Dejemos el limitado pensamiento cientificista, humanicémonos nuevamente. Dejemos esa descontextualizada concepción de la filosofía cartesiana, no pensemos más que razonamos, por lo tanto somos [4]. Pienso, me destruyo, me reconstruyo, siento, observo, analizo, tengo voluntad, me enfermo, tengo instintos, impulsos, reprimo y libero, por lo tanto, soy.</p>
<p>El deseo que aquí expreso no es que todo ser humano lea la obra completa de Nietzsche. Ni siquiera que todos lean Así habló Zarathustra, La ciencia jovial o La genealogía de la moral como nueva biblia. No me atrevería a insultar a Nietzsche así, no me atrevería a pedir que su palabra se tomara como palabra santa, pues Nietzsche, como todo ser humano, es falible, tan falible que me atrevo a decir que algunos de sus pasajes rayan en lo bárbaro. No, no pido que se lea a Nietzsche como nuevo texto sagrado. Pido que si vamos a continuar masificando una frase tan importante, lo hagamos transmitiendo una interpretación que no dañe. Pido que reconozcamos lo que está frente a nosotros, dejemos la negación, y emprendamos el necesario duelo por la muerte de Dios, para poder reconstruir nuestra sociedad, para crear una nueva moral. Pido que escuchemos las voces de los filósofos del <em>pathos</em>, que leamos en ellos los indicios que dejaron, indicios que hoy más que nunca, nos indican cómo lidiar con el duelo y cómo comenzar una reconstrucción.</p>
<p>Hago un llamado. Llamo la atención sobre nuestra ceguera voluntaria, pido que abramos los ojos y aceptemos el duelo y la tarea de recreación para no seguir pasando este dolor, esta absurda negación, de generación en generación. A mi generación le pido que frenemos, de una vez por todas, esta poco sana y bastante necia afición por evadir el dolor y seguir transmitiéndoles a los hijos y nietos una moral caduca que, como sucede con todo lo que vence, se encuentra cada vez más podrida, cada vez más venenosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><strong>Notas:</strong><br />
[1] Hago referencia a la ridícula frase “Nietzsche ha muerto. –Dios” que aparece en blogs, tuits, llaveros, graffitis, calcomanías y hasta en mis pesadillas.<br />
[2] Cristianismo, Catolicismo, Protestantismo, Anglicanismo, etc.<br />
[3] Aclaro que no pido que se olvide la filosofía de Descartes –sería una petición poco sensata– pido que se olvide la interpretación descontextualizada de la frase Cogito, ergo sum.<br />
[4] Contextualizar esta frase me apasiona también, aunque claro, no tanto como Nietzsche. Un tema que da para muchísimo más que una nota al pie, apunto sólo que la declaración cartesiana no pretendía limitar al hombre a ser por poseer la facultad racional, como suele interpretarse esta frase. Cogito, ergo sum apunta a la razón como medio para procesar, analizar y ordenar nuestras percepciones.  Cogito, ergo sum apunta al Yo, a la consciencia, a la creación de una concepción de nosotros mismos que podemos conocer a través de la razón (a diferencia, por ejemplo, del inconsciente). ¡Descartes no era un simplón, señores! No lo insultemos así.</div>
<div>En fin, reitero, una nota al pie no da para desarrollar esto. Esta nota es un ralo, escueto esbozo de lo que no es esta hermosa frase cartesiana.</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>MÚSICA HASTA LOS HUESOS: Björk en el festival Cumbre Tajín 2012</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 00:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudia Lucio</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Vida & estilo]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>
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		<description><![CDATA["Con la sorpresa de que regresa Björk a México, musicalmente, nada me hace más ilusión que escribir de ella"]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_6233" class="wp-caption alignleft" style="width: 276px"><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/5.01_MusicaHuesos.jpg"><img class="size-full wp-image-6233" title="5.01_MusicaHuesos" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/04/5.01_MusicaHuesos.jpg" alt="" width="266" height="240" /></a><p class="wp-caption-text">Björk en el festival Cumbre Tajín 2012 (foto: Claudia Lucio)</p></div>
<p>Con la sorpresa de que regresa Björk a México, musicalmente, nada me hace más ilusión que escribir de ella. Una de las mujeres que más admiro y sigo de acorde en acorde desde que la descubrí. Con forme ella va sacando más y más trabajos, a mí me gusta ir analizando su línea musical para ir adivinando la  tendencia que va tomando y al final siempre me sorprende.</p>
<p>Hace 47 años en Oslin, Reykiavik, ‑un oscuro pueblo de  Islandia‑, el 21 de Noviembre nace <strong>Björk Guðmundsdóttir</strong><strong> Gunnarson. </strong>Cantante con una voz peculiar, potente, innovadora, desafiante y expresiva. Influenciada por el folk islandés, The Beatles,  Jimi Hendrix, Eric Clapton, Simon &amp; Garfunkel, la música clásica, el punk, Janis Joplin, electrónica, jazz, pop y hard core por mencionar algunos grupos y géneros.</p>
<p>Su padrastro (Saevar Árnason, guitarrista de Pops), fue un pilar importante en la educación musical de Björk. Con esta gran influencia en casa,  ingresa a los 5 años a Barnamúsikskóli Reykjavikur (Escuela de música) donde aprende canto, acordeón, flauta y piano. En 1980 se gradúa con el merito de ser la primera en cursar los 10 años de esta dura carrera. A los 11 años obtiene su primer contrato discográfico, un<em> LP</em> con algunos covers y canciones infantiles, divertidas y eclécticas, llamado <strong><em>Björk </em></strong>(con temas como <em>Oliver, Bukolla, Baenin, Himnafer</em>, etc.), siendo un gran éxito en su país.</p>
<p>En 1979 forma su primer grupo punk <strong><em>Spit and Snot</em></strong> (por la ideología Riot Girl), donde tocaba la batería. El proyecto  tuvo una corta vida. Después de esto estuvo en varios grupos ya como vocalista como <strong><em>Exodus </em></strong><em>(1979, estilo punk-pop),<strong> Jam80 </strong>(1980, estilo punk),<strong> Tappi Tikarrass </strong>(estilo </em><em>after-punk,</em><em>  con dos LP´s en 1981</em><strong> </strong><strong><em>Bítið Fast Í Vítið</em></strong><strong> </strong><strong><em>y</em></strong><em> 1983</em> <strong><em>Miranda</em></strong><strong>) y</strong><strong> <em>Kulk </em></strong><strong>(<em>1883,  estilo punk-gotico y  dark  Ep 1984,  Sóngull</em></strong><strong><em>,</em></strong><strong><em> LP´s 1984</em></strong><strong><em>  </em></strong><strong><em>The Eye</em></strong><strong>, <em>1984</em></strong><strong> </strong><em>Kulk  á Paris 18.9.84<strong> </strong></em>y en 1986<em> Holidays in Europe</em>).</p>
<p>En 1984 Björk le da un giro a su vida al irse a vivir a Inglaterra donde estaba en pleno apogeo el after-punk y rock gótico.<strong><em> Kulk</em></strong> se disuelve y Björk<strong><em>, </em></strong>junto con Óttarsson, crea un proyecto llamado  <strong><em>The Elgar Sisters</em>, </strong>se<em> sabe que<strong>  </strong></em>g<em>raba</em>ron un álbum pero no se tiene más información. Este mismo año publicó un libro titulado <strong><em>Um Úrnat frá Björk</em></strong>, con poemas e ilustraciones realizadas a mano. También actuó  en la película <strong> <em>The Juniper Tree</em></strong><strong>. </strong>Años después moriría el tecladista y corista Guðmundur Ingólfsson, quien con otros antiguos miembros de <strong><em>Kulk</em></strong> habían formado <strong><em>The Sugarcubes</em></strong>.<strong><em> </em></strong> Con este acontecimiento, entre otras situaciones, se precipita la desintegración del grupo. <strong><em>Kulk</em></strong> tiene un reencuentro  en Nueva York, en febrero de 1992, y graban  <em>Stick Around For Joy</em>. Con este disco Björk se da a conocer en la escena británica. Por último lanzan un disco de remixes <em>It&#8217;s-It</em> con el que anuncian su separación definitiva<em>. </em>En esta época,<strong><em> </em></strong>Björk  hizo proyectos alternos como el de <strong><em>Betula Jónasson</em></strong>, donde tuvo una intervención tocando  el clarinete en la canción Hljómsveit. En 1990 grabó  un disco fino y maravilloso  llamado <em>Gling-Gló</em>, tomando lo más popular del  jazz  de Islandia acompañada del <strong>Tríó Guðmundar Ingólfssonar</strong>.</p>
<p>Björk<strong><em> </em></strong>se muda a Londres para iniciar su proyecto como solista. Sabía que en Londres podría relacionarse con la gente profesional y adecuada que supiera del negocio, así como diseñadores gráficos, ingenieros de sonido, diseñadores de ropa, diseñadores de escenografía, etc.</p>
<p><strong>Día: 21 de Marzo Hora: 5:30 a.m.  Lugar: Deportivo 18 de Marzo, Ciudad de México</strong><br />
Más de cincuenta personas esperábamos los cuatro camiones  que nos llevaría al concierto de Björk. A pesar de ser primavera hacia frió,  creo que solo más bien eran escalofríos de los nervios y la emoción. Ninguno nos conocíamos, solo había intercambio de miradas, pero ninguna palabra. Lo único  que teníamos en común  era nuestra pasión por la cantante islandesa. Los camiones comenzaron a llegar, a mi me correspondía el camión No. 2. No podía esperar más,  quería tomar camino y comenzar la aventura de llegar a Tajín. Todo el camino vimos videos y escuchamos música de Björk, al inicio de cada acorde sentía ese hormigueo por la piel y mi impaciencia por llegar aumentaba.</p>
<p><strong><em>Debut </em></strong> (1993). El comienzo de una nueva etapa. Producido por <em>Nellee Hooper</em> Una portada en tonos sepias y minimalista, Björk aparece con un sweater de angora, unas pequeñas estrellas debajo de cada ojo y sus dedos pintados de dorado. Un disco de gran calidad, mezclado con géneros dance, electrónico, trip hop y jazz. Tuvo un éxito no esperado por la disquera. Contiene cinco sencillos cada uno con sus dos ó tres b side. Grandes canciones como: <em>Human Behaviour, Venus as a boy, Big Time sensuality, Violently happy, Play Dead</em> (forma parte del soundtrack  de la película <strong><em>The Young Americans</em></strong>). De mis favoritas es <em>Come to me</em>. Este novedoso disco se volvió el favorito de muchos músicos importantes. Con mucha gente del medio siguiendola, más la voz tan descriptiva y sonidos creativos se convirtió en uno de los mejores discos de este año.</p>
<p><strong><em>Post </em></strong>(1995). Un disco más experimental incluyendo sonidos de ambient, industrial y pop. En la porta Björk viste una blusa blanca con detalles de sobre de correo postal, al fondo un collage donde resalta el color rosa. Es un disco muy íntimo, las canciones son como una serie de cartas escritas a su país, familia y amigos, donde sonoriza paisajes y cierra ciclos. Un sonido muy distinto a <strong><em>Debut</em></strong>. Seleccionado  para representar la década de los 90’s, de este disco se desprenden grandes temas como <em>Hyper-ballad, It´s  oh so quiet, Isobel, I miss you</em> y<em> Army of me.</em></p>
<p><strong><em>Telegram </em></strong>(1996). Un disco de remixes del disco <strong><em>Post</em></strong> y una nueva canción<em> My spine. <strong> </strong></em>Björk<em> </em>confía toda su música para que Dj’s importantes como: Tricky, Evelyn Glennie, Marius de Vries, Nellee Hooper, Sjóy Graham Massey le den un estilo propio y hagan versiones propias, un experimento tipo <em>Dogma</em>.</p>
<p><strong><em>Homogenic</em></strong> (1997). Un disco de introspección, de mucho trabajo personal. Con letras fuertes. Le quita un poco el peso a lo electrónico (<strong>Mark Bell)</strong>  y le da más importancia a las cuerdas (<strong>Icelandic String Octet)</strong>. Después de una amenaza de muerte su trabajo musical nuevamente se transforma. En la portada luce un kimono, uñas largas de mandarín y cuello largo adornado con un collarín dorado.  De este maravilloso disco destacan canciones que harán de Björk un clásico en la música alternativa: <em>Jóga, Bachelorette, Hunter, Alarm Call </em>y<em> All Is Full of Love </em>(mi canción favorita de Björk).</p>
<p><strong><em>Selmasongs</em></strong> (2000). Es el soundtrack <strong><em>Dancer in the Dark</em></strong>. De esta película  nace el disco genuino y sorprendente musicalmente. Ella como actriz interpreta una actuación entrañable que la hace acreedora a nominación al Oscar por mejor canción y galardonada en el Festival de Cannes por mejor actriz. ¿A quién no hizo llorar Björk con esta actuación? Ella y <em>Lars Von Trier </em>logran una esplendida simbiosis creando  un gran drama musical. En el disco hay extractos del musical de <em>La novicia rebelde</em>. El cual a Björk le trae grandes recuerdos de su niñez. En la portada está caracterizada del personaje principal de la tierna victima <em>Selma</em>. Este disco contiene un magnifico dueto con Tom Yorke en la canción <em>I´ve Seen It </em> <em>All<strong> </strong></em>otras esplendidas canciones como <em>Scatterheart<strong> </strong></em>y <em>Overture</em> que provoca lágrimas incontrolables del alma.</p>
<p><strong>Día: 21 de Marzo  13:20 horas Lugar: Papantla Veracruz</strong><br />
Por fin llegamos al lugar de la Vainilla, no podía esperar  a bajar del camión y estirar un poco las piernas, había sido un largo camino. Este festival,  en Tajín, Veracruz, tiene como propósito mostrar al mundo la Cultura  Totonaca, tratando de conservar la magia ancestral y colorida  de esta región. Está lleno de talleres diferentes, donde te enseñan técnicas   de tejido artesanal, hilados, chaquira, danzas, teatro,  música, etc. Toda esta cultura enamoró a Björk quien  aceptó venir nuevamente al país, incluso cobrando menos con el mismo espectáculo. Veracruz es un estado caluroso, pero nos tocó un clima perfecto, nublado y sin tanto calor…</p>
<p><strong><em>Vespertine</em></strong> (2001). El disco más puro, tranquilo, brillante y transparente de Björk,  con pequeñas secuencias de computadora  dando un toque original a su música y coros femeninos casi celestiales. <strong><em>Vespertine</em></strong> significa insecto levantándose de las cenizas en islandés. En la blanca portada ella aparece con el famoso vestido de cisne (diseñado por Marjan Pejoski), que hasta la fecha los críticos no olvidan, Björk rompió todos los protocolos acudiendo con este vestido a la entrega de los premios Oscar del 2000. Incluido en la famosa lista de los <strong>101 discos que debes oír antes de morir</strong> (también Debut y Medúlla). Mis canciones consentidas de este disco son: <em>Hidden Place, Cocoon, Pagan Poetry, It’s nop up to you</em> y<em> Aurora.</em></p>
<p><strong><em>Greatest hits</em></strong> (2002). Como todo buen artista, debe haber un disco con los éxitos de su carrera. Para mi hubiera sido muy difícil elegir las canciones para este disco, pero la selección que se hizo, me parece bastante adecuada para alguien que escucha a Björk<strong><em> </em></strong>por<strong><em> </em></strong>primera vez, puede ser una buena introducción. Este disco también forma parte de una caja de recopilaciones con b-sides y canciones seleccionadas por ella con una hermosa presentación llamada <strong><em>Family Tree</em></strong>: seis discos compactos en los que se proyecta su evolución musical.</p>
<p><strong><em>Live box</em></strong> (2003). Es una caja con <strong><em>Debut</em></strong>,<strong><em> Post, Homogenic </em></strong>y <strong><em>Vespertine</em></strong>. Cada uno en vivo, un gran regalo auditivo y una joya que no debe faltar en la colección de un fan.</p>
<p><strong><em>Medúlla </em></strong>(2004). Este disco es de los más complejos y obscuros. Un disco  valiente, con sustancia, esencia y profundidad. Creado con pocos instrumentos,  los sonidos y sampleos que incluye están hechos con  la voz. Ritmos vocales, coros y cantos guturales  a capella, entrelazando diferentes timbres desde los más  graves hasta los más agudos. En la portada lleva el cabello tejido en forma de red, formando un antifaz. Es difícil elegir las canciones más representativas de esta etapa, pero elijo: <em>Pleasure is all mine, Oceanía, Who is it</em> y<em> Submarine</em></p>
<p><strong><em>Drawing Restraint 9</em></strong>  (2005). Otro soundtrack para la película del mismo nombre, con cinco temas instrumentales (instrumentos de culto y poco conocidos de  origen japonés como el <strong><em>sho</em></strong>). Tres canciones cantadas por Björk<strong><em> </em></strong>y<strong><em> </em></strong>Hill Oldhan y otras dos en lenguas nativas. Tanto la película como el soundtrack son dedicados a la cultura occidental, y son totalmente descriptivas. Nada,  nada que ver con sus trabajos anteriores, es sorprendente como ella misma se renueva. Las mas bizarras son: <em>Pearl, Shimenawa,  Vessel Shimenawa</em> y<em> Holographic Entrypoint.</em></p>
<p><strong><em>Volta</em></strong> (2007). El disco más colorido de Björk. Impregnado de gran fuerza, amor, desafíos y alegría incontrolable. <strong></strong></p>
<p>Este disco es de los más prolíficos por todos los músicos importantes que logra reunir para colaborar en este, por mencionar unos: <strong>Timbaland</strong> (Jay-Z, Missy Elliot)  <strong>Earth Intruders</strong>, <strong>Mark Bell</strong> (LFO), <strong>Chris Corsano</strong>, <strong>Brian Chippendale</strong>, <strong>Toumani Diabate</strong>, <strong>Konono No1</strong> y <strong>Antony Hegarty</strong> (Antony And The Johnsons) haciendo dueto: <em>Dull Flame of Desire<strong> </strong></em>y<strong><em> </em></strong><em>My Juvenile</em>. Con una portada colorida con el elemento fuego. Mis canciones favoritas de este: <em>My Juvenile, Innocence, Declare Independence y Pneumonia.</em> Con este Björk se presentaba por primera vez, el 8 de diciembre en La Barranca de Huentitán de Guadalajara, México en el festival Sonofilia.<strong> </strong>Para ello formó una banda islandesa de metal, formada por mujeres para sus presentaciones en vivo.</p>
<p><strong>Día: 21 de Marzo 21:20 horas Lugar: Cumbre Tajín Parque Takilhsukut</strong><br />
En el Nicho de la música dio lugar a una ceremonia Totonaca de apertura, que todos respetuosos y orgullosos esperamos a que terminara. Aguardábamos impacientes el inicio del concierto de clausura. Tocó Hoppo, I.M.S. y cerraría Björk. Al terminar I.M.S. tardarón casi medía hora en terminar de conectar y montar todo el equipo de Björk. Se había traído las dos cámaras metálicas gigantes de electricidad, tres pantallas, sintetizadores, un órgano y una infinidad de percusiones. Mientras preparaban el escenario uno de los músicos tocó suavemente el órgano y comenzó hacer un collage de canciones de Björk, un encantador aperitivo musical.</p>
<p>Por fin, con su esponjada peluca naranja y un vestido azul eléctrico con dorado, salió a escena Björk llenando el lugar de una energía indescriptible. La acompañaban 2 músicos y 17 coristas. Como un imán atrajo nuestras miradas y nos hizo olvidar por más de dos horas que había un mundo exterior. Sonó  <em>Cosmogony<strong>  </strong></em>con una majestuosa interacción multimedia, su potente voz llenaba todo el lugar. Siguió <em>Hunter</em>, la cual despertó la euforia de los asistentes que no dejaban de cantar. Comenzó <em>Thunderbolt<strong> </strong></em>y como acto de magia comenzó a llover, las coristas se veían realmente contentas y no dejaban de mirarse y sonreír. Se logró una simbiosis  entre el público y los músicos. Nuevamente retumbamos el <em>Nicho de la Música</em> de gritos al comenzar con los acordes de <em>Hidden Place</em>.  <em>Crystalline<strong> </strong></em>del nuevo disco nos puso a brincar y bailar. Inesperadamente nos deleitó con <em>You’ve Been Flirting Again</em>.  Comenzó<strong><em> </em></strong><em>Isobel</em> que retoma la energía inicial abriendo un espacio ancestral, donde se unián dos culturas diferentes. Entre canción y canción no dejó de decir  con su poco español “Gracias”. Sonó<strong><em> </em></strong><em>Virus<strong> </strong></em> y al terminar comento: “Venimos a México y estamos muy felices”, lo cual irradiaba. La cereza en el pastel sin duda fue <em>Jóga,</em> mientras en el fondo se proyectaba el video, esto me hizo añorar el viejo sonido de<strong><em> </em></strong>Björk, ahora  era una canción diferente mezclando detalles de su nuevo sonido.  Al terminar <em>Mouth’s Cradle<strong> </strong></em>se dirigió al público diciendo: ¡Hola!, ¿qué pasa? Pasaba que nos tenía sumergidos en un espacio mágico.  Le siguió <em>Hollow<strong> </strong></em>cantada de forma obscura y poderosa. Luego la maravillosa canción <em>Pagan Poetry<strong> </strong></em>y nuevamente sorprendida interpreto una nueva versión de<strong><em> </em></strong><em>One Day</em>. Le siguió <em>Mutual Core</em>  con un sonido fuerte, que  estremecía. La sorpresa mayor de la noche fue <em>Pluto,<strong> </strong></em> con un sonido que me recorría toda la piel. <em>Náttúra</em>  comenzó y ya se sentía el final del concierto, me encantó escucharla en vivo. Cerró por segunda vez en nuestro país con <em>Declare Independence,<strong> </strong></em>¿qué nos querrá decir con esto?</p>
<p>Y para terminar, su último trabajo: <strong><em>Biophillia</em></strong> (2011). Un disco hipnótico  y naturalmente bello. Con estilos de música electrónica, minimalismo, wave etéreo y experimental. Los sencillos <em>Cosmogony</em>, <em>Virus</em> y <em>Moon</em> fueron únicamente digitales, distribuidos como APP para iPad y iPhone. Cambia el tiempo rítmico de 4/4 a barras de tiempo de 17/8, 7/4, 5/4 y 6/4. Las letras de las canciones son descripciones de fenómenos naturales como:<strong><em> </em></strong><em>Thunderbolt<strong> </strong></em>en la que musicaliza el espacio que hay entre un trueno desde que lo vez hasta que lo puedes  escuchar, <em>Hollow</em> describe el ADN, <em>Solstice</em> hace la diferencia entre  la gravedad  de los seres humanos y los alados, <em>Virus<strong> </strong></em>cuenta la enferma relación de un virus  habitando una célula, <em>Moon<strong> </strong></em>tiene diferentes ciclos como las fases lunares que se repiten. Un disco que aun no termino de desmenuzar y de encontrar cosas nuevas cada vez que lo escucho&#8230; Me deja sentir la música hasta los huesos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Alberto Chimal: &#8220;Me interesa que los lectores conozcan una propuesta que no es lo que &#8216;está de moda&#8217;&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2012 09:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Humberto Bedolla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Alberto Chimal (Toluca, México, 1970) es considerado uno de los escritores más originales y prolíficos de México. Ha venido a Madrid a presentar “Siete”, una antología de sus mejores cuentos. La selección y prólogo son obra de Antonio Jiménez Morato y es publicada por la editorial Salto de Página.
Alberto es autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; colaborador frecuente de revistas y suplementos. Sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. Es maestro en literatura comparada por la UNAM, integrante ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a><img class="alignleft size-medium wp-image-6019" title="entrevista_Alberto_Chimal_Siete" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/03/Siete-Portada-297x300.jpg" alt="Portada de &quot;Siete&quot; de Alberto Chimal (2012, ed. Salto de Página)" width="297" height="300" /></a></strong></p>
<p><strong>Alberto Chimal</strong> (Toluca, México, 1970) es considerado uno de los escritores más originales y prolíficos de México. Ha venido a Madrid a presentar “Siete”, una antología de sus mejores cuentos. La selección y prólogo son obra de Antonio Jiménez Morato y es publicada por la editorial Salto de Página.</p>
<p>Alberto es autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; colaborador frecuente de revistas y suplementos. Sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. Es maestro en literatura comparada por la UNAM, integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México y profesor y coordinador de talleres en la Universidad Iberoamericana, la SOGEM y diferentes instituciones.</p>
<p>Desde VozEd queríamos saber como afrontaba la publicación de “Siete” y su presentación -el 8 de Marzo a las 20:00- en “Tipos Infames”, una librería del barrio madrileño de Malasaña. Un lugar de “libros y vinos”, lo que hace esperar una presentación cercana, entre amigos, con unas copitas de vino en la mano y charlas sobre cuentos, libros, escritores, historias… una velada que, imaginamos, nos hará regresar a casa con una sonrisa en la cara.</p>
<p>Le hacemos llegar a Alberto nuestras preguntas. Le decimos que no hay prisa, imaginamos una agenda ocupada y los estragos del <em>jetlag</em> que en todos hacen mella. Él mismo nos indica que no tiene muy clara la agenda para estos días, pero antes de lo que canta un gallo nos contesta. Le agradezco el tiempo en nombre VozEd y de todos sus lectores y le deseo, por enésima vez, lo mejor para él y su libro, y confirmo mi asistencia y religiosa puntualidad, así como la invitación de copas de vino, gin tonics, tequilas o lo que haga falta para saludarlo y celebrar con él la presentación de <em>SIETE</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cómo fue que nació este libro [una antología de cuentos] “<em>Siete</em>”?</strong></p>
<p>La idea provino del escritor español Antonio Jiménez Morato y el editor de Salto de Página, Pablo Mazo: Pablo estaba interesado en sacar algo de mi trabajo, que conoció por Antonio, y de esto surgió la idea de hacer una selección de mis libros de cuentos: más que un solo volumen de los que han aparecido en México, una selección que pudiera dar una idea más amplia de lo que escribo a lectores españoles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Comentas que se da reconocimiento y se “valida” la calidad de los escritores solo cuando se les publica fuera de su país, ¿por qué crees que esto es así?</strong></p>
<p>En México, al menos, esta situación tiene varias causas. Las más importantes son el hecho de que la industria editorial mexicana básicamente está subordinada (como las del resto de América Latina) a  las editoras españolas, y que el propio mercado mexicano es pequeño.</p>
<p>Se tiene la ilusión (no es nada más que eso, en realidad) de que la obra publicada fuera podría hallar más lectores fuera de México que en su propio país.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Siete</em> es un libro de cuentos, muchos de ellos ya han sido publicados en tu blog o reproducidos en internet, como escritor, ¿cómo vives la relación entre los medios digitales y el papel?</strong></p>
<p>Sobre la primera parte, ve la pregunta que sigue.</p>
<p>Sobre la segunda, me parece que el libro electrónico, y más en general la escritura y la lectura digitales, están aquí para quedarse. Son una transformación profunda e inevitable de la cultura occidental, por lo menos, que ya es parte del presente. Por lo tanto pienso que no sólo es provechoso sino necesario comprender lo que sucede y ver qué posibilidades creativas ofrece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿No crees que con cuentos ya reproducidos de forma gratuita [para el lector] la venta   de <em>Siete</em> como libro pueda sufrir?</strong></p>
<p>No son tantos los cuentos que ya circulan en internet: hay varios inéditos, varias sorpresas y al menos tres o cuatro rescates de textos que ya no se hallan en ningún lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuál es tu impresión sobre los libros electrónicos (ebooks) y sobre todo el debate que hay en la industria del libro sobre el futuro del papel?</strong></p>
<p>Básicamente creo que no dejará de haber imprenta, pero sí dejará de tener el papel central en la cultura que tuvo durante siglos. Será un arte minoritario o una artesanía, mientras que el grueso de la publicación será digital.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Escribes (“en serio”) desde que eras adolescente, y comentas que las recompensas no han sido precisamente rápidas, ¿cuáles son los momentos que guardas como éxitos para ti en este camino?</strong></p>
<p>Mi primer libro; el Premio Nacional de Cuento; mi primera novela; la publicación de las historias creadas originalmente en formato digital</p>
<p>(&#8220;83 novelas&#8221; y &#8220;El Viajero del Tiempo&#8221;); la conclusión de mi segunda novela, la por venir&#8230;, y la aparición de &#8220;<em>Siete</em>&#8220;, claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Qué sensaciones te produce publicar en solitario fuera de México? ¿Por qué España?</strong></p>
<p>Esta publicación es muy emocionante porque abre, aparte de cualquier otra consideración, la posibilidad de que mi trabajo llegue a un grupo enteramente nuevo de lectores, todavía dentro de mi lengua materna pero más lejos de la cultura mexicana. Tendrán otra relación con los textos y encontrarán (o así lo deseo) cosas distintas en ellos.</p>
<p>La iniciativa, además, vino de aquí, lo que me honra y me alegra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuál ha sido tu camino como escritor para obtener la validación “de fuera” o como tú dices (más cínicamente) la intención de encontrar lectores y “llegar a mercados mayores”?</strong></p>
<p>Personalmente deseo que mis libros se vendan, por supuesto, pero creo también que el éxito mercantil no es lo que más me importa: me interesa que los lectores conozcan una propuesta que sin duda no es lo que &#8220;está de moda&#8221; en mi país (y, probablemente, en España tampoco) pero busca dar una visión particular de las cosas, de las experiencias humanas, de los temas de la literatura: mirar el mundo de un modo particular, &#8220;original&#8221; hasta donde sea posible semejante cosa. El cinismo, o tal vez el idealismo, estaría quizá en la idea de &#8220;triunfar en mis propios términos&#8221;: de creer que puede haber lectores interesados en algo más que lo que las grandes empresas de medios han decidido que debe gustar a todo el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Comentas que “ver [<em>Siete</em>] es descubrir algo nuevo sobre el propio libro y sobre la búsqueda que es el escribir”, ¿qué has descubierto en esta búsqueda de escribir que puedas compartir con otros (jóvenes) escritores para sacar provecho a los “traumas literarios” que todos los escritores tienen?</strong></p>
<p>Lo que más cuesta aprender, y más vale a la larga, es la paciencia: en general nada llega tan rápido como uno lo desea, y entretanto es necesario continuar, persistir. Me gusta la divisa que tenía Aleister Crowley, el escritor/esoterista/loco inglés, y que es una sola palabra: justamente &#8220;Perdurabo&#8221;, es decir &#8220;Persistiré&#8221;. Es un gran complemento a un lema famoso que escribió Octavio Paz inspirado en Novalis: &#8220;Merece lo que sueñas&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Trabajas en un taller literario con personas que quieren aprender a escribir, a parte de la técnica, seguramente, en esas sesiones salen a relucir los “traumas de escritor” de los cuales se puede sacar provecho, en este sentido ¿qué les transmites?</strong></p>
<p>Trato de transmitir los conocimientos más precisos posibles: cuestiones de técnica, ejemplos, referencias. El resto es un trabajo de descubrimiento que se hace entre todos y en el que el grupo es (si todo sale bien) una especie de caja de resonancia del autor o autora del texto. Idealmente, un taller no debería ser un grupo en el que todos aprenden a escribir como uno solo, sino un espacio donde cada persona, con la ayuda de los otros, puede descubrir su propio modo de escribir, lo que realmente desea hacer y el mejor modo de conseguirlo.</p>
<p>Esto incluye, por cierto, los traumas, que son fuente de temas e ideas, y la inseguridad, que se debe aprender a combatir pues puede atacar a cualquiera inesperadamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En VozEd estamos haciendo una antología de cuentos con historias sobre los traumas de los escritores al escribir, con el murmullo de fondo sobre el ebook, ¿habría manera de prometer a nuestros lectores  alguna historia tuya sobre algún escritor sacudiéndose sus traumas? </strong></p>
<p>Me encantaría poder contribuir. Tengo una ya sobre un tema así pero&#8230; creo que no está tan bien como debería (ah, los traumas), así que me pondré a hacer otra.</p>
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<p><strong>¿Y alguna colaboración en la revista?<br />
</strong></p>
<p>Ah, eso seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Por último, VozEd se presenta como una revista cultural, y con la vocación de “ser un laboratorio de ideas y una voz crítica para crear conciencia y lograr  cambios sociales”, en este sentido, ¿cuál crees que puede ser el papel de un escritor y de la literatura?</strong></p>
<p>Puede tener muchos papeles distintos, pero hay un deber al que no debe (y quizá no puede) renunciar, que es articular la experiencia humana que esté a su alcance: expresarla para beneficio de otros que tal vez están ocupados en otras cosas y no tienen tiempo ni inclinación para hacerlo ellos mismos. Esta función tan humilde es fundamental: es la que da sentido a la literatura como uso del lenguaje para ampliar la memoria y a la vez entender el mundo.</p>
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		<title>El lío de la cultura</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:12:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Humberto Bedolla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sin duda con la cultura tenemos un gran lío, tanto para definirla como para entenderla: ¿qué es la cultura? Más aun, ¿cómo influye la cultura en la vida de una sociedad, y la sociedad en la cultura misma? En VozEd intentamos responder a esta pregunta, y todo a cuento de un hecho bastante difundido por las redes sociales y, por el contrario, con muy poca cobertura en los medios de comunicación masivos: las respuestas de un aspirante a la presidencia]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vCultura.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5861" title="vCultura" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vCultura.jpg" alt="" width="320" height="215" /></a>Sin duda con la cultura tenemos un gran lío tanto para definirla como para entenderla, ¿qué es la cultura? Más aún, ¿cómo influye la cultura en la vida de una sociedad, y la sociedad en la cultura misma? En VozEd intentamos responder a esta pregunta, y todo a cuento de un hecho bastante difundido por las redes sociales y, por el contrario, con muy poca cobertura en los medios de comunicación masivos: las respuestas, del que parece, el aspirante  más aventajado para la presidencia de México. El evento: el candidato a la presidencia por parte del PRI (partido que gobernó durante 70 años y cuyo mandato, Mario Vargas Llosa llamó tan hábilmente “dictablanda”) fue a presentar su auto biografía supuestamente escrita por él. En conferencia de presa en la FIL 2011 (el evento literario más importante de habla hispana) no fue capaz de responder que 3 novelas le han influido en su vida. Su respuesta fue: “La Biblia”, confundir al autor de “La silla del Águila”, escrita por Carlos Fuentes, probablemente el novelista vivo más importante de México, por Krause, historiador y director de la revista Letras Libres; y después decir que se quería acordar del título de un libro que habla sobre el otro libro (!) ¿Por qué no salir con algo tan obvio como El Quijote de Cervantes o Romeo y Julieta de Shakespeare? ¿Y la gente de a pie, los habrán leído? ¿Cualquier persona de la calle podría decir 3 novelas y sus autores, que le hayan influido en su vida?</p>
<p>El escritor mexicano Jorge Volpi dice en un tuit: “Los candidatos “escriben” libros y van a la FIL: meros actos de campaña que no esconden el desprecio hacia quienes sí escriben y leen”. ¿Es así?, ¿se desprecia a quienes escriben y leen? ¿Cuánta gente de verdad lee?, ¿y cuanta escribe? ¿Cómo influye en la gente que un político no pueda contestar a esta pregunta? Las respuestas a muchas de estas preguntas es mirar con lupa al sistema educativo y a la política cultural de un país, ¿cuál es la realidad de estos temas en Ibero América? Recordemos que la educación formal, la escuela, aporta muchos de estos conocimientos identificados como cultura. Recordemos las clases de historia, geografía, idiomas o ciencias. Más allá de la especialización la educación formal  es cultura.</p>
<p>Todos, sin duda, entendemos que el asunto del candidato está dentro del ámbito de la cultura, pero pocos tenemos claro concretar y definir cultura. Probablemente de la cultura sobresalga la literatura. La influencia de libros y autores en los lectores, y la sociedad en general, es un fenómeno intenso, realmente marca. Así ha sido a lo largo de los tiempos desde que hay escritura. Pero, ¿en esta sociedad consumista sigue siendo importante la cultura y la literatura, o es el mundo editorial el que exagera su importancia? ¿Importa haber leído, entender de música, de pintura o de teatro? ¿Hasta qué punto la cultura “de verdad”, y cualquiera de sus expresiones, es exclusiva de las clases educadas? ¿Y la cultura popular no es cultura “de verdad”? ¿Hasta dónde la separación de la cultura popular y del populacho? ¿Cuál es la importancia de la cultura en las sociedades modernas? Entendemos que leer es ser culto. Entendemos que hablar idiomas, conocer sobre escritores, sobre música o sobre teatro es ser culto. Viajar y conocer otras culturas es ser culto. Existe la lista “Patrimonio Cultural de la Humanidad” asociada a una institución tan prestigiosa como la UNESCO. También entendemos cultura yanki, cultura latina, o más, hay cultura musical, cultura del porno, cultura urbana, cultura futbolera&#8230; Existen las industrias culturales, y hay quien defiende la lucha libre (en México) o los toros (en España) como cultura.</p>
<p>Decíamos que, a quien lee se le considera culto, al igual que a quien sigue de cerca expresiones artísticas se dice que “tiene cultura”. Están los que se aprenden las capitales del mundo, los que estudian por gusto, los que se cultivan. Esta es la definición clásica y la primera de una clasificación que Gabriel Zaid hace en el pequeño ensayo “Tres conceptos de cultura” (Letras Libres, 2007), en la que se “subraya la forma de heredar (la frecuentación personal de los grandes libros, las grandes obras de arte, los grandes ejemplos)”.</p>
<p>Luego está la relación con los creadores, el concepto ilustrado, la segunda clasificación, donde se define “el nivel alcanzado (la superioridad de los que están en la cumbre)”. En el caso de los libros, es la relación entre los lectores y los escritores. En el mismo contexto, en el resto de las actividades culturales: música, artes escénicas, cine, televisión y otros eventos, es la relación en la que se distingue a los que crean.</p>
<p>Y por último está la cultura definida por el concepto romántico, la tercera clasificación, “el patrimonio (todo lo que puede considerarse propio)”. La cultura mexicana serían las luchas, Pedro Infante y los tacos. Para la española los toros, Almodóvar y la paella, para la argentina, por ejemplo, los gauchos, Maradona y el asado. Este último concepto es la tercera definición de la rae: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” y a la que hacer referencia la popular frase de Octavio Paz: “La cultura es las culturas”, esto es, que todas las culturas del mundo son una, y nos pertenece a todos.</p>
<p>Y todo esto es cultura.</p>
<p>Pero la cultura –la individual y adquirida (i), la de los creadores y artistas (ii) y la cultura en la que vivimos (iii)– es intangible, inmensurable, y representa un largo camino hacia un lugar desconocido, aunque casi siempre reconfortante. Los motivos para no tomar este camino tienen que ver con los limites (económicos, sociales, políticos, físicos, personales, etc.) y prejuicios y deformaciones en el criterio. Volviendo a las dudas iniciales y al número protagonizado por el candidato, debe preocuparnos (a los mexicanos, a los iberoamericanos y a todos en general) que su cultura es muestra de la cultura de la sociedad y el lugar donde vive. Seguramente, si llegara al poder, su nivel de cultura no le impedirá tomar decisiones, como no les impide tomarlas a millones de personas en el mundo, pero de forma indirecta, sin que esté visible en la ecuación, una mayor cultura permite ampliar miras, conocer y tener en cuenta otras realidades y tener un panorama de la vida y de la sociedad mucho más completa. Sabemos con certeza que la cultura es un  gran laboratorio de ideas, permite crear conciencia y  tener una voz crítica, y esto sin duda facilita los cambios personales y sociales.  Y ya se sabe que, al final de la vida, uno recuerda el acierto con que tomó estas decisiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El libro perfecto</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:11:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ruy Feben</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPortada4.05.jpg"><img class="alignleft  wp-image-5928" title="vPortada4.05" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPortada4.05.jpg" alt="" width="336" height="448" /></a>Mi suegra cuenta la siguiente historia con el mismo rostro con el que uno contaría sobre un cachorro recién nacido o sobre una paloma muerta en el asfalto: una tarde de sobremesa, la conversación de algunas mujeres bien entradas en los cuarenta derivó en el siempre inflamado tema de la lectura. Se preguntaron qué libros estaban leyendo; títulos de novelas históricas, de clásicos latinoamericanos, de desfachatada autoayuda. La mayoría de ellas hablaba de esto con la naturalidad con la que hablarían de un divorcio lejano pero reciente o de la aventura de Perenganito Jr. para entrar a la universidad, es decir: sin empachos y con mesurada pasión, acaso con algún divertimento. De entre las cuatro o cinco mujeres en la mesa, había una callada, que revisaba el celular de vez en cuando. No había en ella nada especial: como el resto de las que hablaban, había tenido acceso a una universidad; como el resto, tenía cierto acomodo económico, aunque no demasiado. Era tan semejante al resto de las mujeres de la mesa o a cualquier ser humano de la Tierra, que pasado un buen número de minutos terminó por aburrirse de una plática en la que no estaba participando, no por falta de ganas (el resto de las mujeres ya discutía con algún grado de acaloramiento algún título de Dan Brown o de García Márquez), sino por falta de contenido: la mujer, según apreciaciones que no habría que recapacitar mucho, no había leído nada en, por lo menos, una década. Lo curioso de la historia no es eso, sino el modo en el que esta mujer decidió terminar su hastío –modo que no careció de cierta elegancia, de alguna buena intención y hasta de alguna clase de poesía. Cuando el hilo incomprensible de la conversación se le volvió insoportable, la mujer frenó la sobremesa (en medio de alguna referencia al último libro de Stephen King, con modos que no necesariamente fueron groseros), se hizo escuchar con algún dramático aspaviento, y dirigiéndose a mi suegra lanzó un reto proverbial: “recomiéndame algún libro que pueda leer para ser culta”.</p>
<p>Yo no estuve ahí esa tarde, mucho menos en el Olimpo, pero estoy seguro de que alguna señal mínima dejó en claro que, justo al terminar esa frase, algún dios menor cagó por primera vez: se sintió absolutamente desterrado.</p>
<p>Un libro para ser culto. Uno solo. Uno que permita plantarse en una sobremesa, en cualquier conversación, y dar la imagen de saberlo todo. El mítico libro que el bibliotecario de Borges alcanzó a dilucidar dentro de algún hexágono de esa biblioteca infinita –sólo que en formato de bolsillo, cómodo, con secciones de no más de cinco páginas cada una, con títulos claros y seductores, con glosario y apéndice de ejercicios prácticos al final de cada capítulo. El libro de autoayuda para los que quieren pretender; <em>El mundo intelectual for dummies</em>. Mi suegra terminó de contarme esta historia, que no carece de comedia (en el sentido aristotélico de la palabra: la sociedad viéndose las grotescas entrañas), entre risas apenadas, y me lo propuso directamente: “¿por qué no escribes un libro así? Sería un negociazo”.</p>
<p>Yo no desecho la idea, por supuesto (¿a quién no tienta la sola posibilidad de volverse el Prometeo de los que no leen libros sin dibujitos?), pero me siento absolutamente excedido por la tarea. Primero, por las razones obvias: cuando uno ha leído más de dos libros, la primera certeza que cae de bruces es que no puede existir un libro capaz de explicarlo todo (mucho menos un hombre capaz de explicarlo todo), porque la cultura es exponencial y potencialmente infinita. Pero supongamos que yo fuera un gran escritor; supongamos que yo fuera también un gran editor y que, encima, tuviera el poder divino de la síntesis exacta. Aun teniendo la capacidad de escribir este libro, a cualquiera le faltaría el sexto sentido que le permite a los mercadólogos conocer a su target. No parece haber erudición que permita decirle al medio cultural (mucho menos a un libro, mucho menos a un hombre) qué es lo que el lector que quiere sentirse culto a secas quiere o necesita saber. De entre todo el vastísimo mercado de netas, ¿cuáles son las verdades trascendentales que la gran masa está dispuesta a atesorar y a dilapidar?</p>
<p>Los que hemos vivido en México por más de dos décadas, hemos crecido sabiendo que en México no se lee. Véase con atención el verbo: <em>sabiendo</em>. No es una sospecha ni una desgracia: la no lectura entre los mexicanos es una certeza axiomática, como lo son los horrores de la conquista, la superioridad de los caucásicos, la opacidad de la política y las glorias del futbol. Quienes demeriten la disciplina mexicana tienen un falso concepto de la disciplina: México funciona como un reloj; tanto, que ni se nota. Las verdades con las que vivimos hoy son de arraigo aguerrido, mecánico, y nuestra resistencia al cambio es notable. Hace pocos días platicaba con una amiga armenia sobre la inminencia de una revolución: ella, que vivió quince años en la zona más revoltosa del planeta, estaba convencida de que el mundo está a las puertas de una revolución candente; yo, en cambio, trataba de convencerla de que el mundo sigue girando a pesar de nosotros, de que los malos serán siempre poderosos y los buenos siempre serán dudosos. Uno no puede negar la cruz de su parroquia: he crecido en un país en el que las revoluciones, de cualquier tipo, fallan. Cuando la vida de uno es así, y la corrupción no acaba, y las mujeres votan pero siguen golpeadas, y el rock acaba cooptado por Televisa, la posición acomodada de dejar pasar y dejar hacer no es opcional: uno vive de axiomas porque uno se acostumbra a que el cambio no es posible.</p>
<p>Así que crecemos creyendo que en México no se lee. A muchos les sorprendería saber que en realidad sí se lee: 7 de cada 10 habitantes del DF, más o menos la cuarta parte del país, leen diariamente, sin fallo, o al menos eso dicen las encuestas. El problema es <em>qué</em> se lee: en primerísimo lugar, la revista <em>TV Notas</em>, destacada publicación de chismes de “los famosos” (entiéndase: de la mujer más voluptuosa de la televisión y su galán en turno); en segundo, el <em>Libro Vaquero</em>, revista ilustrada de <em>soft porn</em> que ha acompañado a cuatro generaciones de mexicanos en sus ratos de alto ocio y temperatura. A estas publicaciones se agregan otras del calibre: <em>Tv y Novelas, Órale, El Gráfico</em> (pasquín diario que exhibe, en su primera plana, una foto de nota roja; en la última, una mujer siempre desnuda a medias o de tajo). La razón para que la gente lea esto y no otra cosa, me parece, se debe a las condiciones de lectura: en una ciudad en la que en promedio se pasa entre dos y siete horas diarias en el transporte público, publicaciones de fácil acceso, de lectura displicente funcionan sólo como un escape: no hay tiempo, cuando se transborda de la línea 3 a la 1 en Balderas, de preocuparse por Raskolnikov; mejor será ver las tetas de Maribel Guardia. Y podría parecer poca cosa, pero lo cierto es que en una ciudad donde el espacio vital es un recurso escaso, la distracción es un buen sustituto de microondas.</p>
<p>Eso en el DF. La problemática de cada lugar del país es distinta, pero podemos atribuirle el problema mayormente a una sola causa: 3 de cada 5 mexicanos viven en extrema pobreza, ganando menos de 100 pesos [menos de 6 euros] diarios para mantener familias que llegan a tener hasta ocho integrantes. Supongamos que vamos con toda esta gente, que carece de acceso al agua potable, de energía eléctrica, de techo digno, de educación básica, de proteína animal, de trabajo y de recursos naturales; supongamos que vamos con ellos a hablarles de la importancia de la lectura y de la cultura… ¿qué tanto mojaría nuestro rostro su escupitajo posterior?</p>
<p>Sirva lo anterior como un muy parco estudio de mercado: plantémonos con el editor que nos ha pedido el libro para ser culto y digámosle: tu mercado se reduce a los mexicanos que ya tienen más o menos asegurada la vida. De esos habrá muchos que sólo lean chismes de famosos y porno suave, aunque quizá podemos rescatar algo, ¿cierto? Después de todo, existe esa frase de Juan Villoro, “en un país donde no se lee, el libro acaba por volverse un instrumento mágico”, y entre los mercadólogos, los publicistas, y las personas que manejan los medios de comunicación existe una palabra igualmente mágica, que es: aspiracional. Bajo el principio de que todo mundo quiere ser lo que no puede (esto entendido como una frase del gran Chava Flores: a qué le tiras cuando sueñas, mexicano), los medios segmentan su target y le ofrecen siempre los artículos que podría adquirir el target económica y socialmente superior. Para ponerlo en términos de fábula: la vara sueña con ser víbora, la víbora con ser rana, la rana con ser ardilla, la ardilla con ser perro, el perro con ser humano, el humano con ser Brad Pitt. Así que no debería costar demasiado trabajo convencer a la gente atiborrada en un autobús (sobre todo a la que va de Iztapalapa a Santa Fe) que leer y ser cultos los va a convertir en una persona mejor, como su jefe, como el galán de la tele, como el presidente, como el futbolista, en fin, como cualquiera de sus héroes. Y probablemente eso sí sería muy fácil, salvo por varias cosas: primero, ninguno de los personajes aquí referidos es culto: el poder en México está dado claramente por el dinero, no por la cultura, que es la conformación de un mundo. No quiero decir que en otros lugares u otros tiempos sea distinto: la cultura nunca ha sido automáticamente poder, al menos no inmediato. Los héroes del mexicano pocas veces tienen que ver con su grado de sabiduría. El mexicano le rinde culto a los goles, a las rubias en bikini, al auto grande y la ropa de marca, e incluso, en la peor de sus facetas, a un dicho que se ha vuelto, también, axioma: al que tranza, porque ése es el que avanza. Si lo vemos desde el punto de vista del mercadólogo, no es casual que las lecturas más apreciadas en este país sean las que incluyen mujeres venenosas y realeza de pantalla: esas figuras representan el éxito a que aspira el mexicano promedio, que puede resumirse más o menos en lo siguiente: tener un club de fans, ostentar un reloj carísimo, tener una rubia (caucásica y por tanto axiomáticamente bella) rendida a los pies; lograr todo esto a costa de la mítica deuda kármica cobrada a algún cacique malhechor. La lectura y el arte, por definición, siempre buscan el revoltijo espiritual y su consiguiente resolución divina; la cultura siempre busca el favor de los dioses. ¿Para qué preocuparse con Ismael por la ballena durante muchas noches si la vida puede ser mágica con sólo leer en dos páginas el envidiable romance de un guapo actor cubano y la cantante de moda?</p>
<p>Sobre todo si entendemos que el mexicano que lee aprende a hacerlo en una escuela, en un salón de clases controlado por un maestro que nunca quiso ser maestro. Entre los alumnos de todos los niveles sociales, el maestro tiene la vida castigada: es el ingeniero que nunca pudo conseguir trabajo en una constructora; el médico que no ejerce; el doctor en letras que, bueno, estudió algo que nadie necesita. A la formación primera se deben dos nociones que persiguen al mexicano. La primera: el gran intelectual que conoce todos los libros, ese maestro “que perdió en la vida”, es mucho menos heroico que el futbolista; el escritor es un fantasma incómodo. La segunda: lo primero que le dejan leer a uno en la vida es el <em>Popol Vuh</em> o el <em>Chilam Balam</em>, los textos mexicanos más viejos y aburridos de los que tenemos conocimiento. La enseñanza es axiomáticamente cronológica, axiomáticamente nacionalista y antagónica a cualquier forma que un puberto pueda admirar. Por lo menos así lo era hasta hace diez años. El mexicano crece sabiendo que la lectura es aburrida e inútil. Cuando el actual candidato a la presidencia por parte del PRI (partido que, por cierto, inventó muchos de nuestros axiomas, incluidos los referentes a la educación) Enrique Peña Nieto erró a la hora de referir los tres libros que lo habían marcado en su adolescencia, provocó una indignación generalizada que en nada tenía que ver con una exigencia de corte cultural: el problema fue que en este país el poder no debe errar nunca; el problema es que en este país, el poderoso debe tener los dedos a flor de chasquido para que alguien le escriba tres respuestas efectivas o dé por terminada la conferencia de prensa. Pero lo que interesa en la planeación del libro perfecto del que estamos hablando no es la figura de Peña Nieto (que, a ojos de la nación es un hombre simple, que también se dejó aburrir por los maestros: contrario a lo que muchos pensaban, el aún puntero en las encuestas no es un súper hombre), sino la reacción que provocó. De pronto, todos los periódicos hablaban del tema, sobresaltados por la respuesta pobre que dio (¿La Biblia como libro fundamental de la adolescencia? De ser eso cierto, quizá sí es un súper hombre); peor: de pronto, todos éramos eruditos, y recriminábamos a este hombre (que tiene mucho de recriminable) el menos importante de sus defectos. En los centenares de notas que siguieron a la pifia se dejaron caer miles de comentarios, todos esgrimiendo un grado de cultura inmaculado, refiriendo a García Márquez, a Dan Brown o a Gaby Vargas, no importa. Incluso algunos aventuraron teorías artísticas, auténticos manifiestos. Recojo uno de ellos: “Yo sí leo, no como este imbécil, pero leo cosas útiles; nada de novelitas y cuentitos y poemas cursis: libros de filosofía, de teología, de ciencias. Lo otro es inútil”. El personaje en cuestión, en otro comentario, declaraba heroico que él le había dicho a su hermano, que quería ser artista, que tratara de no ver nada de arte, sino que tratara de crear desde cero. “Ver arte te contamina”, me parece que dijo, antes de volver a criticar a Peña Nieto, sin ningún argumento, salvo la falta de poder, que lo diferenciara del candidato.</p>
<p>Dentro de lo inútil que estudiar pudiera parecer, hay niveles. Lo menos inútil es lo más difícil de aprender: si se le pregunta a la mayoría de los que cursaron secundaria, las matemáticas resultarán la materia más útil; esto, de nuevo, tiene que ver con un maestro tratando de convencer a sus alumnos de aprender algo que no les gusta, bajo el argumento de que “deben aprenderlo: es muy, muy importante”. Esa noble (pero ingenua) labor de convencimiento acaba lanzando un mensaje con el que todos los mexicanos crecemos, y que hemos aprendido no sólo en la escuela, sino a lo largo de generaciones, e historias de abuelos superados: lo más valioso es aquello que más trabajo cuesta. Por eso las matemáticas valen más que la historia. Hablando de la educación, y llevando esta misma lógica pero al revés, lo más sencillo, y por tanto lo más propenso a ser disfrutado, parece lo más inútil: la clase de deportes, la de dibujo, la de música, la de literatura. La filosofía es menos inútil que la literatura, porque resulta más difícil leer el <em>Teeteto</em> de Platón que <em>Cien años de soledad</em>, a pesar de que la literatura es filosofía encarnada. Somos un país que nació católico y conquistado a la mala; de todos los procesos culturales que hemos pasado, la idea más arraigada, no sólo axiomática sino genéticamente, es la culpa, y más específicamente la culpa al placer: primero fue la idea católica del sacrificio; más tarde fueron las castas que prohibían ciertos placeres al jodido; hoy es el morbo, el buscar una dama en la calle pero una puta en la cama; finalmente, la dicotomía que pende sobre el mexicano: lo que quieres casi nunca es lo que debes. Ya más grandes aprendimos de los primeros estadounidenses que no hay mayor culpa que perder el tiempo. Así que vivimos tensos entre el placer como pecado y el ocio como culpa. La gente no lee porque hay otras opciones mucho más fáciles de entretenimiento y conocimiento, es cierto; pero algo me hace sospechar que hay en esa tensión algún origen de nuestra renuencia por leer: la lectura no produce nada, más que placer. Hace quinientos años, era una actividad reservada para pocos: con el tiempo, las mayorías optaron por despreciar esa actividad que resultaba de algún modo clasista (eso sin tomar en cuenta que esas mayorías eran analfabetas). Si además de esta resistencia ejercitada tomamos en cuenta que leer en realidad no sirve para nada (es decir: al leer uno no está ganando para la tortilla de mañana; uno ni siquiera adquiere un sitio de privilegio o de poder), leer se vuelve la actividad más inútil y culposa del mundo. Se nos olvida que leer ha de servir de algo: no por nada contar historias es una de las actividades más antiguas del ser humano. Jorge Volpi dice que la ficción nos enseña a ser humanos. Quizá por eso en este país los animales ganan elecciones.</p>
<p>Para estas alturas del texto nuestro libro perfecto, el libro para que todos sean cultos, parece perdido. ¿Qué tendríamos que hacer? Si ni siquiera un sacia-morbos histórico como Jorge Ibargüengoitia se lee en este país. Debemos hallar una solución práctica: un libro útil, divertido, que revele todas las verdades necesarias de la vida en pocas páginas, que pueda leerse en el metro sin muchas complicaciones. Esto ya existe, claro; ¿entonces cuál es el twist? Ah: para que “las masas incultas y huevonas” se acerquen a nuestro libro, el escritor será una figura de la farándula. Siento decepcionar, pero alguien nos robó la sesuda idea. Y sí que es una buena idea: Yordi Rosado, quien saltó a la constelación televisiva tras convertirse en el patiño de un conductor patético, lleva varios libros publicados. El nombre es pegajosísimo: <em>Quiúbole con…</em> Les habla a los adolescentes y a los padres de los adolescentes; les dice cómo llevar a buen término una etapa de la vida que es axiomáticamente horrenda. Tiene dibujitos y todo. Vaya que es una buena idea, o al menos, monetariamente, lo es: Yordi Rosado (quien además tiene un programa de radio cuyo nombre es un neologismo “bien padre” y “bien in”: <em>Qué pex</em>) es el escritor mexicano más vendido en este país en los últimos cuarenta años. No es Carlos Fuentes, ni Rulfo, ni Ibargüengoitia: el escritor mexicano más leído en México tiene por mayor mérito en la vida usar botargas de vez en cuando en un programa nocturno de revista. Como escritor (le sigo achacando ese oficio porque él se dice a sí mismo escritor; yo lo entiendo: yo también me siento chef cada que caliento la sopa en el microondas) ha resultado ser una fórmula ganadora: decenas de miembros de la farándula han demostrado que basta con usar su nombre para firmar un libro para que la nación entera desmienta los axiomas: de pronto, una edición de la autoría de Consuelo Duval vende una edición de 50 mil ejemplares como playera de la selección nacional en pleno Mundial. Y las editoriales han sabido capitalizar esto, y estos libros, que son perfectos, se venden (y se distribuyen y se promueven) como nunca lo hará un libro de Vonnegut o de Chéjov o de Volpi o de Ortuño.</p>
<p>La tarea de crear libros perfectos ya fue tomada, con éxito, por el mercado editorial: ya se venden en las librerías esas bandejas personales de suculentas netas; ya se venden, y ya se compran. Ninguno de ellos se llama <em>El gran libro para saberlo todo</em> ni <em>El único libro que tendrás que leer para ser culto</em>, pero cualquiera de estas frases podría ser el subtítulo de cualquiera de ellos. Tampoco lo necesitan: en un país ávido de reconocimiento y de poder, de relevancia y trascendencia, estos libros resultan un portal fácil, y eso es suficiente.</p>
<p>No sé si mi suegra terminó recomendando un libro de autoayuda. Lo dudo. El problema es que la amiga de mi suegra buscaba toda la verdad; mi suegra sabe que los libros solamente dicen mentiras, todos ellos. México está cansado de las mentiras y de las ficciones: nuestra historia misma es una ficción, y nuestra política es una mentira recurrente. Si lo vemos así, nos daremos cuenta de que la estrategia que las editoriales han seguido con tantas ganancias es errónea: están llevando a su mercado a un barranco (¿hay alguien a quien la vida le haya salido del mismo modo que lo prometía un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez?). Los libros no se leen porque den respuestas, sino porque plantean preguntas; un libro que en vez de preguntar responde, está destinado a fallar. México es un país que, ante la mentira y la ficción, requiere preguntas (en el tema de la lectura, ¿somos una paloma moribunda en el asfalto o un cachorro recién nacido?). Después de todo, un país en el que sistemáticamente se ha azotado el valor de la cultura y en el que a pesar de ello la cultura persiste (en forma de canciones y artesanía y leyendas urbanas y albures y política-ficción y, en general, en el mito de lo que el mexicano es: una constante pregunta), demuestra que el libro verdaderamente perfecto es una cosa que no alcanzamos siquiera a imaginar.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Filósofo rey?</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:10:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadia Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Forma y Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[gobernantes]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Las ideas preconcebidas –en realidad prejuicios- nos hacen pensar que los gobernantes deberían tener cierto grado de educación y cultura. Con este ensayo Nadia L. Orozco descubre el origen de tales ideas y nos hacer ver que el Filósofo rey, el político culto, no será mejor político que los que tenemos actualmente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vFilosofo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5857" title="vFilosofo" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vFilosofo.jpg" alt="" width="320" height="240" /></a>La mayoría de las ideas que de ordinario tenemos sobre la política no son ideas nuestras: las hemos heredado, pertenecen a una larga tradición que desde la filosofía ha generado nuestras concepciones acerca de lo que es correcto en el ámbito político, y nutren la práctica política desde hace siglos. Son, en realidad, prejuicios. Si consideramos que los prejuicios son juicios previos y, de acuerdo con Hannah Arendt, los tenemos sin que necesariamente conozcamos lo que estamos juzgando, tendemos a aceptar muchas de nuestras ideas casi sin cuestionarlas. Una de estas ideas es que los gobernantes deben –o en todo caso deberían–, tener cierto grado de educación y cultura.</p>
<p>Esta idea viene de muy temprano en nuestra tradición filosófico-política, y es Platón el que reflexiona acerca de lo conveniente de que los filósofos, por una tendencia natural a desarrollar las ideas y el pensamiento y por ende la perfección moral, deban ser los que estén al frente del Estado. Aunque en la práctica Platón jamás pudo demostrar que este fuera el caso, y poquísimos son los filósofos-reyes que ha habido como Marco Aurelio o Netzahualcóyotl, la idea, más o menos sin cambios, se ha mantenido en el imaginario colectivo intacta: un buen gobernante debe ser un hombre –y si aceptamos ideas más liberales, también una mujer–, educado y con más cultura que un ciudadano cualquiera. De ahí que, en la práctica, los señalamientos y ridiculizaciones a políticos y candidatos por su ignorancia sean una fuente reiterada para los medios de comunicación y los ciudadanos comunes.</p>
<p>En México [y en Latinoamérica en general], pese a que contamos con una tasa muy baja de educación universitaria, la exigencia sigue siendo la misma: los políticos tendrían que saber más que uno, porque van a estar al frente del país. De nuevo es el eco de la idea platónica: lo peor que puede pasarle a uno es ser gobernado por alguien más ignorante que uno mismo. Y anclados en esa idea, los medios de comunicación nuevos y tradicionales colocan a los políticos en situaciones incómodas en las que se evidencia que son tan ignorantes como cualquier ciudadano de a pie.</p>
<p>Pero pensemos un momento: ¿es en verdad un hombre educado el mejor político? Eso se pensó en cierto momento durante el siglo XVIII: muchos monarcas europeos estudiaron y, a su mejor entender, adoptaron y emplearon las ideas de los grandes ilustrados como Rousseau, Montesquieu o Hobbes. El gran mito-motor de todo el movimiento ilustrado era la razón, el “atrévete a pensar” kantiano que establecía sin miramientos ni cortapisas que las decisiones debían ser tomadas a través de la razón porque el hombre es superior a todas las otras criaturas de la tierra. Las grandes monarquías como Francia, España, Rusia, Prusia, Austria y otras, dejaron que fuera la razón la que guiara sus decisiones políticas, siempre haciendo ejercicios de pensamiento apoyados en consejeros y las grandes ideas ilustradas. El resultado para estos reyes ilustradísimos, fue la adopción de políticas que a la larga devinieron en condiciones de gran desigualdad, hartazgo social y, eventualmente, revoluciones como en Francia y guerras de independencia como en el caso español.</p>
<p>Las cosas no parecen haber cambiado mucho. Nuestros políticos, al menos en México, son de la minoría que ha recibido una educación superior, incluso han egresado de universidades prestigiosas a nivel mundial; se rodean de todo tipo de asesores y consejeros; se apoyan en aparatos burocráticos cuyas tareas incluyen el pensar y resolver los problemas urgentes, y uno pensaría que ese ejército de mentes trabajando debería ser suficiente para que el filósofo rey, o la versión post moderna que sería el universitario político, tomara buenas decisiones.</p>
<p>Y sin embargo, el desempleo, la inseguridad y la corrupción siguen ahí.</p>
<p>Lo que otros nuevos filósofos como Edgar Morin han descubierto, de forma marginal a esta tradición que pone en alto a la razón y a la idea del gobernante ilustrado, es que las decisiones que tomamos no necesariamente están basadas en la razón. Los afectos, las conveniencias, el interés egoísta y motivaciones de una índole más personal están en juego. Con toda su cultura y el peso de su nombre, Mario Vargas Llosa no pudo ser mejor político que Fujimori, Carlos Salinas de Gortari y su doctorado en Harvard dejaron al país sumido en una de las peores crisis de su historia, y podríamos continuar listando casos de ilustradísimos políticos que han tomado las peores decisiones, aún con su contingente de consejeros y asesores.</p>
<p>No digo que lo contrario, el ser gobernado por un completo ignorante, sea lo mejor. Sólo trato de reflexionar con el lector que la instrucción y escolaridad de un gobernante no tienen necesariamente un efecto positivo en sus decisiones políticas. Ignoro si ser capaz de citar tres libros importantes para uno o saber el precio de un kilo de carne sean fundamentales para la conducción de un país. Lo que sí me parece fundamental es que sea el ciudadano el que esté enterado de esas cosas y tenga el criterio suficiente para decidir por sí mismo si esa conducta en sus políticos, y sobre todo en sus medios de comunicación, le parece correcta.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Lean lo que quieran, véanlo si pueden</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 00:09:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gerardo Sifuentes</dc:creator>
				<category><![CDATA[-Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Forma y Fondo]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[lectura]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>

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		<description><![CDATA[“Conferirse un aire de superioridad por el hecho no solo de leer, sino de hacerlo más que otros y sólo a determinados autores es un error de tintes fascistas.”  En este ensayo Gerardo Sifuentes desmonta la actitud y prejuicios sobre el hecho de leer literatura ‘menor’, o directamente, no leer]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right; padding-left: 30px;">“Hay que tener en cuenta que los beneficios de la lectura son muy tenues. En lo moral, muy dudosos, y en cuanto a conocimientos que dan de la vida, inaplicables. Nunca he oído decir a nadie: “Me salvé porque apliqué las enseñanzas contenidas en Fortunata y Jacinta””<br />
Jorge Ibargüengoitia, citado por Juan Domingo Argüelles</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPinocho.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5865" title="vPinocho" src="http://www.vozed.org/wp-content/uploads/2012/01/vPinocho.jpg" alt="" width="275" height="240" /></a>1<br />
En la novela High Fidelity de Nick Hornby, el protagonista, Rob Fleming, dueño de una tienda de discos y apasionado melómano, echa un ojo a la colección de música de su anfitrión durante una cena. Los títulos que encuentra no son precisamente de su agrado, de hecho dentro de sus exigentes parámetros estos le resultan predecibles u ordinarios, sin embargo no hace mención al respecto. “Quizá podamos darnos una vuelta por tu tienda para actualizarnos”, le dicen. Rob sonríe, “cada quién a lo suyo…”, replica con tono afable, ante la incredulidad de su novia al notar que su pareja se ha bajado de su habitual pose pedante de conocedor. Pueden leer el libro y constatar a qué se debió su cambio de actitud, aunque también pueden ver la película con John Cusack, pero no recuerdo si existe dicha escena en ella.</p>
<p>2<br />
Me gusta leer, mucho. Claro que esto no me hace mejor individuo que otros. Existe sin embargo mucha gente que le atribuye una virtud moral e intelectual exagerada al hábito de la lectura, como si el simple acto hiciera a las personas más buenas e inteligentes. Al respecto puedo decir que varias veces se me ha discriminado por mi afición particular a la novela negra y de ciencia ficción, géneros que al menos en este país aun son vistos con desdén por legiones de snobs, personas inseguras que se refugian al amparo de autores que creen exclusivos de cierta élite. Hace muchos años una persona, entonces estudiante de la carrera de letras, llegó a decirme “te recomendaría a Chéjov, pero no creo que te guste”. Cuando le mencioné que ya lo había leído, y de hecho me gusta mucho, también le pregunté por las razones que le habían hecho asumir mis predilecciones. Sus balbuceos fueron contundentes; quizá alguna vez me había visto con un libro de William Gibson o Stephen King en las manos, la clase de autores que rara vez son revisados en los círculos académicos. Lo curioso es que esa misma persona, que durante más de una década desdeñó los llamados subgéneros y las novelas gráficas, ahora se dice ‘fan’ incondicional de estos temas y alardea de ello, e incluso eventualmente emite comentarios ‘serios’ al respecto y viste playeras de Star Wars. Cada quién a lo suyo.</p>
<p>3<br />
Creo que 80% de los que se burlaron de @EPN [Enrique Peña Nieto, candidato a la presidencia de México por el PRI. 1] no han leído un libro en los últimos seis meses. De la misma forma, también estimo que 100% de quienes defendieron a este político no han abierto las páginas de un libro en los últimos cinco años. Mi cálculo es superficial, aunque podemos comparar la cifra de usuarios de twitter que se ofendieron ante las declaraciones del priísta con el número de mexicanos que sólo leen un libro al año. Cuando ocurrió aquel famoso incidente de la Feria del Libro, el asesor de campaña que todos llevamos dentro me hizo plantear otros escenarios. Imaginen la reacción del público si hubiera contestado que la trilogía Crepúsculo le había cambiado su vida. De cualquier forma todos se hubieran burlado de él, e incluso hubieran inventado mejores chistes, pero se habría ganado el respeto, mínimo, de los numerosos Twilighters. Por supuesto que el presidenciable no estaba en condiciones de decir “no me gusta leer”, y prefirió simular [mal] que lo hacía. Si bien las personas tienen derecho a leer lo que les venga en gana, es deseable que un político tuviera en mente lecturas coherentes, que correspondan ya no digamos a su ideario político tanto como a sus responsabilidades. Para fines prácticos se hubiese rodeado de gente que si lee, como le hace Obama [2]. Sobre la saga antes mencionada, a pesar de que corresponde al género de terror, nunca la he leído, y no tengo la menor intención de hacerlo, prefiero en todo caso ver las películas.[*]</p>
<p>4<br />
Elegir entre leer el texto o ver la adaptación fílmica es un auténtico dilema que da pie a discusiones bizantinas. También me hace pensar en los famosos 10 derechos del lector [3] de Daniel Pennac, que cobran especial importancia en esta época, donde el más famoso de ellos es “el derecho a no leer” –Best Sellers por ejemplo–. Quiero referirme especialmente al quinto, “el derecho a leer lo que sea” [y lo que quiera]. En este contexto, tengo el atrevimiento de sugerir dos títulos dedicados a la reflexión sobre la libertad de leer, “¿Qué leen los que no leen?” [4] y “Leer es un camino”, ambos de Juan Domingo Argüelles [5], ensayos donde desmitifica la capacidad transformadora de la lectura, y reflexiona sobre cómo es que el sistema educativo vigente ha hecho todo lo posible por que los jóvenes detesten este hábito, acaso sin proponérselo. Tal como este autor menciona, el leer es un acto de gozo, que se hace por convicción, y se pregunta “¿por qué tendríamos que angustiarnos porque no hemos leído aquello que todo el mundo dice que debemos leer? ¿Qué es lo que queremos: brillar en la sociedad o tratar de ser felices?”</p>
<p>5<br />
Cada quién lee de acuerdo a sus necesidades. Por supuesto me encantaría que ‘la gente lectora’ le diera seguimiento a cada uno de mis autores favoritos, hasta podría darles razones para hacerlo, pero creo que nadie me lo ha pedido. Aunque no me resisto a husmear en los libreros ajenos, para criticar o alabar las elecciones que encuentre, se que debo respetar sus decisiones, y no hacer juicios sobre su persona en base a lo que tengan, después de todo leer es un medio, no un fin en si mismo. Conferirse un aire de superioridad por el hecho no solo de leer, sino de hacerlo más que otros y sólo a determinados autores es un error de tintes fascistas. El cuánto no es lo importante como diría Argüelles, sino la alegría que nos proporciona el acto, y las ideas que podamos aprovechar de ese momento. Si quieren leer a Yordi Rosado o Paulo Coehlo adelante, aunque también pueden esperar a que salga cualquier cinta basada en sus textos. Por otro lado, piensen que no es tan sencillo conseguir adaptaciones fílmicas entretenidas de la obra de Chéjov, o también pueden ir al teatro…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los tres libros que cambiaron mi vida:<br />
Un mundo feliz, de Aldous Huxley<br />
Neuromancer, de William Gibson<br />
Desayuno de campeones, de Kurt Vonnegut</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas:</strong><br />
[*] Por alguna razón, como diría mi amiga @irairaira, cuando la gente piensa en &#8216;leer&#8217; se remite únicamente a novelas, cuando hay otras tantas posibilidades, como libros de historia, poesía, cuento, biografías, ensayo, manuales…<br />
[1] En el editorial contamos la situación en la que Enrique Peña Nieto no supo contestar a una pregunta de los reporteros dentro de la FIL 2011 en Guadalajara.<br />
[2] http://www.thedailybeast.com/articles/2010/08/13/obama-reading-the-complete-list-of-his-favorite-books.html<br />
[3] http://www.elcanonliterario.com/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=65:el-decalogo-de-pennac&amp;catid=79:textos&amp;Itemid=71<br />
[4] http://books.google.com.mx/books/about/Qué_leen_los_que_no_leen.html?id=1zLzAAAAMAAJ&amp;redir_esc=y<br />
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Domingo_Argüelles</p>
<p>&nbsp;</p>
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